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Gracia sobre gracia
         




 
 

De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia, pues la Ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo (Juan 1:16. NVI)

La Biblia nos enseña que Jesucristo es la imagen misma del Dios invisible (Colosenses 3). En Él habita todo lo que Dios es. Lejos de ver a Jesús solamente como un hombre, lo vemos en cada uno de los evangelios como la esencia misma del Padre. Jesús es la vida en su origen, la verdad en Sí mismo y mucho más, pero en este versículo de Juan (1:16) vemos que Él contiene la plenitud de Dios y además es la gracia en persona.
Ahora bien, hay algo muy interesante que observar en esta Escritura, ya que nos enseña que para tomar de su plenitud, necesitamos no solamente la gracia simple o general, sino la gracia sobre gracia. ¿Qué es esto? Por expresarlo de alguna manera, podríamos decir que hay dos tipos de gracia: la gracia que denominaremos simple y la gracia especial que es la que está sobre la gracia simple.
Ambas provienen de Dios, de hecho la gracia sólo existe porque Dios existe; si Él no existiera, nadie podría emanarla. Todas las cosas maravillosas que conocemos como atributos de Dios, emanan de Él y existen por el sólo hecho de que Él existe.
La gracia simple es aquella que está sobre la Tierra únicamente por que Dios la creó. Es aquella que opera junto con toda la Creación; la que permite que todo el planeta subsista. Es ese favor que Dios extiende hacia todo el género humano, le conozcan o no. Es la que nos permite respirar a todos por igual, disfrutar del sol, de la naturaleza, de la provisión básica para suplir nuestras necesidades, así como las de todas las criaturas sobre la Tierra.
El evangelio de Mateo nos enseña que el Señor viste a las flores y alimenta a las aves animándonos a ver que nosotros valemos mucho más que ellos, así que por la gracia tenemos suplidas nuestras necesidades (Mateo 6).
Otro aspecto de la gracia simple son nuestras capacidades físicas y emocionales. El Señor nos dotó de un cuerpo físico extraordinario, que, si observamos con detenimiento, opera bajo los principios de la gracia misma. Por ejemplo cuando hay alguna herida, algún intento de invasión de virus nocivos, alguna enfermedad mayor o un simple rasguño, nuestro organismo, inmediatamente y sin tiempo qué perder, comienza a restaurar la parte afectada, y cuando está dentro de sus posibilidades, resuelve la situación por completo.
La gracia simple nos rodea, y es la que nos permite vivir hasta cierto grado de entendimiento, conocimiento, desarrollo, comodidad, seguridad, provisión, etc. Sin embargo, ella no nos permite tomar de la plenitud que el Señor quiere otorgarnos.
Como hijos de Dios, somos herederos de la gracia simple y como coherederos con Cristo nos corresponde la gracia sobre gracia. Es decir, es Jesús mismo viniendo a posarse sobre la gracia simple que opera en nuestras vidas para llevarnos a la plenitud de Dios.
La gracia sobre gracia es infinita y eterna, y sólo puede ser depositada en el corazón del hombre por medio del Espíritu Santo. Es la capacidad que va más allá de nuestro entendimiento o desarrollo físico, es la que nos lleva al conocimiento de Dios.
La gracia sobre gracia es la dimensión que Jesús vino a mostrar cuando habló sobre la cultura del Reino (Mateo 5, 6 y 7). Aparentemente Él elevó los estándares establecidos por la ley, pero lo que sucedió es que vino a mostrar que sobre la gracia simple en la cual ya vivía la humanidad, tenía que establecerse la gracia sobre gracia para poder tomar lo que nos corresponde.
La gracia sobre gracia no es algo permisivo, tampoco algo inalcanzable. Bill Johnson, en su libro titulado Cuando el Cielo invade la Tierra, escribe: “La gracia es el mandamiento de Dios acompañado del poder para obedecerlo”.
San Agustín escribió: “Señor: enséñame tus caminos y concédeme el poder (la gracia) para andar en ellos.
La gracia sobre gracia es esa enorme capacidad que Dios nos da por medio de su Espíritu de poder vivir de acuerdo a su voluntad, sin hacer obras que nos pudieran sugerir que somos merecedores de su aprobación.
La gracia sobre gracia es el poder con el que Jesucristo hombre operó en la Tierra, la cual lo capacitó (y nos capacita a nosotros) para tener una comunión íntima con el Padre y una dependencia excelente con el Espíritu Santo. Es todo lo que necesitamos para incursionar en las dimensiones sobrenaturales y movernos bajo la unción que libera a los cautivos, da vista a los ciegos, abre la cárcel y anuncia el año agradable del Señor.
Gracia sobre gracia es la capacidad que se nos otorga para conocer a Dios muy profundamente, nos habilita para escucharle y nos ayuda a admirarle cada vez que Él se pasea delante de nosotros.
Es lo que produce en nosotros esa fe que Bill Johnson llama “la sustancia real del mundo invisible, misma que nos lleva a trasladar los montes. Es esa voz que nos dice: Arrepiéntete, no te conformes a este mundo sino transfórmate” (Romanos 12:2).
Es Jesucristo mismo lavando nuestros pecados y colocándonos cada día delante de las nuevas misericordias que disponemos al amanecer.
La gracia sobre gracia no es un juego de palabras, es una realidad a la que todos los que somos hijos tenemos acceso, y lo único que debemos hacer para recibirla es reconocer nuestra necesidad de ella y el hecho de que nada bueno podemos producir por nosotros mismos.
Sólo necesitamos humillar nuestro corazón delante del Señor, mirando la condición real de nuestra persona, porque aunque no lo parezca, nosotros somos incapaces, por nosotros mismos, de cambiar alguna circunstancia por la que podamos estar pasando; somos incapaces de limpiar nuestro corazón de la maldad, o restaurar las áreas dañadas de nuestra alma, mucho menos podemos sustentarnos en nuestras necesidades.
La gracia sobre gracia forja la imagen de Cristo en todo aquél que decide vivir bajo ella.
La gracia sobre gracia está descrita en cada línea de la Palabra de Dios y habita en el corazón de quien decide hacer de Jesús su Señor y Salvador.
Es una realidad invisible a los ojos físicos, pero de un brillo transformador a los ojos del entendimiento espiritual.
Es parte de la coherencia con Cristo. NO es un elemento de la vida eterna, es para que aquí y ahora cada creyente experimente dentro de sí la plenitud misma del Dios hecho hombre: Jesucristo.

Adriana Jaramillo, junto a su esposo Rodolfo, es líder de adolescentes en Amistad de Puebla, A.C.

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