Al escuchar acerca de Jesús en el santuario más sagrado del Islam en el país, escurrían lágrimas de los ojos de la mujer; la única parte de su cara que se podía apreciar por la ventanita de su pesada burka. Una extranjera se había atrevido a acercársele y decirle: “Soñé que su hija aceptaba a Jesucristo”. Pronto la hija de doce años y el padre también lloraban; este último exclamó: “¡Necesito a Jesús ahora mismo!”. El grupo de “contrabandistas cristianos” tuvo que alejarse por seguridad, mientras un miembro de la iglesia secreta se quedó para ministrarle a la familia.
Esta historia emocionante, y muchas más, las pueden contar los jóvenes latinos (en su mayoría) que han ido en los últimos años a una nación excesivamente cerrada al Evangelio, para entregar Biblias a los cristianos para que ellos a su vez las distribuyan. Por supuesto, tanto los visitantes como los residentes se arriesgan a cada momento. En fechas recientes se supo, inclusive, de un hombre que fue detenido para torturarlo, después de descubrir un Nuevo Testamento en su automóvil. La pena por introducir Biblias al país es de cuatro años en la cárcel. Los “misioneros de tiempo corto” toman medidas extremas como nunca llevar apuntados los datos de los contactos; se llevan sólo en la memoria del encargado.
¿A quién se le ocurrió tal aventura de fe? Por razones obvias, no podemos revelar su nombre, pero llamémosle “Josué”, puesto que lleva a guerreros de Dios a “invadir en nombre del Señor” un terreno enemigo. El sudamericano recibió el llamado del Señor desde joven, al principio sólo “a las naciones”. Estaba convencido de que quería ser más que un cristiano cualquiera. Después de un tiempo en el campo misionero, fue inspirado por el testimonio del conocido hermano Andrés, “el contrabandista de Dios” en países comunistas en el Siglo XX.
Luego empezó a hacer viajes a este país musulmán, cargado de Biblias. La primera vez que fue sólo llevaba el sobrenombre de un pastor como contacto, y fue hasta el final de su estancia de 15 días que ¡Dios lo llevó a él de forma claramente milagrosa! Con el paso del tiempo, cuando ya había hecho numerosas visitas, vio la posibilidad de llevar a más personas para multiplicar la cantidad de Biblias que se podían llevar, y los grupos han ido creciendo hasta que, últimamente, han ido varias decenas de cristianos.
Entre los que hacen este viaje ha habido muchos mexicanos, aunque de hecho entrevisté a un estudiante de otra país que participó el año pasado. Digamos que se llama “Caleb”, como otro “espía de Dios”. Su experiencia llevó su fe a niveles inesperados, y seguramente contagia la fe de cualquiera que lo escucha.
Imaginemos a “Caleb” y muchos jóvenes más, cada uno con dos maletas llenas de Biblias, y solamente una muda de ropa. ¿Cómo esconder ese contenido prohibido de los agentes de la aduana? ¿Cómo evitar que abran su equipaje? Ese hecho en sí es la prueba más grande de fe que enfrentan “Josué” y sus acompañantes en cada viaje. El mismo líder relata que una vez un funcionario iba a investigar su cargamento, y al tocar las Biblias, repentinamente alejó la mano como si hubiera recibido un toque eléctrico. Dejó pasar al “contrabandista” sin más ni más.
No hace mucho tiempo, les abrieron las maletas a algunos del grupo en un aeropuerto. Se decomisaron las Biblias por ser material prohibido, pero sí devolvieron los pasaportes y no prohibieron la entrada de los “culpables” al país. Aún más asombrosa fue la declaración de la persona de mayor autoridad: había visto una luz alrededor de los extranjeros a su llegada y “sabía que eran buenos”. De hecho, a los pocos “descubiertos” ¡los invitó a comer en su hogar y lo hicieron!
Mi entrevistado “Caleb” narró la forma en que se prepararon para la revisión aduanal a su entrada al país, en que cada uno hacía lo posible por no llamar la atención a su persona ni a sus mochilas. Sobre todo, elevaban fuertes oraciones al Cielo, porque humanamente no era lógico que pasara desapercibido su cargamento valioso.
Sin embargo, ¡Dios cegó los ojos de los agentes y no vieron nada indebido!
Además de la anécdota con la que empieza este escrito, “Caleb” contó varias más, como de personas que al despedirse lloraron y abrazaron las Biblias que les regalaron. “Era como el cristianismo primitivo lo que vivimos”.
Puntualiza también el hecho de que vivieron “milagro tras milagro”. Entre ellos el de una compañera del equipo que fue encontrada tirada en el suelo, tiesa. Llamaron a una ambulancia, pero les dijeron: “Si no es musulmana, no hay ambulancia”. ¡No tenía pulso ya! El equipo y los hermanos de la iglesia secreta se pusieron a orar fervientemente. Era un obvio ataque demoníaco. La chica empezó a recuperar su color y su pulso. ¡Dios la había resucitado! Resulta que hubo liberación espiritual en su vida a raíz de esta vivencia también.
Mi amigo reconoció que aparte de los peligros obvios de un viaje como éste, él y sus acompañantes fueron prevenidos de los ataques espirituales que suelen ser comunes al entrar en el territorio del enemigo. Una forma en que se muestran es por medio de terribles pesadillas, como nunca habían soñado antes.
Al preguntarle a “Caleb” qué impacto tuvo este viaje en su vida, no dudó en responder: “Si tu plan en cualquier cosa te falla, tienes un Plan B. En este caso, me di cuenta de que no existe tal opción. En la revisión de mis planes, confesé: “Cristo, ¡Tú eres mi única opción en la vida! Más que ‘el buen camino’, Él es el único camino”. Tener que depender totalmente de Dios en situaciones riesgosas, a diario, hizo que reflexionara cómo los temores limitan al creyente, y cómo “es injustificado el miedo si Cristo está conmigo”. Se preguntó: “¿Qué harías por el Señor si no tuvieras nada de temor?”.
Siguen preparándose más cristianos entregados para participar en este gran proyecto de fe. Una ventaja de que vayan hispanohablantes es que hay menos rechazo y sospecha en cuanto a ellos que a grupos norteamericanos, los cuales, quieran a no, representan un poder político que en aquellas latitudes suele ser poco apreciado. El mismo aspecto físico de los latinos suele darles ventaja. Aun así, todos los que aceptan este desafío están muy conscientes del peligro de su misión y firman una declaración en este sentido. Tengamos en nuestras oraciones a “Josué”, a los equipos que se arriesgan a compartir este reto con él, y a este país y otros donde la luz empieza a penetrar la oscuridad. Por fe, declaremos que “¡las tinieblas no podrán apagarla!”.
©2008. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.