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Derribando el muro de separación
         



 
 

Labib es su nombre. Es un árabe creyente en Jesús y es un hombre que sirve a Dios. Su ministerio es ampliamente conocido entre los árabes cristianos y musulmanes, además de los judíos. Él dirige las Sociedades Bíblicas dentro de la Autonomía Palestina, o sea, el lado árabe que incluye a la Franja de Gaza.
En dicha Franja ya han acontecido asesinatos y maltratos a los árabes cristianos, como represalias por no estar adheridos al Islam. Sobre las oficinas y café internet de las Sociedades Bíblicas han caído bombas molotov, incendiando todo el lugar. Al director de esa oficina lo secuestraron y mataron. El precio por pagar es alto.
Labib le comentaba a un consiervo del evangelio, israelí, parte de lo que en su corazón sucedía unos días atrás: “Se celebraba la fiesta de Independencia cuando yo regresaba de Inglaterra; esto durante la primer semana de mayo. Iba yo conduciendo hacia mi casa en Pisgat Zeev (urbanización dentro de Israel) y veía todas esas banderas Israelíes que celebran el LX aniversario de su Independencia. Mis emociones fluctuaban dentro de mí, entre el compartir los sentimientos de alegría de mis vecinos o los sentimientos de pérdida y desconsuelo en mis hermanos de raza, los palestinos. Frente a mi casa se extiende un pequeño llano con el Muro de Separación al fondo. Atrás del vallado se encuentra el campo de refugiados llamado Shuufat, y en medio del llano corre un pequeño arroyo pestilente de desagüe. ¡Qué nostálgica imagen era esa! Pero la verdad en la que vivo me dio ánimo y vida. Nosotros los creyentes estamos juntos. Somos el Cuerpo del Mesías. Somos la muestra de lo que Dios hace cuando su PAZ y su JUSTICIA reinan en nuestra mente y corazón. No hay más Muro de Separación. La fragancia del Rey fluye y nos envuelve. Los ríos de agua viva bendicen todo a su paso. Mi oración es que esta unidad que sobrepasa las barreras culturales, diplomáticas y religiosas, siga siendo ejemplo para el mundo entero. Esta unidad entre el árabe y el judío, creyentes en Jesús, es una viva realidad”.
Labib se despidió con un poema cantado:
“Anhelo ver tu Reino descender,
sanando al enfermo,
redimiendo al perdido.
Proclamemos al Rey,
¡Él está aquí!
¡Nuestro amigo,
nuestra esperanza, el fiel!
Anhelo ver tu Reino descender,
consumiendo la falsedad,
destruyendo el trono
del egoísmo y la soberbia.
Declaremos exclusivamente
al Resucitado;
proclamemos al Ungido Rey.

¡Qué tengan un aniversario de Independencia bendecido.

Labib.

…Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades... (Efesios 2:14).

Chuy y Fernanda González son corresponsales de América Nueva en Israel.

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