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Febe Palmer y el Movimiento de Santidad del Siglo XIX
         



 
 

A partir de mediados del Siglo XIX tuvo lugar un movimiento de renovación espiritual dentro de la Iglesia metodista, al que se le denominó “El movimiento de santidad”.
A través de este movimiento se buscó recuperar el fervor del movimiento metodista original, al igual que las enseñanzas de Juan Wesley referentes a la segunda obra de la gracia en la vida de los creyentes. Aunado a esto, se hizo un esfuerzo por recuperar la fe de la iglesia primitiva enfatizando, particularmente, la apertura hacia los dones milagrosos del Espíritu Santo.
Comenzando con la Iglesia metodista, este movimiento más tarde provocó su influencia sobre casi todas las denominaciones evangélicas en Norteamérica.
Una de las figuras más prominentes del Movimiento de Santidad fue sin duda Febe Palmer (1807-1874), catalogada por muchos historiadores evangélicos como la mujer teóloga más influyente que la Iglesia haya producido, a pesar de que nunca fue ordenada al ministerio. Febe fue la esposa del renombrado cirujano de Nueva York Walter Palmer, quien además de ser un gran doctor fue un laico muy activo en la Iglesia metodista.
A partir del año 1840 Febe Palmer se convirtió en la líder de una reunión semanal celebrada todos los martes dentro del Metodismo para “promover la santidad”. En poco tiempo a esta reunión acudieron importantes personas de la Iglesia, incluyendo algunos obispos metodistas, al igual que muchos otros creyentes de otras denominaciones.
Siendo apoyada totalmente por su marido, Febe Palmer viajó extensamente por los Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. Hoy en día existen registros que claramente revelan que sus reuniones de avivamiento fueron tan poderosas como las que realizaron Juan Wesley, Carlos Finney y D. L. Moody.
Además de ser una elocuente comunicadora, Febe escribió varios libros a través de los cuales promovió la experiencia sublime de la vida en santidad y la búsqueda de lo que entonces se llamaba “la segunda bendición de santificación”. Lo que ocurría frecuentemente en sus campañas evangelísticas es que las multitudes venían a la salvación, pero además otros muchos experimentaban esa segunda bendición de santificación, que también acostumbraban llamarle “el bautismo del Espíritu Santo.”
Por ejemplo, en la ciudad de Newcastle, Inglaterra, las reuniones fueron tan poderosas que las multitudes recibían la salvación; se registraron más de dos mil personas que experimentaron lo que ellas llamaban la bendición del “perdón de pureza”.
Otros reportes escritos decían que había tal sentir de la presencia divina en aquellas reuniones que había gente que sollozaba por todas partes del recinto de reunión. También en Newcastle Palmer ministró con tal unción del Espíritu que muchos fueron sanados de enfermedades.
Para Febe estas manifestaciones del Espíritu Santo no eran otra cosa que manifestaciones que evidenciaban una “resurrección de la Iglesia primitiva y del Metodismo primitivo”.
Existen además registros escritos que testifican del hablar en lenguas en muchos creyentes que asistieron a las reuniones de avivamiento de Febe Palmer. Para ella, el bautismo en el Espíritu Santo definitivamente afectaba el mismo hablar de la persona, tal como ocurrió con los ciento veinte en el día de Pentecostés. Al describir lo que sucedió en una de sus reuniones, Febe comentó que el “bautismo de fuego” había descendido, y así como lo fue en los primeros días del Cristianismo, el hablar en otros idiomas fue concedido como un don.
En otra ocasión, un predicador local que asistía a las reuniones y que pasó al frente para ser ministrado, recibió lo que Palmer describió como una “lengua de fuego”. Según ella, esto era la evidencia del que el Espíritu Santo le daba a esta persona tal poder para que hablase en otras lenguas.
El legado de Febe Palmer y su tremenda influencia provocaron que incluso el lenguaje teológico cambiara de una terminología tradicional “wesleyana” a una terminología “pentecostal”. En vez de describir la segunda bendición como una obra de santificación, ahora se hablaba de un “bautismo del Espíritu Santo; y en vez de un lavamiento de pecado, la bendición ahora consistía de un otorgamiento de poder de lo alto para transformar al creyente.
Esta clase de incidencias y detalles fueron las que el Movimiento de Santidad y sus grandes exponentes, como Febe Palmer, aportaron como preparación a lo que unos años después llegaría a ser el extraordinario movimiento pentecostal y carismático del Siglo XX.

Roberto Torres es director del Instituto Bíblico Estandarte para las Naciones.

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