Romanos 14:17 Porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo.
Los gobiernos de todo el mundo, no importando su ideología política, fueron creados con el propósito de dirigir los destinos de su nación. No solamente es el hecho de ostentar el poder, sino de hacerlo con la intención de proporcionar a la nación un ambiente en donde todos sus ciudadanos puedan desarrollarse y alcanzar los mejores satisfactores para su desarrollo, el de sus hijos y el de sus generaciones futuras.
Desde luego que esto incluye un sin fin de factores que influyen en la vida social de la nación. La acción de un buen gobierno, es proporcionar a sus gobernados todo lo necesario para que puedan vivir de tal manera que encuentren todos los espacios y oportunidades para que, haciendo lo necesario y correcto, puedan tener preparación y sustento, para así, producir lo necesario para vivir y al mismo tiempo engrandecer la nación.
Desgraciadamente los gobiernos que operan en el mundo son terriblemente falibles, porque son controlados por seres humanos, como usted y como yo, que están llenos de defectos y ambiciones, que primeramente buscan el poder para satisfacer sus propias intenciones y propósitos personales y después, tratar de hacerlo con las del país que gobiernan. La historia nos muestra una gran cantidad de ejemplos de este tipo de gobiernos y gobernantes, algunos de ellos llegaron a ostentar tal poder y dominio, que intentaron semejarse a Dios o ser como Dios, pretendiendo que el pueblo les rindiera pleitesía y culto. Usted podrá pensar que eso fue antes, con los gobiernos imperiales, los grandes conquistadores, los gobiernos absolutistas, y otros; pero no es así, aún en nuestros días encontramos estos tipo de gobiernos, que en lugar de bendecir y engrandecer a sus naciones, las perjudican y llevan al fracaso.
Se espera de un buen gobierno, que proporcione a sus gobernados todos los satisfactores necesarios para poder elevar y mejorar en todo sus niveles de vida. En esto podemos pensar en el establecimiento de una sana justicia, en donde, tanto las leyes que la rigen, como la impartición de la misma, proporcionen seguridad e imparcialidad. También se espera que el gobierno pueda proporcionar paz en todos los niveles de la sociedad. Esto incluye desde luego protección contra todo tipo de acciones que afectan a las personas y sus bienes. Por último, al tener estos dos aspectos resueltos, por consecuencia, se creará un ambiente en donde la gente pueda vivir en alegría, disfrutando de todo lo que le pueda ofrecer la misma nación y sus habitantes. Usted estará de acuerdo conmigo que esto parece una utopía, algo inalcanzable, algo que sólo se da en los cuentos.
La razón es porque los gobiernos del mundo son regidos por hombres. Necesitamos de un gobierno superior, al cual no puedan afectarle factores que son comunes en el hombre, como la ambición, el poder, el control, la conveniencia personal y otros. Este gobierno sólo puede ser el gobierno de Dios, el cual actúa de una manera diferente, pues comienza en la persona y no en la gente, comienza en el corazón y no en la mente, comienza en el carácter y no en los buenos propósitos.
Este es el gobierno del Reino de Dios.
Hace casi dos mil años, el Señor Jesús vino anunciando que ese gobierno que todos anhelamos, se había acercado, había llegado ya a este mundo. «Se ha cumplido el tiempo —decía—. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!»(Marcos 1:15). El Señor Jesús vino a establecer el gobierno de Dios a la Tierra, a través del establecimiento de su Reino en el corazón del hombre. Si el gobierno de Dios se puede establecer primeramente en la persona, en su corazón y en su carácter, entonces lo que resulte de esto, en la forma de conducirse de la persona, sea cual fuere su lugar en medio de la sociedad en la que convive, será totalmente diferente y benéfico para la misma.Cuando el Rey gobierna verdaderamente en el corazón de la persona, entonces sus decisiones están en conformidad con su Reino. Pero, ¿quiere usted saber cómo es el Reino de Dios? El Señor Jesús nos da varias explicaciones al respecto, de las cuales he escogido dos para ilustrar lo que estamos tratando. —¿A qué se parece el reino de Dios? —continuó Jesús—. ¿Con qué voy a compararlo? Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerto. Creció hasta convertirse en un árbol, y las aves anidaron en sus ramas (Lucas 13:18-19). Aquí el Señor Jesús nos explica de una manera sencilla y entendible Cómo es el Reino de Dios.
Es semejante a un grano de mostaza. Su presencia en la vida de la gente y de la sociedad en general, puede ser en proporciones muy pequeñas, como nos muestra aquí Jesús, pero su influencia hace la gran diferencia. Un pequeño grano de mostaza puede producir para todos los demás un árbol grande, donde todos puedan cobijarse bajo él. El Señor Jesús hace otra comparación: Volvió a decir: —¿Con qué voy a comparar el reino de Dios? Es como la levadura que una mujer tomó y mezcló con una gran cantidadde harina, hasta que fermentó toda la masa (Lucas 13:20-21).Es semejante a la levadura.También una pequeña cantidad de levadura en medio de toda la masa de gente, puede leudar todo y cambiar el destino de naciones enteras.Un porcentaje pequeño de cristianos en una nación, puede cambiar el rumbo y destino de ella.El Reino de Dios y su presencia en medio de la gente, tiene el poder transformador de Dios a través del Espíritu Santo y luego hacer que permanezca, trayendo bendición a todas las áreas de crecimiento de una nación: Cultura, educación, comunicaciones, comercio, empresas, deportes, arte, etcétera. Entonces la pregunta es: ¿Cómo puedo entrar y vivir en el Reino de Dios?A través de la puerta. Inmediatamente después de hablar el Señor Jesús de cómo es el Reino de Dios, nos menciona también cómo entrar en él: Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.Y he aquí hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros (Lucas 13:22-30).
La puerta de entrada al Reino de Dios no es una religión, no es una filosofía, no son las leyes o los diez mandamientos, no es una iglesia o congregación en especial. La puerta es el Señor Jesús. La puerta es una persona. Esto es tan sencillo de entender y tan difícil al mismo tiempo, que parece una paradoja. Pero es la verdad. La puerta es el Señor Jesús.El Señor Jesús nos está invitando a entrar por esa puerta estrecha.Nos dice: Esforzaos por entrar por la puerta estrecha.
En el mundo existen muchos gobiernos, unos mejores que otros, pero existe uno solo que es perfecto, este es el gobierno del Reino del Dios. Usted ya sabe como entrar y vivir en él.
Ernesto Alonso Delgado es director de Amistad de Puebla, A. C.
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