En 1822 Edward Irving fue ordenado como pastor por la Iglesia Nacional Escocesa. Después de algunos años de ministrar al lado de uno de sus mentores en Glasgow, Irving tomó el pastorado de la iglesia Caledonia, en Londres. Siendo un hábil y elocuente predicador atrajo rápidamente a su congregación a una gran cantidad de londinenses, incluyendo a algunos miembros del Parlamento y prominentes ciudadanos de la sociedad británica. Debido al rápido crecimiento, fue necesaria la construcción del famoso auditorio en Regent Square desde el cual Irving dirigiría una de las más vibrantes y concurridas iglesias de Londres.
Para el año 1827, Irving predicó una serie de mensajes acerca del bautismo, incluyendo referencias a la experiencia de Pentecostés referida en el capítulo dos del libro de los Hechos. Aunque para entonces esta experiencia era considerada tan sólo como una obra de santificación interior del Espíritu Santo (porque de acuerdo a muchos la manifestación del poder del Espíritu había cesado después de los apóstoles), Irving comenzó a predicar que no había razón para que la Iglesia no pudiera seguir experimentando la expresión completa, sobrenatural y de poder del Espíritu Santo. Cuando se le preguntaba que si él creía que las manifestaciones de poder habían cesado después del tiempo apostólico, acostumbraba decir que las manifestaciones de poder del Espíritu no habían cesado, sino más bien decaído, así como la fe o la santidad de la Iglesia han decaído a través de las diferentes etapas de la Historia.
Mientras Irving predicaba en Londres, un poderoso derramamiento del Espíritu comenzó en la región de Gareloch y Port Glasgow, al oeste de Escocia. Una mujer llamada Mary Campbell, mientras oraba con su hermana y otra amiga, recibió el bautismo en el Espíritu Santo con la manifestación de orar en lenguas. En abril de 1830, durante varias reuniones de oración en Port Glasgow, muchos creyentes también recibieron una experiencia espiritual que identificaron como el bautismo en el Espíritu Santo.
Aunado a esto, algunos también recibieron sanidades milagrosas, como el caso de Mary Campbell, quien a punto de morir fue sanada de tuberculosis. La casa de la familia McDonald se convirtió en un lugar muy visitado por sus reuniones de oración en las que la manifestación de los dones del Espíritu, como el hablar en lenguas y la interpretación de lenguas, eran muy comunes.
Al recibir los reportes de lo que sucedía en Escocia, Irving lo tomó con cautela, y después de un tiempo, concluyó que ésta era en verdad una obra del Espíritu Santo. Empezó a animar a su congregación a tener reuniones de oración con el propósito de buscar los dones del Espíritu. Al cabo de año y medio, un buen número de creyentes de su iglesia recibieron el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en lenguas, incluyendo al mismo Irving. Sin embargo, la oposición dirigida por miembros del presbiterio de su iglesia no tardó en manifestarse. Después de ser acusado de promover doctrinas heréticas, Irving finalmente fue excomulgado de la Iglesia de Escocia.
Con todo, la mayoría de los miembros de su iglesia en Londres lo apoyaron y comenzaron a su lado la así llamada Iglesia Católica Apostólica. Irving y sus asociados creían y predicaban que Dios estaba restaurando los dones y ministerios del Espíritu tal como ocurrieron en la Iglesia primitiva. Hasta el día de su muerte en 1834, Irving enseñó extensivamente sobre el bautismo en el Espíritu, el aspecto devocional del hablar en lenguas, el don de profecía, los dones de sanidades y la restauración de los demás dones, y sobre la segunda venida de Cristo. Además, viajó considerablemente apoyando iglesias que se unieron a su movimiento y fundando otras tanto en Inglaterra como en Escocia.
Después de su muerte, los líderes de la Iglesia Católica Apostólica nunca procuraron instaurar a un sucesor de Irving, quizá por su fuerte creencia en la inminente segunda venida de Cristo. Sin embargo, continuaron predicando las enseñanzas de Irving hasta que en 1901 el último de sus líderes, por motivos prácticos, señaló el fin de este movimiento y de la misma Iglesia Católica Apostólica. Coincidentemente, ese mismo año al otro lado del mundo, en Topeka, Kansas, un grupo de estudiantes de instituto bíblico experimentarían un derramamiento del Espíritu igualmente poderoso que el que Irving y muchos otros vivieron en su tiempo. Aunque estos dos movimientos no tuvieron ninguna conexión, de manera muy similar identificaron la experiencia del hablar en lenguas como la evidencia externa del bautismo en el Espíritu Santo. Lo sorprendente es que unos 70 años antes del comienzo del gran avivamiento Pentecostal-Carismático que se extendió por todo el Siglo XX, Irving como un extraordinario precursor conoció y enseñó sobre la restauración de los dones y el poder del Espíritu que hoy millones de creyentes compartimos alrededor del mundo.
Roberto Torres es director del Instituto Bíblico Estandarte para las Naciones.
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