Al venir a la tierra Jesús no vino a fundar ninguna religión de las miles que existen; tampoco vino a introducir una moda o alguna filosofía...Él vino a establecer el Reino de Dios.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el Reino de los Cielos se ha acercado (Mateo 4:17).
Quiero interpretar que lo que Jesús nos dice con estas palabras es: “Deja de vivir en tu reino, en el reino del mundo, en el reino de las Tinieblas; allí has tenido sólo derrota y sufrimiento. Te ofrezco un Reino muy superior y mejor, en el cual tú podrás desarrollarte al máximo como ser humano.
Normalmente, cuando se predica el Evangelio a una persona, inmediatamente edifica un muro gigantesco diciendo: “A mí no me cambian de la religión que me dieron mis padres” o “Esto que me dices es de otra religión”. No entiende que es el Reino de Dios quien trata de establecerse en su vida. Este Reino tiene poder y autoridad, porque Jesús las ganó a pulso, le pertenecen; sin embargo, lo mejor de todo es que los ha entregado a la Iglesia, al conjunto de creyentes que creemos en su nombre.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (Efesios 2:4-7).
Los lugares celestiales son como una banda ancha sobrenatural en la cual Dios está operando, enviando señales e indicaciones, visiones, planes y la vida, sobre todo. Para meterse a navegar en ese espacio extraordinario no tenemos que pagar una cuota mensual o contar con alta tecnología, sino sólo creer y practicar lo que Dios dice en su palabra; se accede por medio de la fe.
En esta zona especial sobrenatural existen todas las cosas que requerimos para nuestra existencia y también para el avance del Reino de Dios. Es una banda donde Dios está enviando señales de continuo, actualizadas constantemente. Allí se nos muestra con claridad el camino que tenemos que seguir; es un espacio donde las cosas terrenales se desvanecen y sólo suceden las cosas celestiales. Por eso Jesús nos enseñó a orar diciendo: “Que se haga tu voluntad, aquí en la Tierra, como en el Cielo”. Esto quiere decir que estas señales que se mueven en ese espacio sobrenatural las puede aterrizar el que las cree. Creyéndolas somos el conducto para hacer la voluntad de Dios en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra sociedad, en la escuela, en las congregaciones... Todo esto es posible a través de la fe.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6).
De acuerdo a esta Escritura nos podemos dar cuenta que Dios permanece indiferente ante quienes no ponen en operación esta cualidad que Él nos ha dado (yo interpreto también que Dios se desagrada, se molesta, se disgusta con aquellos que no usan la fe).
En la Escritura tenemos varios ejemplos de personas que accedieron a este espacio sobrenatural obteniendo resultados, por supuesto, poderosos. Uno de ellos fue el centurión romano.
Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos; mas los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora (Mateo 8:5-13).
¿Qué dijo este hombre para que Jesús describiera que tenía tanta fe y pudo entrar en ese espacio sobrenatural y aterrizar la sanidad para su siervo?
1. El centurión no era judío, era romano, no estaba pidiendo para él porque lo tenía todo; sabía cómo tomarlo, se beneficiaba de la posición de privilegio de estar sentado en los lugares celestiales; allí no se pide, se toma. Dios se agrada cuando pedimos por otros.
2. Las palabras “ve” y “va” nos hablan de obediencia, confianza, preparación, capacidad (en el caso de los militares una disciplina tal a pesar de poner en riesgo su vida). Esto nos describe la forma en la que Dios quiere que nos movamos.
3. “Ven” y “viene” nos hablan, además, de obediencia de una buena actitud, de disposición.
4. “Haz esto, y lo hace”: resultados, cosas palpables, hechos; algo tangible, obras, porque la fe sin obras o resultados está muerta. El centurión y nosotros debemos saber que creer produce resultados.
5. La declaración “...muchos vendrán del oriente y del occidente” nos dice que habrá personas que conocerán estos principios de fe y los pondrán en práctica alcanzando lugares privilegiados junto con los grandes de la fe como Abraham, Isaac y Jacob; pero los que no tienen fe no agradarán a Dios, incluso llegarán a ser echados fuera del Reino.
Otro ejemplo poderoso es cuando un paralítico es sanado: Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a Él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a Él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados (Marcos 2:1-5).
A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa (Marcos 2:11-12).
La fe se ve. La declaración “Al ver Jesús la fe de ellos”. ¿De quienes?:
1. De los que cargaban al paralítico al buscar ingeniosamente la forma de llevar a la persona delante de Jesús para que la tocara y sanara. Seguramente tuvieron que subir primero dos, luego al paralítico al paralítico; después, los dos de abajo se subieron. Si era techo de palma debían pisar en los lugares indicados para no sumirse; si alguien se caía, se caían todos. Hicieron el hoyo para bajarlo... En fin, arriesgaron sus vidas, no por ellos, sino por el paralítico. Éste es precisamente el corazón de Dios, pues puso su vida por nosotros, no por Él. Los cuatro tenían todo y llevaron al que tenía necesidad.
2. La del paralítico al saber que Jesús podía sanarlo, al dejarse hacer todas las cosas que describí anteriormente y arriesgarlo todo.
Así podemos seguir citando ejemplos para movernos en fe. Terminaré mencionando que lo que Dios nos ha dado lo tenemos que dar a otros para que nuestra vida valga la pena.
Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén (1 Pedro 4:10-11).
Cuando pensamos en otros para bendecirles seguramente es porque lo tenemos todo, hemos descubierto que estamos sentados en los lugares celestiales y sólo tomamos lo que necesitamos. Hasta la próxima.
Francisco Ramírez es director de Fundación “Salvemos la Familia”, A. C.
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