Y más hermosos cuando esos piecitos son de niños que aman a Dios y quieren compartir su Palabra.
El pasado mes de abril un ejército de 28 pequeños grandes valientes se reunieron a las ocho de la mañana en el salón de una congregación de la pequeña población de Xoxtla, Puebla, a tan sólo 20 km de la capital del estado. La misión (como en dos ocasiones anteriores ya lo habíamos hecho en otros lugares), era salir en grupos recorriendo las calles del pequeño poblado, tocando casa por casa para llevar el mensaje de salvación.
Seis meses atrás 46 niños entre 6 y 11 años, dentro de los cuales estaban estos 28 pequeños, iniciaron un curso de discipulado impartido por maestros del Ministerio de Niños. Durante este tiempo cada miércoles, semana tras semana, los niños aprendieron entre muchos temas sobre la importancia como cristianos de llevar el Evangelio a toda criatura.
Xoxtla es una población difícil, sumamente religiosa e idólatra, así que no era fácil la tarea que nos esperaba; tanto la gente de esa congregación como todos los del Ministerio oramos durante días y semanas previas a fin de preparar el evento.
Un día antes había desanimo, ya que originalmente asistirían 50 niños aproximadamente, pero por otros eventos que se empalmaron, solo iba a asistir casi la mitad. Sin embargo, Dios todo lo sabe y todo lo prepara, ya que precisamente la noche previa al evento, una convocatoria a una velada de oración de la Iglesia de Amistad de Puebla, para interceder por nuestro país y nuestro estado, abrió los cielos espirituales para disipar toda tiniebla y oposición. Después vino la Palabra de aliento: ...como a Gedeón, con menos yo les daré la victoria (Jueces 7).
Llegó el evento, y en equipos de dos y tres niños acompañados por maestros del Ministerio, de Xoxtla y algunos papás, empezamos a recorrer las calles tocando en las casas llevando una palabra de amor y de esperanza de parte de Jesús. Las personas se asombraban de ver a un par de niños a la puerta sin nada que venderles, sólo con el deseo de que les permitieran darles unas palabras. Mujeres, jóvenes, niños hombres adultos, familias en las calles; todos eran posibles candidatos para hablarles de Jesús y no se detenían en hacerlo.
Entre más tiempo transcurría, los niños tomaban más confianza para compartir, y no sólo eso, sino que oraban por las personas de acuerdo a la necesidad que les manifestaban: sanidades, familias, matrimonios divorciados, etc. Dos horas duró el recorrido en las calles de Xoxtla; los niños estaban imparables; nadie los detenía en compartir. Entraban a los comercios, y ahí también, a las personas que estuvieran, les hablaban de Jesús. Lo más sorprendente fue la respuesta de la gente. ¡Cielos biertos!
Nada de resistencia, ninguna oposición ni persecución; no había quien desobedeciera a cada petición que los niños hacían: “Cierre sus ojos por favor”, “¿Quiere hacer esta oración conmigo”? Recuerdo en el grupo de niños con el que yo hice el recorrido que se acercaron ellos a una obra en construcción donde había dos albañiles, hombres adultos metidos en su labor. Cuando vieron a los dos niñitos, interrumpieron su trabajo, se acercaron a escuchar el mensaje y al hacer la oración para recibir al Señor uno de estos hombres se quito el sombrero de paja que tenía puesto en señal de respeto. ¡Wow!
Otro testimonio fue el de una señora que al escuchar lo que los niños querían decirle entró a su casa para que toda su familia, hijos y nietos escucharan también el mensaje... toda esa familia hizo la confesión de fe.
La cosecha fue abundante: 600 casas visitadas de las cuales más del 90%, es decir, más de 540 personas recibieron el mensaje de salvación. Cosas grandes suceden para los que creen en el Señor. Es el tiempo para México; Dios está levantando una generación de niños apasionados por Cristo que harán lo que muchos de nosotros como adultos no nos atrevemos a hacer.
¿A cuántos de nosotros nos da pena compartir el Evangelio y nos quedamos callados? Sin embargo, los niños una vez que saben por qué hay que compartir y son enseñados a hacerlo, no se callan. Todos los adultos que participamos en este alcance nos sentimos avergonzados y retados, ya que estos pequeños nos dieron una muestra objetiva de cómo debemos ser apasionados con las cosas de Dios.
Los campos están listos, y el ejército de los niños tiene un potencial tremendo en el Reino; son una amenaza a las Tinieblas. ¿Será que por eso el Diablo los quiere mantener pasivos y nosotros lo hemos permitido? De boca de los niños y los que maman fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo (Salmos 8:2).
Yo creo que deben levantarse más y más personas interesadas en enseñar a los niños que ellos también pueden ser usados para los propósitos de Dios, pues el mismo Señor dijo que de ellos es el Reino (Mateo 19:14). Los niños necesitan que alguien les crea, que confíen en ellos y que les demos oportunidades de manifestar lo que el Señor les ha dado para extender su Reino.
Silvia Aguilar junto a su esposo José Luis es encargada del ministerio de Niños y de Asistencia Social de Amistad de Puebla, A. C.
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