Artículo
 
 
Pasión por la vida
         




 
 

En el artículo anterior hablamos acerca de la “pasión”, y quiero continuar sobre el tema, así que no perdamos de vista el artículo anterior.
Tengo dieciséis años de casado con una maravillosa mujer, a quien admiro desde que la conocí; de ella he aprendido muchas cosas (en verdad, muchas, muchas cosas). Sin embargo, hay algo que siempre he admirado y valorado de ella más que todas las muchas cosas, y es la pasión con que emprende un proyecto, con que trabaja, con la que sirve a Dios, con la que ama a su familia y sobre todo la pasión con la que me ama (¡Qué presumido! ¿Verdad?). Su pasión ha sido para mi vida una escuela, en la que he aprendido, y mucho. Ella me ha entusiasmado y me ha animado a hacer las cosas de la misma manera, con pasión. Es chistoso, generalmente pensamos que después de vivir mucho tiempo con alguien ya no hay mucho que aprender, pero ella ha sido un digno ejemplo en mi vida para imitar.
Hoy como nunca antes, me he encontrado a un sinfín de personas que van transitando por la vida como si pareciera que nada les gusta, no se entusiasman con lo que hacen, parece que tampoco nada les atrae. Se levantan, van al trabajo o a la escuela, comen, ven televisión, se duermen y al otro día la misma rutina; todo se vuelve a repetir, de la misma forma. Pareciera ser que este tipo de personas no tienen entusiasmo por la vida, y que en lugar de vivir, arrastran la vida, se conforman con medio vivir o mejor dicho con sobrevivir.
Lo malo es que este tipo de gente no sólo la he encontrado en la calle, sino a veces también en la Iglesia; sirven, trabajan, se relacionan y asisten, pero de sólo ver sus caras me da “flojera”. Por ningún lado, me siento motivado a hacer lo que ellos están haciendo, tampoco me anima ser parte de sus grandes proyectos, y lo que es más, ni siquiera me motivan a estar cerca de ellos.
En mi experiencia trabajando con jóvenes una de las cosas que constantemente he observado es que los chavos que parece que arrastran la vida es por que no saben la razón del porqué están vivos, no conocen el propósito de su vida, no tienen sueños, no saben a dónde van, ni cuál es su propósito... y claro, mucho menos su destino. Ésta es la principal razón por las que miles y miles de personas viven sin pasión.
Fíjate que socialmente a veces hemos asumido la palabra pasión como algo “sucio”, a veces ligado sólo al sexo, y en ocasiones se relaciona la palabra con desastres, inestabilidad, carácter emotivo o pasajero. Se nos ha dicho que una persona apasionada es quien sólo vive al día, que vive para el momento y que no va a lograr cosas permanentes, porque la pasión de un día sólo le servirá para ese día.
No obstante, por otro lado, la razón porque existe gente como mi esposa, que vive una vida apasionada por todo lo que cree y por todo lo que hace siempre, es que ella tiene muy claro que esta aquí, que vive, que su propósito en la vida es adorar a Dios y como consecuencia disfrutarlo a Él, y de paso hacer su voluntad. Mi esposa, yo y tú fuimos creados para complacencia de Él; el secreto de una verdadera vida apasionada es que Él es el todo en nosotros.
Fíjate que he aprendido a distinguir a las personas verdaderamente apasionadas por Él. Una persona apasionada no es aquella que está esperando lo que Dios pueda hacer por ella o para ella; las personas apasionadas por Él, son aquellas que están a la caza de lo que Dios pueda hacer en ellas o a través de ellas.
Si analizamos la vida de algunos de los grandes apasionados de la Biblia, nos daremos cuenta de que fueron utilizados por Dios porque sabían su llamado y su propósito en la vida; sabían lo que Él podía hacer en ellos y a través de ellos. Y la mayoría, bueno de hecho todos estos apasionados, eran hombres como tú y como yo, llenos de defectos, errores, miedos, traumas e inseguridades; pero nunca pusieron sus ojos en ellos, sino en Dios.
Fíjate que he estado leyendo sobre la vida de Pedro, el apóstol, y creo que fue un verdadero apasionado; fue de los primeros discípulos en ser llamados por el maestro. Se la jugó porque Jesús no era tan conocido cuando Pedro decidió seguirle. Este pescador puso sus ojos en Jesús y no en él mismo; siempre aparece en las narraciones de los evangelios, siempre estaba por allí; fue también uno de los tres que formaron un circulo íntimo alrededor del Mestro. También era de los que siempre hablaban primero, era la voz de los doce, porque siempre hablaba en nombre de todos; era todo un líder, era de los cercanos a Jesús.
Sin embargo, también sé que fue de los hombres que le fallaron: durante el juicio de Jesús negó tres veces haberle conocido; que mal por Pedro. Sé que a menudo hablaba y luego pensaba, que a veces era algo rudo con la gente e impulsivo; la Biblia nos muestra a un Pedro alejando a los niños, chocando que nadie tocara al maestro, queriendo caminar sobre el agua, mientras la barca se hundía. Sin embargo, me he preguntado, ¿por qué Jesús entonces sabiendo que le iba a fallar le dijo al comienzo de su ministerio: “Ven en pos de Mí” ? (Marcos 1:17) y ¿por qué al final, sabiendo que ya lo había negado sus últimas palabras para él fueron “Sígueme tú” (Juan 21:22).
Creo que una de las cosas más grandes de la vida de Pedro es que a pesar de sus errores y debilidades, fue un hombre realmente apasionado, su pasión siempre estuvo presente y nunca dejo de ser un seguidor del Maestro. Jesús conocía su corazón y sabía lo que había en él, pero sobre todo, le amaba. Su Pasión por Cristo lo llevó a entregar primero su corazón y luego su vida por Él y para Él.
“Es mejor ser un seguidor que fracasa al caminar, que uno que fracasa al seguir”.

Hasta la próxima.

Octavio Herrera es líder de Jóvenes en Amistad de Puebla, A. C.

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