Como cristianos vivimos en dos realidades, y no es una opinión personal, porque son REALIDADES que están establecidas en la Palabra.
La primera realidad es que CRISTO ESTÁ VIVO. Nuestro Cristianismo se fundamenta en ello, y no lo creemos porque la Biblia lo diga, sino porque está vivo; por eso la Escritura lo dice. Eso es una realidad, lo creamos o no.
A veces vivimos sin tener en cuenta que Jesús salió de la tumba, que está sentado a la diestra del Padre y ahí está intercediendo continuamente por nosotros. Es inimaginable lo que el Señor pueda estar hablando al Padre acerca de nosotros.
Nos congregamos porque Jesús resucitó, no por costumbre ni religión, lo hacemos porque Él está vivo. En Mateo 28:1-7 dice: Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Sucedió que hubo un terremoto violento, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Los guardias tuvieron tanto miedo de él que se pusieron a temblar y quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: -No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: “Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán.” Ahora ya lo saben.
Nosotros tenemos que creer y promover esto: JESÚS ESTÁ VIVO. A veces nos acostumbramos, y un acontecimiento como éste, que debiera ser el motor de nuestra vida, ya no nos emociona, por eso dejamos de vivir de acuerdo con la realidad.
Estamos viviendo la resurrección de Cristo: tenemos la libertad de congregarnos, cantar, ver milagros, sanidades; experimentamos el poder de Dios gracias a la resurrección. La gente llega a los pies de Cristo porque estamos viviendo la resurrección. Si Él no hubiera resucitado no podríamos estar de pie en este lugar ni sucedería nada de lo que hoy vemos.
Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos (Hechos 4:32-33).
Esto es manifestar la resurrección de Cristo. Las iglesias están creciendo, empezamos a ser testigos de los milagros, los medios de comunicación se están abriendo; esto es el resultado de siglos y siglos de oración. Si nos hubiera tocado vivir hace 300 ó 400 años no hubiéramos visto lo que hoy, pero la Iglesia comenzó a extender la resurrección de Jesús; lo que hoy tenemos es el cúmulo de cientos de años de oración. A veces perdemos de vista nuestra realidad. JESÚS ESTÁ VIVO, y por eso llegamos al arrepentimiento, somos cambiados y transformados, y entendemos muchas cosas de la Palabra; los velos son quitados y vivimos en libertad. Ésa es nuestra primer realidad.
La segunda realidad: JESÚS VIENE POR SEGUNDA VEZ. ¿Es posible llegar a vivir como Cristo vivió cuando estaba en la Tierra? Sí es posible, pero sólo si nos paramos en esta realidad; únicamente si nos sometemos a la voluntad de Dios. Son tiempos de enfocarnos en Él y en su regreso. Es algo que provoca temor de Dios, porque no sabemos cuándo va a suceder.
Juan el Bautista vivía consciente de la realidad de que Jesús venía por primera vez, y hacía lo correspondiente para anunciar la primera venida del Señor; se consagró a eso, sus padres lo instruyeron y estaba consciente de esta realidad. El Espíritu Santo le hacía saber acerca del Mesías. Hoy nosotros debemos permitir que en nuestra vida se establezca el Reino de Dios y promover así su segunda venida.
Hoy existe una generación con la unción de Juan el Bautista, y no es una generación de edad, sino de género. Una generación llamada a preparar las cosas para la segunda venida del Señor, para predicar el arrepentimiento y anunciar lo que está sucediendo en el Reino y lo que Dios está haciendo en la Iglesia.
Para preparar la segunda venida tenemos que vivir Mateo 5, 6 y 7. Esto hace promover y avanzar el Reino del arrepentimiento.
Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero. Con justicia dicta sentencia y hace la guerra. Sus ojos resplandecen como llamas de fuego, y muchas diademas ciñen su cabeza. Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo Él. Está vestido de un manto teñido en sangre, y su nombre es «El Verbo de Dios». Lo siguen los ejércitos del Cielo, montados en caballos blancos y vestidos de lino fino, blanco y limpio. De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las naciones. «Las gobernará con puño de hierro». Él mismo exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso. En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Apocalipsis 19: 11-16).
CRISTO ESTÁ VIVO Y VIENE POR SEGUNDA VEZ.
Rodolfo Jaramillo, junto con su esposa Adriana, es líder de adolescentes en Amistad de Puebla, A.c.
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