Desde 1569 tenemos acceso a la Biblia entera en español y desde los tiempos de Martín Lutero (1522) estaba traducido el Nuevo Testamento al alemán, mientras que los hablantes del inglés pudieron leer la Biblia en su lengua materna desde los tiempos de John Wycliffe (Siglo XIV) y William Tyndale (traductor del primer Nuevo Testamento impreso en inglés, en el tiempo de Lutero, y después mártir).
Sabemos que la Biblia es el libro más traducido y más vendido del mundo, y en ocasiones las personas se imaginan que ya no hace falta traducirla más. Por ahí ecuchan que se tuvo la dedicación de un Nuevo Testamento en alguna variante del mixteco, del quechua o de un grupo de Papúa, e imaginan que debe ser una reimpresión, quizás.
Lo que muchos cristianos no conciben es que, mientras en español e inglés siguen publicándose nuevas versiones de la Biblia (y también Biblias para jóvenes, para niños, para mujeres, ¡y hasta Biblias que brillan en la oscuridad!) existen miles de lenguas sin una porción de la Palabra de Dios. Solamente en inglés hay unas 400 diferentes traducciones de la Escritura. ¿Hemos pensado en lo injusto de este contraste?
Por otro lado, quizás digamos: “Pues, qué ridículo. Se están imprimiendo Biblias para grupos pequeñísimos en países que tienen una lengua nacional con mucha literatura, incluyendo cristiana. ¿No pueden todos los ciudadanos aprender esa lengua? ¿Por qué gastar décadas de trabajo y muchos miles de pesos para alcanzar a esas etnias minoritarias?”.
En el caso de México es aún mayor la incomprensión. “¿Cómo es posible que existan indígenas monolingües? Al fin, los que sí lo son, ya están por morirse. Y si saben español, ¡que lean en español, y ya!”.
La realidad, según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), es que cerca del 20% de los grupos originarios del país no saben español, aunque se reduce el número con el tiempo.
Valdría la pena que nos preguntemos: “¿Nos gustaría tener que leer la Biblia sólo en griego, inglés o francés?”. Aunque hayamos estudiado otro idioma, es probable que no nos sintamos a gusto leyendo siempre en otra lengua, y mucho menos sentir que Dios nos hable. Resulta que en la mayoría de las personas bilingües domina el idioma materno, y realmente es “la lengua del corazón” la que suele tener más impacto en la vida espiritual.
¿Creen que la persona que sabe 80% de un idioma lo comprende muy bien? Sugiero que hagamos un experimento: tomemos un pasaje de la Biblia y contemos las palabras. Luego quitémosle 20% de ellas, las menos comunes o más difíciles. ¿Qué tal? Veremos que el mensaje realmente no se comprende bien, lo cual se podría comparar con la “comprensión” de muchos cristianos indígenas en iglesias donde las predicaciones, las lecturas bíblicas y los cantos tienden a ser en español.
Una lingüista entre los zapotecos de Oaxaca lo compara con el uso de latín que hacía la Iglesia Católica, aun cuando nadie lo entendía; sin embargo, “era la lengua de la religión”, aunque los feligreses no comprendieran ni los mensajes ni las oraciones que se hacían. ¡Qué triste que al usar sólo español en las iglesias indígenas algunos creyentes sólo comprendan en forma muy superficial el Evangelio!
De las más de trescientas lenguas autóctonas que existen en nuestro país, muchas ya tienen, por lo menos, el Nuevo Testamento, gracias, especialmente, a la Sociedad Bíblica, a la Liga Bíblica y al Instituto Lingüístico de Verano.
Se han hecho estudios para determinar en qué áreas sigue alguna lengua vigente para hacer una traducción; en la actualidad quedan aproximadamente treinta proyectos por llevar a cabo.
Para que tengamos idea de las necesidades actuales en nivel mundial, sólo 429 comunidades lingüísticas tienen acceso a la Biblia entera en la lengua materna; más de mil tienen el Nuevo Testamento. Existen programas de traducción en 1,953 de ellas, pero el trabajo por delante sigue siendo formidable: ¡Más de dos mil idiomas, hablados por 193 millones de personas, no tienen ninguna porción de la Biblia ni existen proyectos de traducción en este momento!
Al acercarse el nuevo milenio, los que se dedicaban a promover la traducción bíblica se preguntaban para cuándo podría terminarse la tarea de tal manera que todos los 6,912 idiomas del mundo tuvieran acceso, a por lo menos, el Nuevo Testamento, y al paso actual calculaban que se tardaría 150 años. ¿Cómo era posible? Sintieron la urgencia de acelerar el proceso y surgió la idea de Visión 2025, cuya meta es promover la necesidad de traductores e iniciar proyectos en todas las lenguas para el año 2025. Gracias a Dios se ha acelerado el paso en los últimos años y podría haber progreso en los grupos restantes para el año 2038.
Margarita Hord es maestra de Lingüística en el Centro Latinoamericano de Misiones y en la Universidad de las Américas Puebla.
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