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El Segundo Gran Despertar en los Estados Unidos (1800-1840) - Segunda parte
         



 
 

“El ruido era como el rugido del Niágara. El vasto mar de seres humanos parecía estar tan agitado como por una tormenta. Algunas personas cantaban, otras oraban, otras sollozaban por misericordia en el tono más piadoso, mientras que otras vociferaban con grandes gritos. Un poder sobrenatural muy singular permeaba la multitud entera allí reunida… En un cierto momento vi por lo menos a unas quinientas personas abatidas en el suelo como si una metralla de mil disparos hubiese sido rociada sobre ellos, y después vinieron los sacudimientos y los gritos que parecían desgarrar los Cielos. ¡Salí corriendo hacía el bosque… deseando mejor haberme quedado en casa!” (reporte de James Findlay, un reportero no cristiano que atendió las reuniones de campamento de Cane Ridge, Kentucky).
El pastor Barton W. Stone, de las iglesias presbiterianas de los poblados de Concord y Cane Ridge en Kentucky, fue uno de tantos ministros que asistieron a las reuniones del pastor McGready en Red River. Después de convencerse de que éste era un genuino mover del Espíritu, volvió a su tierra y empezó a aplicar los principios que aprendió de McGready y fue así como el fuego del avivamiento comenzó a arder en sus dos congregaciones.
Para agosto de 1801, el pastor Stone y otros varios ministros dirigían las reuniones de campamento en Cane Ridge que llegaron a ser excepcionales, tanto por la gran asistencia que tenían, como por las señales y milagros que ocurrían en ellas. Hubo reuniones en las que se llegaron a contar desde diez mil hasta veinticinco mil personas. Un reportero registró 1,143 carruajes estacionados en los perímetros del campamento en el que se celebraban las reuniones.
El pastor James Crawford, uno de los ministros que asistían a las reuniones, llegó a contar en una ocasión más de tres mil personas abatidas sobre el suelo por el poder del Espíritu. Las manifestaciones que tenían lugar entre la gente incluían la risa incontenible, los gritos, sacudimientos y convulsiones de algunos que también eran liberados de posesiones demoniacas.
La gente normalmente aceptaba estas manifestaciones como operaciones genuinas del Espíritu de Dios. Las manifestaciones atraían, tanto a los curiosos, como a los incrédulos, quienes a menudo regresaban a sus lugares de origen convencidos del poder divino que las provocaba. El comentario de los pastores y ministros como Barton Stone era que la “religión había caído tan bajo y el descuido moral era tan prevaleciente en la sociedad que Dios soberanamente obraba a través de tales manifestaciones para arrestar la atención de las multitudes”.
Aunque hablar en lenguas no era muy reconocido como parte de las manifestaciones de este avivamiento, sí existen registros de personas que las hablaron en algunas de las reuniones de campamento en varias partes del país. En la universidad de Georgia, por ejemplo, el avivamiento se dejó sentir en una buena parte del estudiantado. Los estudiantes, al visitar las reuniones de campamento cercanas a la ciudad, eran profundamente tocados por el Espíritu al grado de quedar tirados por horas bajo el poder de Dios.
Otros también pasaban largos tiempos en oración, postrados y clamando por misericordia. Algunos otros experimentaban como convulsiones en todo su cuerpo sin poder cesar de sacudirse mientras que hablaban, e incluso gritaban, en “lenguajes desconocidos”.
Las reuniones de campamento durante el Segundo Gran Despertar en Norteamérica fueron, sin duda, el elemento distintivo que adquirió popularidad entre presbiterianos, bautistas y metodistas. En muchos de los casos estas tres denominaciones unieron esfuerzos para realizar las reuniones atrayendo literalmente a miles de personas a la salvación. Fue así como el avivamiento fue ganando fuerza como si fuera una gran marejada que cubrió pueblos enteros. Según el pastor metodista Peter Cartwright: “La obra de Dios se extendió a todas direcciones y creció en fuerza a tal grado que parecía que toda la nación venía al Señor.”
En muchos sentidos, el Segundo Gran Despertar fue un avivamiento lleno de expresiones carismáticas y sobrenaturales que trajo renovación a gran parte de la cristiandad norteamericana, pero principalmente a las iglesias e instituciones de la frontera oeste de los Estados Unidos.
Los resultados numéricos de salvación fueron tan sorprendentes, así como las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo. Entre los años 1800 y 1803 en Kentucky solamente las iglesias bautistas añadieron a sus servicios más de diez mil miembros y las iglesias metodistas unos cuarenta mil convertidos. De hecho, todas las denominaciones, en alguna medida, experimentaron el fruto del avivamiento.
Desde el punto de vista histórico, el mover del Espíritu prevaleció sobre la degradación moral y la corriente religiosa del Deísmo que tanto impacto tuvo en esa época, especialmente en las ciudades de la costa este. Fue así como el carácter cristiano de la sociedad norteamericana se renovó y se aseguró durante varias generaciones por venir.
El legado de un mover del Espíritu como el del Segundo Gran Despertar es muy claro para todos los que anhelamos no tan sólo un avivamiento, sino la transformación cultural y espiritual de la nación. En los propósitos de Dios primero es necesario el establecimiento del Reino en los corazones de la gente para que así pueda ocurrir un cambio de conducta en los individuos, familias, iglesias y la sociedad entera. Dios obra los avivamientos y despertares espirituales en medio de los pueblos y naciones para que éstos, a su vez, puedan derivar en la transformación de la sociedad a todos los niveles.
Así como Dios lo hizo en el pasado con naciones como los Estados Unidos, ¡hoy podemos esperar lo mismo para nuestra amada nación mexicana al reconocer que ha llegado su tiempo de “Gran Despierte Nacional” para la gloria de Dios!

Roberto Torres es director del Instituto Bíblico Estandarte para las Naciones.

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