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De mujer a mujer: ¿Cómo reaccionas ante la oposición?
         




 
 

Te has dado alguna vez a la tarea de “checar” como reaccionas ante la oposición. Hay personas que ante la adversidad reaccionan muy bien, sosteniéndose en su fe; pero hay otras personas que se empanican, se detienen, y su corazón, su mente y su espíritu se bloquean.
En las películas de antaño vemos el típico caso en que una mujer se encuentra en una situación de peligro o de pánico, y simplemente empieza a gritar o a llorar en espera de que alguien la socorra (puede ser desde una escena de golpes, hasta algo realmente serio). En la toma de decisiones, en la mayoría de las ocasiones, no se espera que las mujeres reaccionen adecuadamente, y eso es un esterotipo.
Sin embargo, déjame decirte que en la vida real, Dios creó a las mujeres con la capacidad de reaccionar, de tomar decisiones, y en lo que respecta a los tiempos que estamos viviendo, no hay manera de enfrentar cualquier tipo de circunstancia adversa pegando gritos de auxilio, esperando a que “alguien” llegue a socorrernos y aplique su fe, sólo porque eres una damisela en peligro. Por eso es muy importante, que aprendamos a reaccionar ante la oposición, ante circunstancias adversas.
Primero empecemos por definir el término oposición como lo dice el diccionario: “obstáculo, resistencia, hostilidad, impedimento, traba, barrera, estorbo, dificultad, peligro, dolor u obstrucción”. ¿Será que durante uno de nuestros días más normales nos enfrentamos a algo de eso? ¿Será que una vez a la semana tenemos algo de esto en el camino? ¿Será una vez al mes, una vez al año, una vez en lo que llevamos de vida? ¿Será que nunca hemos pasado por alguna de estas cosas? La verdad es que no sé la frecuencia, pero estoy segura de que cada una de nosotras ha experimentado, más de lo que se pudiera desear, cualquier tipo de oposición. También sé que en medio de estas circunstancias tendemos a preguntar: “¿Por qué?”, “¿Por qué a mí?”, “¿Por qué a mi familia?”, ¿Por qué ahora?”, “¿Qué hice mal?”, “¿Dónde fallé?”, “¿Qué me faltó?”, “¿Cuánto tiempo?”, “¿Cuándo dejará de doler?”, “¿Dónde está Dios?”, “¿Por qué y por qué?”.
Antes que nada quiero decir que no encuentro ningún versículo en la Biblia que deje ver que Dios ha diseñado un serie de oposiciones para que a lo largo de nuestra vida tengamos en que entretenernos. Sé que la Escritura dice que para los que aman a Dios todo cuenta para bien, pero no dice que Él se siente a planear adversidades para sus hijos con el fin de entrar a pruebas de ensayo y error hasta que alcancemos tal o cual nivel.
También sé que a lo largo de la historia de la humanidad todas hemos escuchado frases piadosas y de consuelo como: “Era la voluntad de Dios”, “Dios quiere que aprendas algo en medio de esto”, “Confórmate, Dios así lo quiso”, “Que Dios te mande junto con la pena, consolación”, etc. Yo ya leí la Biblia completa más de una ocasión, de hecho varias veces, y sigo sin encontrar el laboratorio celestial desde el cual Dios envía penas y vicisitudes a sus hijos. Yo sólo he encontrado un Trono de Gracia. Además, el Dios que yo conozco, el Dios de salvación, el que envío a su hijo a morir en una cruz para que tú y yo fuéramos salvas es un Dios de amor, y no puedo imaginar que en medio de su amor esté esperando el mal para nadie, ni siquiera en aras de enseñarnos algo. Puedo creer que Él ocupa cualquier obstáculo o pena para enseñarnos, pero nunca creeré que lo planee.
Necesitas saber que antes de que el pecado entrara al mundo había un plan perfecto; lo encontramos en el libro de Génesis en los capítulos 1 y 2: Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto (Génesis 1:31). En el libro de Romanos 14.17 dice: Porque el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
Eso es lo que yo encuentro: un Dios que quiere que vivamos en justicia, paz y gozo. Sin embargo, la oposición es una realidad y no podemos, ni debemos, ignorarla; es una realidad en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en el mundo, en la Iglesia y aun en un ministerio.
No obstante, también encuentro una realidad, que se llama pecado: Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?... (Génesis 3:1). Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan (Mateo 11:12).
Tenemos que estar preparadas para enfrentar y sobreponernos a la oposición; tenemos que estar preparadas para cuando el ladrón quiera presentarse en nuestro camino, como lo dice Juan 10:10: El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Abundante NO es sinónimo de fácil; pero sí significa posible. El plan de Dios es que en medio de cualquier oposición abracemos la vida (la vida abundante), abracemos la fe y el carácter de Cristo para arrebatar lo que desde el Cielo ha sido preparado para nosotras y para nuestras familias como dice Jeremías 29:11: Porque Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
En medio de cualquier oposición, lo primero que debemos hacer es tomar control sobre todos nuestros sentidos, poner nuestros ojos en el Cielo mirar como viendo al Invisible (Hebreos 11:27), escuchar lo que Dios quiera decirnos en medio de la tribulación, estar antentas a cualquier señal para brincar la oposición y utilizar nuestra boca para hablar la Palabra que hay en nuestros corazones, para orar. Si después de eso necesitamos gritar o llorar, hagámoslo, pero sólo después de orar y declarar la Palabra. Por último debemos poner manos a la obra, porque los obstáculos tienen que ser quitados o brincados en el camino, y ya que Dios hace su parte, nosotras también tenemos que hacer la nuestra; así que, nunca dejemos de poner manos a la obra.
Las mujeres somos más valientes que lo que nosotras mismas nos podemos imaginar. Dios colocó en nosotras un corazón valiente, firme, dispuesto y sabio para salir adelante, no en balde estamos hechas a su imagen y semejanza.

Litzajaya Herrera, junto con su esposo Octavio, es líder de Jóvenes en Amistad de Puebla, A. C.

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