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Las costumbres vs La nueva criatura
         




 
 

Las costumbres son formas de comportamiento que determinan el carácter de una persona.
Cuando nosotros nacemos, no tenemos registrada ni una sola costumbre. Todas ellas son adquiridas mediante la formación que se recibe de los padres, instructores o factores externos que intervienen durante los primeros años de vida de cada individuo. Posteriormente, se adquieren costumbres propias en la medida que se va recibiendo conocimiento escolar, moral, espiritual etc. Cuando pasa el tiempo, el individuo posee un cúmulo de costumbres que determinan por completo su forma de vida.
La definición menciona: costumbre es toda práctica que ha adquirido fuerza de ley, es decir, que rige nuestra manera de pensar y nuestras acciones.
Todos tenemos costumbres buenas, inclusive Jesús fue alguien de costumbres: Jesús partió de aquel lugar y se fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Otra vez se le reunieron las multitudes, y como era su costumbre, les enseñaba (Marcos 10:1).
Jesús salió de la ciudad y, como de costumbre, se dirigió al monte de los Olivos, y sus discípulos lo siguieron (Lucas 22:39).
Se puede clasificar como buena una costumbre que produce fruto y que aporta algo edificante para otros, como en el caso de Jesús; sin embargo, no todas las costumbres son buenas, y es ahí donde se genera una complicación.
Sabemos por 2 Corintios 5:17 que: ...si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Cuando Cristo llega y habita en una persona, hace nuevas TODAS LAS COSAS (esto incluye a las costumbres tanto buenas como malas).
Sin Cristo aun las buenas costumbres carecen totalmente de capacidad de fructificar o edificar, pero la llegada del Espíritu de Dios hace la GRAN diferencia. Sin embargo, hay un gran riesgo de que la nueva creación quede sin efecto, cuando las costumbres antiguas siguen estableciendo la manera de pensar, de reaccionar, de comportarse o de hablar. ¿Por qué? Porque una mala costumbre es el resultado de la naturaleza anterior, y esto siempre se opone al Espíritu.
Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley. Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5:16-21).
Cuando una costumbre de la naturaleza pasada permanece tratando de insertarse a la nueva creación, hace imposible vivir con la libertad con la que Cristo nos ha hecho libres (Gálatas 5:1).
Una mala costumbre revela una esfera de la vida que no está bajo el Señorío de Cristo.
¿Qué debe suceder con las costumbres de la vieja naturaleza cuando recibimos nuestra nueva creación?: DEBEN SER SUSTITUIDAS.
Efesios nos dice que los arrebatos de ira son una mala costumbre, sin embargo, la nueva creación otorga la capacidad de desarrollar amor, mansedumbre y paciencia. La ira puede, y debe sustituirse, pidiendo al Espíritu Santo que produzca la paciencia necesaria para erradicarla. La costumbre de sentir envidia debe ser sustituida por el amor al prójimo que el Señor puede producir para lograr gozarse con los que se gozan.
Debido a que las costumbre son adquiridas, también pueden ser erradicadas y transformadas por el poder de Cristo en el corazón del hombre.
Los cambios de costumbres no se logran mediante una disciplina personal, sino por medio de un mayor conocimiento del gobierno constante del Espíritu Santo desarrollado por medio de la nueva criatura y en ella.
Se mencionó antes que puede clasificarse como una buena costumbre aquella que produce fruto y edifica, de igual manera una mala costumbre se identifica cuando su producto es opuesto a lo que Cristo es.
Cuando una costumbre se ha convertido en una ley que rige nuestra personalidad, se puede pensar que ésa es “la manera de ser de una persona”, pero esto dista mucho de la verdad si dicha costumbre no es compatible con la personalidad de Cristo. Romanos dice que nuestro destino es ser hechos conforme a la imagen de Cristo: Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos .
La nueva creación viene para forjar en nosotros la imagen de Cristo, y las costumbres de la naturaleza anterior deben ser sustituidas por las que nos llevan a ser semejantes a Él, de otra manera, la personalidad regida por la costumbre pecaminosa siempre se opondrá a la obra del Espíritu.
Pudiera parecer que una costumbre es algo imposible de cambiar, pero no es así, pues para Dios no hay nada imposible; además, una costumbre es algo adquirido, no algo nato.
Todo ser humano se rige por costumbres y la nueva criatura genera la oportunidad de adquirir costumbres nuevas, que se conviertan en fuertes herramientas para alcanzar el destino por el cual hemos sido llamados:
PARA SER HECHOS CONFORME A LA IMAGEN DE SU HIJO.

Adriana Jaramillo, junto con su esposo Rodolfo, es líder de adolescentes en Amistad de Puebla, A.C.

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