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En las manos de Dios
         





 
 

Imagínese que usted se encuentra en las manos de Dios, y al estar ahí pueda ser protegido, guardado, dirigido, pero sobre todo, bendecido con su provisión y cuidado. ¿No sería extraordinario? Pues, ¡claro que sí! Yo pienso que todos desearíamos estar en una condición similar. Lo increíble de esto es que usted puede estar en esa situación cuando lo desee. ¡Dios lo ha provisto!
Cuando el Señor Jesús, en la cruz, exclamó: “Consumado es”, todas las cosas fueron redimidas; no solamente el perdón y salvación que Dios nos da a todos los hombres, sino la redención de todo. Un nuevo orden mundial se efectuó, y a partir de ese momento todas las cosas fueron redimidas. Sólo que no es algo automático. Tampoco es algo impositivo y autoritario.
Tiene que ver con la voluntad del hombre y el libre albedrío que Dios mismo le otorgó desde un principio. No obstante, hoy tenemos la oportunidad de decidir y escoger. Podemos encontrarnos en las manos de Dios o podemos estar a la deriva caminando bajo nuestros propios designios o los que el mundo nos imponga. El Señor Jesús mencionó lo siguiente: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste! (Mateo 23:37).
Quiero hacer una pregunta: ¿Cuántas veces el Señor Jesús nos ha dicho lo mismo? ¿Cuántas veces le hemos pedido que nos proteja por sus amorosas manos y no hemos querido? El enemigo número uno de esto es nuestro orgullo y autosuficiencia. Cuando nosotros pensamos que somos suficientes, entonces ¿para qué queremos a Dios?
Por el contrario, cuando nos dejamos proteger por Él, cuando descansamos en sus amorosas manos, entonces se potencializa lo que somos y juntamente con lo que Dios nos aporta, que es lo más importante, caminamos de una manera diferente y sumamente exitosa en la vida.
Ciertamente les aseguro que el que cree en Mí las obras que Yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque Yo vuelvo al Padre (Juan 14:12).
La invitación es para que le permitamos a Dios tomarnos entre sus manos y llevarnos por el camino de la vida, librando los obstáculos, venciendo las adversidades, siendo llenos de su amor y gracia en todo lo que hagamos.

Ernesto Alonso Delgado es director de Amistad de Puebla, A. C.

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