Si realmente nos diéramos cuenta de lo que hablamos a cada momento y lo que esto trae como resultado, seguramente tendríamos mayor cuidado en lo que decimos, y también nos propondríamos hablar cosas que verdaderamente fueran de importancia y edificación para los que nos escuchan.
La Palabra de Dios nos menciona lo siguiente: Del fruto de su boca el hombre comerá el bien; mas el alma de los prevaricadores hallará el mal (Proverbios 13:2). La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos (Proverbios 18:21).
Aquí podemos darnos cuenta de la importancia que tiene todo lo que nuestra boca llega a expresar y el poder que se desata al hacerlo. Pienso que esto es sumamente importante en nuestro comportamiento cotidiano y en lo que provoca en las personas que están a nuestro alrededor, desde luego, empezando por los de casa.
El pasado día 15 de abril escuché por la radio algo que mencionó el presidente Felipe Calderón que de inmediato llamó poderosamente mi atención. Por la noche, en los noticieros televisivos, tuve la oportunidad de volverlo a escuchar, y al día siguiente por la mañana lo volví a hacer.
En el discurso que pronunció dijo lo siguiente: “Por sus frutos los conoceréis, cuando se siembran buenas cosas… Cuando se siembra en odio y rencillas, cuando se siembra cizaña, se recoge encono y división”. Obviamente me sorprendió, puesto que no es fácil escuchar una máxima bíblica en un discurso de un gobernante de nuestro país.
Que yo recuerde, nunca he oído algo semejante, y por esta razón es que llamó mi atención. Después, meditando, me puse a pensar lo siguiente: ¿Cuándo una cita bíblica ha sido escuchada en México, al mismo tiempo, por millones de personas a través de los medios de comunicación? La verdad, que yo recuerde, nunca ha sido mencionada por un gobernante. No obstante, de lo que sí estoy absolutamente seguro, es que lo que decimos tiene gran poder, sobre todo si se trata de lo que menciona la Palabra de Dios, pues es la verdad la que se trasmite.
La ilustración o ejemplo que les acabo de relatar sirve para darnos cuenta del poder que se tiene en nuestros dichos, esto es, en nuestra lengua. Los versículos anteriormente citados son contundentes: Del fruto de su boca el hombre comerá el bien… La muerte y la vida están en el poder de la lengua… ¿Nos habíamos puesto a pensar en esto? Es una gran realidad.
Cada palabra que mencionamos tiene consecuencias. Cuando hablamos en casa, en el trabajo, con los amigos; todo lo que decimos afecta. Puede determinar el rumbo que una persona llega a tomar, e inclusive afecta lo que alcanza a comprender acerca de la vida.
Cuando hablamos a nuestros hijos, es muy importante tener cuidado con lo que decimos; cuando hablamos con nuestros compañeros de trabajo o estudio, debemos hacerlo también; pues una palabra dicha de manera incorrecta y con un sentido equivocado daña y afecta terriblemente.
De la misma manera, palabras que se mencionan de buena forma, de contenido sano, de consejo práctico, de buena intención, pero sobre todo, palabras que surgen de los absolutos irrefutables de la Palabra de Dios, siempre edificarán la vida de otros.
¿De dónde surgió lo que nuestro presidente mencionó en su discurso? Definitivamente del conocimiento que tiene acerca de la Palabra de Dios. Sin embargo, de eso a que lo haya mencionado públicamente y que lo hayan escuchado millones de mexicanos, es otra cosa muy diferente.
Oremos, no solamente para que escuchemos con mayor frecuencia esas palabras, sino para que nuestro presidente se acerque cada vez más a lo que dice Dios en su bendita Palabra y que ésta lo guíe en sabiduría para desarrollar la labor que desempeña como la máxima autoridad de nuestra nación.
Ernesto Alonso Delgado es director de Amistad de Puebla, A. C.
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