Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Marcos 16:15).
Cuánta dificultad existe en algunos lugares del mundo para dar cumplimiento a esta orden que dio nuestro Señor Jesús.
Workmen Ministries International (Ministerios “Obreros” Internacional), en conjunto con el centro cristiano Amistad de Puerto Escondido, en Oaxaca, enviaron a Filipinas a dos misioneros, Octavio Reyes y Huberto González, durante un período de 10 días para asistir a un campamento en una de las islas (de la cual, por razones de seguridad, no mencionaremos la ubicación ni el nombre). A este evento asistieron varios pastores, cuyas congregaciones han plantado misioneros en esa región.
Los pastores enfrentan una difícil situación para predicar el Evangelio en esas regiones donde hay mucha corrupción e inseguridad, porque en Filipinas predominan los musulmanes, quienes ya le han puesto precio a las cabezas de algunos de los cristianos que buscan llevar el mensaje de salvación.
Entrevistamos a ambos misioneros con la finalidad de dar a conocer las dificultades que enfrentan los cristianos.
Huberto González comentó una pequeña parte de su testimonio: “Al estar agonizando en un sanatorio de Puerto Escondido a causa de un accidente automovilístico, conocí al Dios vivo. Fue entonces que hice pacto con Él: ‘Señor, me salvas la vida y yo habré de servirte’. Dios me concedió la oportunidad, por ello estoy ahora presto a servirle. Aunque sentí temor por los comentarios escuchados de Manila y sus alrededores, sólo dije: ‘Señor, eres dueño de mi vida y serás quien la preserve’”.
Por otro lado, Octavio Reyes nos dijo: “En primer lugar quiero comentar que hace aproximadamente 20 años en la congregación donde asistía el pastor abordó el tema de cuán peligroso es llevar el mensaje a los filipinos. Preguntó si había alguien a quien le agradaría ir como misionero a tan inhóspito lugar, y fui el único que levantó la mano entre los asistentes. Hoy, con mucho gusto, veo cumplido un anhelo postergado”.
“El viaje de 26 horas fue un poco agotador, sobre todo por el cambio de horario. Llegar a Manila fue una situación difícil, y en verdad agradecemos mucho a Dios que no hayamos tenido ningún percance. Llegamos sin problemas al lugar donde se llevó a cabo el campamento”, dijeron ambos misioneros entrevistados a su regreso.
Según palabras de estos dos misioneros mexicanos, es impresionante ver que los pocos obreros que existen están trabajando arduamente y con mucho amor con el fin de alcanzar a los filipinos musulmanes para Cristo. Están capacitando jóvenes de manera integral con programas sociales para cumplir con la gran comisión. Lo maravilloso es ver lo dispuestos que están para servir y darlo todo por Dios, no escatimando incluso su propia vida. Ellos no cuentan con grandes eventos, congresos o escuelas de capacitación bíblica; los filipinos convertidos y los obreros dependen de lo que el Señor les revela a través de su Palabra.
La mayoría de ellos se acercaba a preguntar sobre el mover de Dios en México y cómo era la vida de los cristianos en este país. Octavio les compartió de una experiencia propia que tuvo años atrás de cómo algunos misioneros en el estado de Oaxaca sufrieron persecución, e incluso algunos de sus compañeros murieron por causa del Evangelio. Sin embargo, también les aclaró que hoy día se ha propagado de forma maravillosa no sólo en Oaxaca, sino en todo el país.
Con este y otros testimonios los visitantes mexicanos les hicieron ver a los filipinos que vale la pena trabajar para el Señor, que lugares donde antes apedreaban y amenazaban de muerte, hoy tienen iglesias establecidas y una gran respuesta de las personas. Mientras los filipinos escuchaban esto derramaban lágrimas, pues podían ver a futuro el fruto de su trabajo. Fueron motivados, además, para que no dejaran de orar y de servir a Dios, que aunque tarda en sus promesas, siempre las cumple. (1 Corintios 15:58).
“Conocimos tres organizaciones cristianas y tuvimos la oportunidad de dialogar con el representante de una de ellas. Nos comentó que ellos capacitan a los jóvenes por un período académico de dos años, y al mismo tiempo forjan y evalúan sus caracteres en todas las áreas, de tal forma que puedan ayudar en las obras sociales que se realizan, pues son la principal arma con la cual se puede evangelizar”, comentan los misioneros.
El compromiso es ministrar y entrenar a musulmanes convertidos y enviarlos de regreso. Es una labor tremenda, porque los riesgos son muchos; sin embargo, es Dios quien realmente mueve sus corazones llenándolos de amor, pasión por la Palabra y sobre todo de perdón, porque muchos de ellos han sido lastimados por los propios musulmanes.
Éste, por ejemplo, es un testimonio de una de las jóvenes: “He aprendido que es muy difícil mostrar el Evangelio a mi familia y a otros musulmanes; tienen creencias muy diferentes y radicales. Por ello necesitamos de sabiduría y oración para que, pase lo que pase, podamos llevarles el Evangelio. Estoy lista para cualquier cosa que me suceda y no escatimo mi vida si la causa es Cristo. Sólo deseo que mi gente le conozca, así que, en días próximos iré a una de las islas donde apenas se ha formado una congregación con nuevos creyentes y tiene muy pocos obreros. Gracias le doy a Dios por darme la oportunidad de aprender de su Palabra y crecer en ella, y como dice la Escritura en Romanos 8:35-39: “Nada ni nadie nos separará del amor de Dios”. Estoy entrenándome para servirle con los grupos musulmanes, y el deseo de mi corazón es mostrar su amor a mi pueblo. Si no vamos hoy… mañana podría ser tarde”.
Finalmente, Octavio Reyes y Huberto González dijeron sus conclusiones acerca del viaje a las Filipinas: “Aprendimos que no podemos regresar sólo para decir: “¡Qué peligroso es predicar aquí!”. Era muy crítica la situación para Dios que su único Hijo dejara el Cielo por nuestra salvación; sin embargo, vino a la cruz y padeció en ella. Sabemos entonces, de antemano, que hay un precio por pagar, y no hablamos de que la salvación tenga un costo, pues fue saldada por Jesús”.
Estos jóvenes misioneros están dispuestos a pagar ese precio, y aunque no están buscando ser mártires, saben que esto puede ser muy real en sus vidas. Aun así buscan con fervor a Jesús en su diario vivir y dicen que sólo dependen del amor de Dios.
“México es un un pueblo bendecido por la libertad que tenemos de anunciar el Evangelio. Salgamos de esa comodidad y pasividad en la cual a veces caemos, y participemos más en la propagación del amor y misericordia de Jesucristo. Si unidos intercedemos en oración y acción tendremos la nación anhelada”, animan ambos misioneros.
Cabe mencionar que en las Filipinas los mexicanos tienen mayor aceptación y la oportunidad de llevar el Evangelio, ya que los estadounidenses son mal vistos y no son aceptados.
Hoy, más que nunca, debemos tener en cuenta que: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al señor de la mies que envíe obreros a su mies (Lucas 10:2).
©2008. AMÉRICA NUEVA, MÉXICO.