Artículo
 
 
El Segundo Gran Despertar en los Estados Unidos (1800-1840) - Primera parte
         



 
 

“Les exhorté a que dejaran que el Señor Omnipotente reinara en sus corazones y se sometieran a Él para que vivieran sus almas. Una mujer, al final de la habitación, comenzó a gritar y a estremecerse. Cuando dejé el púlpito para ir a callarla algunos me dijeron que esa asamblea de presbiterianos no soportaría la confusión y que aquietara la reunión; pero cuando regresé al púlpito casi cayéndome, el poder de Dios era muy fuerte sobre mí. Al voltear a la asamblea empecé a recorrer la casa gritando y exhortándoles con gran energía, y entonces el piso rápidamente se llenó de gente que caía bajo el poder de Dios”.
Éste es el reporte de John McGhee, ministro metodista durante el avivamiento de Gasper River, en Kentucky.
En los inicios del Siglo XIX la joven nación norteamericana se encontraba nuevamente en una terrible bancarrota moral. Una nueva generación se levantaba y sabía muy poco acerca de lo que Dios había hecho en su tierra unos sesenta años atrás.
Ocho años de guerra habían extenuado a la nación robándole su vitalidad y fervor espiritual. Aunado a esto, las ideas negativas, producto de la Revolución Francesa, penetraban la sociedad, y la corriente religiosa del Deísmo alcanzaba su máxima popularidad, especialmente entre la gente de mayor influencia.
El resultado de todo esto se mani-festaba en una vergonzosa degradación de costumbres y proliferación de todo tipo de vicios.
En medio de esta terrible condición moral, la asamblea de iglesias presbiterianas comenzó a hacer circular por todas partes su profunda preocupación pastoral, exhortando a la sociedad a la búsqueda de Dios y a enmendar sus caminos a través de ferviente oración.
En una de sus publicaciones, por ejemplo, declaraba enfáticamente que “el Eterno Dios tenía una fuerte controversia con esta nación”. En poco tiempo esta preocupación precipitó un gran movimiento de oración que comenzó en la costa este y se extendió hasta la frontera oeste, para así dar lugar a un verdadero despertar espiritual nacional.
En la costa este el despertar afectó considerablemente a las universidades, que para esa época se habían convertido en centros de rebeldía y agnosticismo.
En Yale, por ejemplo, el avivamiento encendió el fervor espiritual de una tercera parte del estudiantado a raíz de la predicación de su presidente, Timoteo Dwight, quien fue yerno de Jonathan Edwards. Así mismo, otros centros educativos como Dartmouth y la universidad de Williams, que en otros tiempos fueron nidos de ateísmo, eran cundidos del despertar espiritual que renovó la vida moral y espiritual de miles de personas.
Sin embargo, lo que sucedía en la costa este no fue comparable en intensidad a lo que Dios estaba haciendo en regiones de la frontera oeste como Kentucky.
En este lugar, el pastor presbiteriano James McGready hizo un pacto firmado junto con su congregación de orar todos los sábados y domingos y ayunar cada tercer sábado del mes por un avivamiento. Después de cuatro años, repentinamente comenzaron a ocurrir eventos que mas tarde afectarían el curso de la Historia de toda la nación.
La presencia de Dios era tan intensa en sus reuniones que la gente permanecía en oración y lágrimas por períodos muy prolongados. En poco tiempo este mover afectó a iglesias y pastores metodistas y de otras denominaciones.
Las noticias de este gran mover del Espíritu corrían rápidamente y la gente que viajaba de todas partes no podía ser atendida, sino en reuniones al aire libre. Mucha llegaba con sus tiendas de campaña para poder permanecer durante varios días en estas famosas “reuniones de campamento”.
Los edificios de las iglesias eran demasiado pequeños, por lo que fue necesario desmontar parcelas de terreno alrededor de las iglesias o a las afueras de estos pequeños poblados para poder tener las reuniones al aire libre. Se construían plataformas para los predicadores y se hacían bancas rústicas de troncos para que la gente pudiera sentarse.
Fue así como se comenzó con este estilo de reuniones evangelísticas en los Estados Unidos, que a la postre serían imitadas en muchas partes del mundo.
Las predicaciones de hombres de Dios como el pastor McGready se caracterizaron por su gran vehemencia y exhortación al arrepentimiento.
Los servicios a veces comenzaban en la mañana y continuaban hasta muy tarde en la noche. A los asistentes no parecía importarles las incomodidades, y mientras, eran dramáticamente convencidos de su pecado.
Los domingos, en especial, las reuniones atraían a una gran cantidad de personas que terminaban en sollozos o postradas en el suelo. Algunas gritaban primero arrepentidas y después expresaban el gozo genuino de la salvación que habían recibido por la fe en Jesucristo.
Ejemplos como los ocurridos durante este gran despertar espiritual en Kentucky nos dejan una enseñanza clara acerca del avivamiento.
Para que haya un tiempo de visitación del Espíritu Santo tiene que existir un clamor intenso de oración y tiene que haber arrepentimiento.
La promesa de restauración moral y espiritual para todo el mundo sigue vigente (2 Crónicas 7:14) si el remanente fiel de Dios le busca en oración y se arrepiente (incluso vicariamente) de sus malos caminos…
Entonces el Señor oirá desde los Cielos para perdonar pecados, traer salvación y sanar la tierra de cualquier pueblo o nación.

Roberto Torres es director del instituto bíblico Estandarte para las Naciones.

©2008. AMÉRICA NUEVA, MÉXICO.