Como padres, la gran cantidad de “deberes” que se nos presentan pueden llegar a agobiarnos. El simple hecho de pensar en mantener vivos y sanos a nuestros hijos ya es todo un reto, y si a eso sumamos, “nada más”, darles educación, rodearlos de un ambiente en el que se puedan desarrollar emocional y espiritualmente, y cuando se pueda darles un poco de diversión y entretenimiento, cualquiera de nosotros tiene suficiente para no tener idea de por dónde empezar.
Eso es lo que precisamente los padres frecuentemente nos preguntamos: ¿por dónde empezar? ¿Qué es lo básico, lo esencial, lo que no puede faltar en la educación de nuestros hijos? Claro que, en un único artículo como este no podríamos enlistar todo, pero sí podemos hablar de uno de los aspectos que no debe faltar.
Nuestros hijos e hijas deben, por sobre todo, aprender a diferenciar entre lo bueno y lo malo, y esto empieza desde el principio: Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás (Génesis 2:15-17).
Desde el principio, cuando Dios creó al hombre, sobre lo único que le advirtió, y de hecho le prohibió, fue comer del árbol de la ciencia del bien y del mal; de hecho, cuando la serpiente envolvió a Adán y a Eva, el énfasis fue sobre el mismo asunto: ...pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales (Génesis 3:3-7).
Es muy importante que notemos que en el momento en que la desobediencia y el pecado hacen presencia en la historia de la humanidad, lo primero, lo primerísimo que sucede, es que Adán y Eva pierden la habilidad de distinguir entre lo bueno de lo malo.
Por ejemplo, ellos ya llevaban un buen tiempo andando desnudos, no conocían otra forma, era lo único que habían tenido. Dios los había creado así, a ambos, y nunca había sido motivo de problema: Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban (Génesis 2:25).
En ese momento, lo que siempre había sido bueno, a sus ojos empezó a ser malo; más adelante, cuando Dios se acerca a ellos, lo primero que Adán le dice a su Creador es: Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo. Por eso me escondí (Génesis 3:10). la desnudez de Adán y Eva no habían sido problema delante de Dios.
El Señor le pregunta a Adán en Génesis 3:11: “¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Quién te dijo que tu desnudez es mala? ¿Quién te dijo que lo que siempre había sido bueno, ahora es malo? ¿Quién te cambió la medida entre lo bueno y lo malo? ¿Cómo fue que perdiste la habilidad para distinguir entre el bien y el mal?”.
Desde ahí empieza un gran problema. La Biblia señala, en muchas ocasiones, que uno de los graves problemas de la humanidad es que a lo bueno le llamamos malo y a lo malo le llamamos bueno. Isaías 5:20 dice:¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!
Volviendo al tema de lo que no podemos dejar de enseñar a nuestros hijos es este asunto de discernir entre el bien y el mal, y queremos hacer énfasis en esto. Mientras Jesús estuvo en la Tierra y se enfrentó al desarrollo normal de todo ser humano, una de las cosas que debía aprender, como todos los demás niños, era a desechar lo malo y a escoger lo bueno: Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno (Isaías 7;14 y 15).
Jesús mismo, desde su naturaleza humana, debía aprender lo que todos los demás niños, incluyendo a nuestros hijos.
Además, no es un asunto que los niños puedan aprender por sí solos, y menos en medio de una sociedad que, completamente confundida, trata de enseñar a nuestros hijos su propio sistema de tolerancia y aceptación de todos los patrones, modelos de conducta y sistema de valores como correctos, y si no correctos, por lo menos dignos de ser probados y aprobados.
En muchas ocasiones los padres de adolescentes o jóvenes se preguntan por qué sus hijos toman decisiones incorrectas, por qués hacen cosas que los llevan de continuo sobre el mal, y por qué, aunque ya sean grandes y maduros, no atinan para hacer algo bueno por su propia vida. La razón es porque está estrechamente ligado a que nunca aprendieron a discernir.
Dios otorgó, a cada ser humano, incluidos nuestros hijos, la habilidad de tomar decisiones, y a nosotros la responsabilidad, el don y la autoridad para enseñarles a hacerlo de la manera correcta.
Es un hecho y es una realidad: delante de nuestros hijos está el bien y el mal, la vida y la muerte, la obediencia y la desobediencia. Necesitamos entrenarlos, adiestrarlos, “couchearlos” para que ellos, en su momento, sepan tomar las decisiones correctas.
Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal (Deuteronomio 30:15). A los Cielos y a la Tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Deuteronomio 30:19).
Nosotros queremos “la vida” para nuestros hijos, queremos “el bien” de Dios sobre ellos; anhelamos que recuperen la habilidad para llamar a lo malo, malo, y a lo bueno, bueno. Después de eso, tomar las mejores decisiones para su vida.
Octavio y Litzajaya Herrera son líderes de Jóvenes en Amistad de Puebla, A. C.
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