México es un país muy especial; los mexicanos también lo somos. Hemos aprendido a vivir como nación y como personas de tal manera que, tanto en las buenas, como en las malas, nos acomodamos de tal forma que, si bien somos aquejadas por ellas, podemos obtener lo mejor de lo bueno que nos pasa y no ser tan perjudicadas por lo malo que sucede a nuestro alrededor. Inclusive, podemos decir que somos personas de gran creatividad y magnifica improvisación para resolver los problemas que la vida nos presenta.
Sin embargo, puedo decir que durante las últimas tres o cuatro décadas en las que se ha dado conocer la verdad de la Palabra de Dios, y en las que nos damos cuenta de que nos está visitando de una manera nunca antes vista, nuestra mente y comportamiento están siendo llevados hacia lo que realmente establece fundamentos sólidos para nuestra familia, trabajo y sociedad, esto es, hacia los principios, los valores, la moral y la ética que emanan de los absolutos universales de la Palabra de Dios.
Hoy, cerca de doce millones de mexicanos creyentes celebramos con gran alegría que Dios nos esté visitando y nos mantenga sumergidos en un avivamiento extraordinario. Lo que puedo mencionar es que Él nos está trayendo una ¡EXPLOSIÓN DE VIDA!
La Palabra de Dios nos dice a través del salmista: Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen a tu monte santo, que me lleven al lugar donde Tú habitas... Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite, y allí, oh Dios, mi Dios, te alabaré al son del arpa. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! (Salmos 43:3-5. NVI).
Si realmente queremos vivir (lo que se dice vivir), necesitamos apegarnos al Dios que nos ofrece “vida en plenitud y abundancia”. EXPLOSIÓN DE VIDA: eso es lo que el Señor Jesús está trayendo a nuestra vida, familia, sociedad y nación. El tiempo se ha cumplido; México será transformado porque es su tiempo.
Es como aquellos fuegos artificiales que se levantan al cielo para explotar, y producen una gran cantidad de luces de colores preciosos; nos llenan de emoción, admiración y alegría. Generalmente festejan algo, y una vez que pasan, dejan una sensación bonita, y nos sentimos bien. A diferencia de estos, que son tan pasajeros, la explosión de vida que el Señor está trayendo es igual en cuanto al estallido de colores. Nos emociona, nos causa admiración y también nos causa alegría; pero después de todo esto, lo que queda es la vida de Jesús en nosotros, por eso, es necesaria esa explosión, la cual producirá grandes cosas.
1. La luz siempre va ligada a la verdad. Nos menciona el salmo que ya hemos citado: “Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen a tu monte santo”. La luz es la presencia del Espíritu Santo y la verdad es la Palabra de Dios; eso es lo que nos puede guiar, no sólo al monte del Señor, sino en lo que hacemos día a día. Ya no podemos pensar, como antes, que de todas las cosas saldremos bien librados, pues aunque así suceda, nuestra vida nunca alcanzará su plenitud, las metas y el propósito por el cual fuimos creados. Ahora hay un mejor camino: la luz y la verdad.
En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de Él todas las cosas fueron creadas; sin Él, nada de lo creado llegó a existir. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla (Juan 1:1-5). Esta escritura se refiere al Señor Jesús, porque Él es la luz y la verdad; es la vida y ella es la luz para los hombres; las tinieblas no la pueden extinguir. Esto es Explosión de Vida.
2. La verdad va ligada a la libertad. Cuando nosotros hablamos siempre la verdad entonces somos libres; no tenemos nada que se nos pueda reprochar y tampoco nada que nos pueda preocupar, porque no estamos ocultando nada ni mucho menos mintiendo. Una persona que es mentirosa nunca podrá estar segura de sí misma; nunca sabrá qué fue lo que dijo. Generalmente se asombra cuando alguien le reprocha aquello que alguna vez mencionó y no lo puede reconocer. No obstante, alguien que siempre dice la verdad es libre y no tiene de qué preocuparse, ya que camina con paz y seguridad. Es una persona muy segura y confiada en la vida; no tiene dudas ni temores.
Por el contrario, las personas que mienten siempre están inseguras, no saben si lo que antes dijeron los traicionará; viven atadas y encadenadas a sus mentiras. Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres (Juan 8:31-32. NVI).
¿Sabe usted que a las personas del mundo no les gusta mucho la verdad? Varias se sienten incómodas cuando se encuentran con otras que sí hablan verdad, porque ya dijimos que la luz echa fuera las tinieblas y saca todo a la luz. Jesús nos dice: Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos (Juan 3:19).
Sin embargo, cuando hablamos verdad somos libres como el viento. Podemos ir y venir, y hacer y no hacer sin que haya ninguna preocupación o reproche alguno. Esto también es Explosión de Vida.
3. La libertad va ligada a la vida. Si tenemos libertad tenemos vida, y significa vida en todos los aspectos: la libertad del alma trae consigo paz, la de espíritu libera todo el potencial que hay en nosotros, la física y de movimientos crea las oportunidades, la de mente nos hace creativos. El Señor Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida -le contestó Jesús-. Nadie llega al Padre sino por Mí (Juan 14:6. NVI).
Cuando hemos sido perdonados por el Señor, entonces tenemos libertad en nuestros corazones, somos libres de pecados, ataduras, complejos, temores y maldad. Tenemos libertad y ahora podemos tomar de la vida que fluye del Señor; de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia (Juan 1:16). Una Explosión de Vida.
4. La vida es para vivirla para nuestro Dios. Volviendo a la escritura que mencionamos al principio: Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen a tu monte santo, que me lleven al lugar donde Tú habitas. Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite, y allí, oh Dios, mi Dios, te alabaré al son del arpa. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi salvador y mi Dios! (Salmos 43:3-5. NVI).
La vida es para vivirla para nuestro Dios, y conducirla hacia su morada y a su presencia; así, llegaremos a su altar con alegría y gran deleite. ¿Por qué hemos de inquietarnos? ¿Por qué hemos de angustiarnos? Él es el Dios de nuestra esperanza. Nuestra vida se vivirá en la plenitud y en la abundancia que sólo Jesús ofrece. Esto es: ¡EXPLOSIÓN DE VIDA!
Ernesto Alonso Delgado es pastor de Amistad de Puebla, A. C. y director de América Nueva.
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