De pronto escuchamos la palabra ¡recesión! Lo cual significa, ni mas ni menos: ¡crisis!
La gente que puede tomar medidas para sortear el famoso apuro que se avecina ha comenzado a tomar “cartas en el asunto”. La mayoría de las personas, como nosotros los “simples mortales” (es decir, los que no tenemos acciones en la bolsa, ni empresas que coticen en ella o algún otro modo de vivir de las rentas), sólo pueden “cerrar los ojos y esperar el golpe”.
Hace unos días, en la ciudad de México, ocurrió un hecho inusual: explotó una bomba a unas calles de las oficinas de la policía y DE NUESTRAS OFICINAS.
Lo anterior ha hecho que la gente sienta temor debido a una esperada crisis económica en los Estados Unidos (lo cual siempre nos ha afectado) y también por la violencia a la que estamos expuestos en las calles.
Para los hijos de Dios existe un oasis de descanso y confianza: la paz de Dios.
El Señor Jesús nos dice en el evangelio según San Juan 14:27: La paz os dejo, mi paz os doy, Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.
El apóstol Pablo lo reitera en la carta a Filipenses 4:7: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y pensamientos en Cristo Jesús.
Para los hijos de Dios debe haber paz interior. Tú y yo debemos tener paz en nuestros corazones, porque estamos confiando en Dios. Jesús ha prometido que nuestras necesidades serán suplidas, ya que oramos al Padre en su nombre; Él nos cuida siempre.
La Palabra es clara y las promesas son para sus hijos. ¿Eres un hijo de Dios? Confía en Él. Si no lo eres aún, acércate a Dios por medio de Jesucristo y disfrutarás de la paz que sobrepasa toda razón.
ARMANDO FLORES