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EL MISIONERO
         



 
 

En una gran cantidad de ocasiones hemos escuchado o leído que el primer misionero llegado a la Tierra ha sido Jesucristo.

Él ha sido el más importante misionero que Dios envió; sin embargo, tenemos ejemplos en el Antiguo Testamento de hombres y mujeres que también fueron “enviados” para hacer la voluntad de Él. Pero, eso será tema para otra reflexión.

En verdad que las misiones nacieron en el corazón de Dios desde el momento en que Adán y Eva cayeron en el engaño a instancias de la serpiente y perdieron el Reino. Fueron destituidos. Dios les anunció que enviaría a su Misionero para recuperar la Tierra para el Reino.

Y el Señor Dios dijo a la serpiente : Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y LA SIMIENTE suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcaña (Génesis 3:14-15).

Después el Señor mismo 1o confirmó en Isaías 7:14-15: Por tanto, el Señor mismo les dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.

Para finalmente cumplir con su promesa en Mateo 1:18-25.

Si examinamos Isaías 7:15 nos daremos cuenta de que EL MISIONERO tuvo que ser instruido (“Comerá mantequilla y miel”…) tanto por su padre terrenal (José), por su madre María, y muy posiblemente (porque desconocemos sus actividades desde que dio instrucción a los doctores de la Ley, hasta sus treinta años) al igual que Pablo, por algún maestro de la Ley para llevar a cabo la obra de Dios para la cual le envió, llenándole con el precioso Espíritu Santo.

Decir que fue instruido no necesariamente debe escandalizarnos, porque hemos de aceptar que vino 100% hombre, con la gran característica de ser el Hijo de Dios, con cualidades especiales, grandes dones y un perfecto Espíritu de dominio propio. Sin embargo, debió ser enseñado “para aprender el modo de los hombres” y para mostrarnos que siendo de “carne y hueso”, como 1o somos nosotros, se puede conseguir 1o que Él hizo.

Cristo fue “embarazado” de la pasión de Yahvé por su Creación. Del amor de Dios para salvar a la humanidad.

A su vez, Cristo nos ha “embarazado” a nosotros para llevar a cabo la obra que Él realizo con su Evangelio, pasión, muerte y resurrección.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el Cielo y en la Tierra. Por tanto VAYAN, y HAGAN discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado; y he aquí Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mateo 28:18-20).

Cristo también dio instrucción a sus discípulos cuando los envió en Lucas 10:1-12.

Por lo tanto, Él mismo nos muestra de qué manera debemos enfrentar los retos para los cuales fuimos llamados, siguiendo la instrucción de su Palabra, pero considerando también la experiencia adquirida por otros hijos de Dios, que se han aventurado al campo de las misiones.

Todo esto lleva un proceso de preparación, como seguramente lo llevó Jesús de Nazareth (debo aclarar que en esta parte sólo estoy elucubrando, pues no tenemos ningún conocimiento de ese período en la vida del Maestro) en el cual, el futuro enviado toma un tiempo de entrenamiento para llenarse de sabiduría, visión, denuedo y poder de Dios y llevar su preciosa Palabra al resto del mundo.

¿Todos somos misioneros?…

Contestaría rotundamente: “¡SÍ!”. Sin embargo, no todos estamos llamados a ir físicamente a tal o cual lugar.

Podemos ser misioneros con nuestra familia (ahí también nos persiguen), misioneros en nuestra colonia (nos pueden dejar de saludar), misioneros en nuestra ciudad y en nuestro trabajo (hasta podemos perderlo, porque es parte de la persecución que el enemigo de Dios hará en contra nuestra).

Opinaría que hay quienes están equipados para ir a las naciones y dentro del Cuerpo de Cristo vienen a formar la “boca”, los “ojos”, las “manos”; que son los que hablan, ven y actúan para que todo aquel que no conoce a Cristo sea lleno de la plenitud de su gracia y pueda agregarse al plan de salvación de nuestro Dios.

Si los misioneros son esa parte del Cuerpo de Cristo que he mencionado en líneas arriba, nosotros podemos ser los “pies”, porque a través de nuestras ofrendas económicas, oraciones e intercesiones, podemos enviar a esa parte del Cuerpo que va a llevar las Buenas Noticias.

De esa manera, también estamos participando en la instalación del Reino en la Tierra, para que cuando Cristo regrese hagamos una “valla” de honor recibiendo a nuestro SUPREMO, GLORIOSO, HERMOSO Y GRAN REY, elevándolo al Trono que le corresponde, porque es nuestro precioso salvador y el Rey de TODA LA TIERRA.

Éste es el plan de Dios que ha puesto en el corazón de nuestros líderes espirituales; por eso existen centros de capacitación como el Centro Latinoamericano de Misiones y sólo necesitamos sensibilizar nuestro corazón, para apoyar a las misiones con todos los medios posibles a nuestro alcance.

© CLM. MÉXICO.