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Maximizando la Fuerza de la Unidad
         



 
 

Como movimiento, somos muy afortunados por tener un espíritu de unidad entre nuestros líderes y creo que esto ha contribuido al impacto e influencia que colectivamente estamos teniendo en nuestras comunidades a través de nuestras iglesias.

La unidad es un ingrediente esencial para edificar una fuerte y próspera iglesia, familia, matrimonio, ciudad y nación. Es algo que deberíamos proteger a toda costa, ya que la falta de unidad trae serias consecuencias, y es una estrategia que el enemigo usa para dañar y debilitar nuestro impacto.

En Mateo 12:25, Jesús advierte: “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.”

Jesús habla de un ‘reino’, lo cual me sugiere algo que una vez fue fuerte y sólido, y de una ‘casa’ que acaban en destrucción a causa de la división. También nos dice que esta escritura no solo puede aplicarse a una nación, ciudad o iglesia, sino también a nuestra vida personal, matrimonio, familia y trabajo.

Por otro lado, la Biblia contiene muchas escrituras que atribuyen la victoria y la bendición a un espíritu de unidad. Con la unidad viene fuerza, efectividad y longevidad. La Biblia nos dice en Eclesiastés 4 que “mejores son dos que uno”, pero dos solo son mejores que uno si están unidos en visión, dirección y causa. La unidad, tanto en el contexto familiar como en la iglesia, es una fuerza poderosa.

A menudo cuando pensamos en división pensamos en peleas en las iglesias, pero debemos ser conscientes de que un reino puede llegar a dividirse de varias maneras. Los hábitos y comportamientos con potencial de dividir pueden presentarse de diferentes maneras. Éstas son tres áreas que, si no son controladas, pueden debilitar, limitar e incluso destruir nuestras iglesias:

1. Impacto dividido
En el mundo hay cientos de miles de buenas causas a las que uno puede apoyar, y a veces sería fácil intentar ayudar a tantas como uno pueda. En teoría, esto parece un acto noble, pero en realidad puede reducir nuestro impacto. ¡El hecho es que podemos estar haciendo menos haciendo más!

Déjame darte un ejemplo. Imagina si yo aterrizara en un país destruido por la guerra con una empanada en mi mano y me encontrara con 10.000 niños muriéndose de hambre. Tú y yo sabemos que mi esfuerzo para dividir la empanada entre todos los hambrientos sería inútil, y todos seguirían con hambre. Pero si yo combinara mi esfuerzo y mis recursos con los de otras personas, nuestra efectividad e impacto sobre los pobres y necesitados sería mucho mayor. En pocas palabras, mi contribución combinada con un esfuerzo unido puede producir un impacto mucho más grande.

Éste es un principio del cual leemos en Malaquías. El Señor dice: ‘Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa’ (Malaquías 3:10). Cuando va acompañado de visión y estrategia clara, una casa llena nos da la posibilidad de producir un gran impacto.

No se trata de legalismo, sino que es una cuestión de impacto. En cuanto a nuestro dar y nuestro apoyo, tener una estrategia unida que se enfoca en un propósito específico es mejor que tener una visión dividida. Hay muchos ministerios buenos y asociaciones benéficas a las que uno puede apoyar, pero intentar apoyarlas a todas puede diluir nuestra efectividad.

 

2. Capacidad dividida
Cada uno de nosotros tiene una cierta capacidad a la hora de contribuir con nuestro tiempo y recursos en la continua obra del ministerio. Una vez tras otra, ya sea debido a endeudarse demasiado o a comprometerse más de lo que uno sabe que puede, veo a gente caer en la trampa de abusar hasta el extremo de sí mismos, lo cual les deja con muy poco margen para moverse si la situación cambia o si surge una oportunidad. Estar demasiado ocupados e intentar hacer demasiadas cosas puede debilitar o reducir nuestra capacidad.

La Biblia dice: ‘Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos’ (Ecl. 4:6). Cuando leo este pasaje me imagino a alguien cargando un montón de leña con mucho cuidado para que no se le caiga. Al caminar hacia la casa ve que hay que hacer algo, pero como tiene las manos tan llenas no puede hacer nada.

Mucha gente vive su vida de esa manera, sin dejar ningún margen para lo inesperado. Mi meta es tener siempre una ‘mano’ libre, para que si se presenta la oportunidad de ayudar a alguien necesitado, yo esté en una posición para ser espontáneo en mi generosidad.

3. Lealtades divididas
Proverbios 18 en la Biblia Amplificada dice: ‘El hombre de muchos amigos [el que es amigo de todo el mundo] resultará ser un mal amigo. ‘

Esto tiene que ver con lealtades divididas, tanto en nuestras amistades literales como también en nuestra relación con la casa de Dios.
Deja que me explique usando la analogía de un divorcio. Aunque pueda sonar muy bien, intentar continuar la amistad con ambas partes después de una ruptura matrimonial acabará limitando tu capacidad de ser un buen y gran amigo con ninguno de los dos. Las lealtades divididas debilitan nuestro potencial de ser un buen amigo con alguien.

En el contexto de la Casa de Dios, muchos de nosotros seguro que nos hemos encontrado con algún joven en nuestra iglesia que durante la semana vive completamente en el mundo, enamorado de todo lo que éste le ofrece, y sin nada que lo diferencie de cualquier otra persona no creyente ahí fuera. Pero cuando llega el domingo este joven se encuentra en la iglesia con las manos levantadas en adoración. Esta persona no es un buen amigo ni para la Casa de Dios ni para el mundo. Casi preferiría que esta persona fuera el mejor amigo para el mundo con la esperanza de que un día se encuentre tan desesperado que decida volver a la Casa de Dios comprometido y apasionado, antes que vivir con lealtades divididas que llevarán a la destrucción.

De quién y de qué somos amigos revela mucho sobre nosotros mismos. Hay un proverbio que dice que ‘las malas amistades corrompen las buenas costumbres’, pero no solo los factores externos pueden dividir nuestras lealtades. Los factores internos, tales como el cinismo, la negatividad, la apatía pueden dar lugar a formas de pensar que no se alinean con los propósitos de Dios para nuestra vida. Tenemos que decidir ser amigos de aquello que imparte visión, nos inspira, nos anima y nos ayuda a llevar a cabo todo lo que Dios nos ha llamado a hacer.

Aquéllos que tienen la revelación de lo que significa ser un buen amigo producen un máximo impacto. Necesitamos posicionarnos para ser buenos amigos de la Casa de Dios, protegiéndola de la división y determinando en nuestros corazones que nada nos separará de edificar Su Reino.

©2008. AMÉRICA NUEVA, MÉXICO.