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En el principio
         






 
 

La Biblia nos dice que en el principio Dios creó los Cielos y la Tierra (Génesis 1:1) y que hubo un momento en el que Dios contempló su creación y miró todo lo que había hecho y vió con regocijo que todo era bueno en gran manera (Génesis 1:31.

Es justo en el momento en que Dios decide y empieza a crear los Cielos y la Tierra y que contempla todo lo que ha hecho, que vemos la Creación (primero de la raza humana y del concepto divino de una familia).

En el libro de Génesis 1:26-28 vemos claramente el propósito de Dios al crear al hombre y al pensar en fundar una familia.

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la Tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la Tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la Tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la Tierra.

¡Qué de tesoros encontramos en estos versículos cuando tratamos de aprender sobre la vida en familia, sobre el ser padres! En estos versículos encontramos la primera instrucción de parte de Dios para la vida en familia.

Cuando Dios instruye a Adán y a Eva para que den fruto y se multipliquen, lo primero que les está diciendo es, precisamente, que den fruto, que sean un hombre y una mujer cuyas vidas sean útiles para fructificar; que se permitan a sí mismos crecer como individuos, como personas, para que tengan la capacidad de transmitir en otros lo que ellos son; que tengan la capacidad de sembrar en otros lo que ellos han conocido; es decir, que se multipliquen.

Después les dice “llenad la Tierra”, y aquí sí estamos hablando de tener hijos e hijas. En este momento Dios les encarga la tarea de reproducirse, ¡gran tarea!

Ellos eran, hasta ese momento, los únicos seres humanos en toda la Tierra, la cual necesitaba poblarse, y Dios había elegido que fuera a través de la reproducción que se hiciera está gran labor; a través del principio de la familia, de tener un padre y una madre (incluso de tener hermanos).

Es bien importante que sepamos que esto es un principio divino: la vida en familia, la reproducción del ser humano basada en el principio del núcleo y el orden familiar.

No debemos perder de vista que Dios pudo haber llenado la Tierra solo, sin ayuda alguna; pudo haber dicho: “Háganse miles de hombres y mujeres sobre toda la faz de la Tierra”; o pudo haberse sentado cómodamente a diseñar hombrecitos de polvo, soplar en ellos aliento de vida para después descostillarlos y crear mujeres.

Sin embargo, no fue así. Dios eligió llenar la Tierra privilegiando la vida en familia, porque vio que eso era bueno en gran manera (Génesis 1:31): que los seres humanos tuviéramos fundamento en nuestros padres.

Dios nos diseñó sabiendo que, el lugar más seguro para que todos aprendiéramos a dar fruto y a multiplicarnos, es la familia.

Después viene otra instrucción: sojuzgad. Esto tiene que ver con aplicar justo juicio sobre las diferentes situaciones, y señorear; tan simple como ser señor, como vivir ejerciendo la autoridad delegada de Dios sobre la Tierra.

Debemos tener claro que esto es un conjunto de instrucciones; si Dios sólo les hubiera encargado a Adan y a Eva el índice de población, con decir “llenad la Tierra” hubiera sido suficiente; pero esta indicación viene en grupo, en conjunto: den fruto, crezcan, nunca dejen de crecer, nunca dejen de aprender y multipliquense en sus propios hijos, aprendan a sembrar en ellos los valores de vida; la vida divina, la que viene del Cielo, la que Dios diseñó para ellos desde un principio; enséñenles, siembren en ellos la capacidad de ser jueces sobre la Tierra y de señorear, de vivir como lo que deben ser: señores sobre la Tierra, sobre la Creación.

Estas instrucciones son la razón de ser por la cual la familia existe; estas son las primeras instrucciones que nosotros debemos aplicar sobre nuestras familias.

Una escuela para padres no tiene que ver con las nuevas técnicas para “domar” a los hijos, con los diez mejores consejos para “soportar” a tus adolescentes, con la última moda en disciplina; tiene que ver con que aprendamos a aplicar las primeras instrucciones sobre nuestra familia.

Se trata de que nosotros aprendamos a fructificar, que decidamos crecer, que nos multipliquemos, que seamos capaces de sembrar en nuestros hijos, de tenerlos como discípulos, porque ellos, como nosotros, fuimos creados para sojuzgar y para señorear.

©2008. AMÉRICA NUEVA, MÉXICO.