Artículo
 
 
!Cuando el padre vive, la familia vive!
         




 
 

En el artículo anterior hablábamos sobre la identidad de cada uno de nosotros como hijos de Dios, lo importante que es entender que al ser hijos de Dios, el acceso directo al Padre está garantizado. Y te digo garantizado, si garantizado, porque un hijo que sabe que su padre lo ama, nunca se va a detener para acercarse a él, va a llegar de una manera confiada y hasta orgullosa delante de todo el que lo vea a mostrar cómo su padre lo recibe, lo ampara, lo ama, lo alimenta y lo alienta a seguir adelante en lo que está haciendo. ¿O acaso tú no haces lo mismo con sus hijos?
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El. (Romanos 8:16-17)
Ahora bien, en este tiempo está sucediendo algo que por desgracia vemos cada vez más y es el hecho de que tenemos para nuestros hijos instructores o maestros para todo, gente capacitada y muchas de las veces profesionales que instruyen a nuestros hijos en todas las áreas de la vida. En la escuela, maestros cada vez con más altos grados académicos; actividades extracurriculares, maestros de deportes que hasta campeones nacionales han sido o maestros de música que son músicos profesionales; en los idiomas buscamos maestros de preferencia extranjeros, para que aprendan a pronunciar adecuadamente y con el menor acento posible; y de esta manera podemos seguirnos al área que tú quieras. Y te digo algo, inclusive pagamos grandes sumas de dinero por ello, pues para eso trabajamos, para darle lo mejor a nuestros hijos.
Este es el momento exacto para decirte, ¡detente y no te vayas! No dejes de leer este artículo, pues seguramente piensas, ¿pero qué le pasa?, ¿acaso no es bueno enseñar en todo a mis hijos y darles la mejor preparación para la vida? Y ¡claro que es bueno, claro que es excelente!, pero estos tiempo modernos nos están llevando, como diría mi abuela, a confundir “la gimnasia con la magnesia”. Por una simple y sencilla razón, ya no pasamos tiempo con ellos y sobre todo, ellos no están siendo enseñados por nosotros, sino que pasan más tiempo con gente ajena a nuestras familias, siendo ellos los que vierten en nuestros hijos sus enseñanzas, doctrinas y patrones de vida.
Quieres saber por qué tu hijo quiere ser como su instructor de futbol, no es para ganar mucho dinero cuando sea grande, aunque le comentes que si es bueno puede vivir de “la patada”, es porque tu hijo tiene historias engarzadas con su héroe deportivo, o por qué tu hija se quiere parecer a su miss de danza o ballet, por lo mismo, ella quiere vivir la vida de alguien a quien ella admira, y hasta le parece de cuento bailando todo el día.
Y yo acepto todos los argumentos que me quieras decir sobre el tema de mejorar el estilo de vida y prosperar en todo, créeme, yo te los compro todos. Pero necesitamos entender que la enseñanza más valiosa que ellos podrán aprender en la vida, no será del instructor más caro sobre una disciplina específica; sino sobre el tipo de vida que Jesús vino a mostrar, pagando él, el precio más alto para que nosotros fuéramos merecedores de ella.
Padres, entendamos algo, tanto mis hijos como tus hijos, no están interesados en saber el balance total al mes de todo lo que pagamos o invertimos en ellos, ellos están interesados en tenernos a nosotros y que lo que nosotros les transmitamos sea nuestra vida. ¿cómo, mi vida… a pesar de…? Claro, tu vida y mi vida es más valiosa que todo lo que ellos puedan aprender con otras personas, pues es una vida comprada, lavada, redimida y puesta en un nuevo camino por un Padre amoroso, que trabaja en nosotros día con día para que nuestra apariencia, caminar, hablar, mirar, tocar, pensar y sentir sea a la de su Hijo.
Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. (Mateo 5:48)
Porque por una ofrenda El (Jesús) ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados. Y también el Espíritu Santo nos da testimonio; porque después de haber dicho:
ESTE ES EL PACTO QUE HARE CON ELLOS
DESPUES DE AQUELLOS DIAS-DICE EL SEÑOR-
PONDRE MIS LEYES EN SU CORAZON,
Y EN SU MENTE LAS ESCRIBIRE,

añade:
Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES.
Ahora bien, donde hay perdón de estas cosas, ya no hay ofrenda por el pecado. (Hebreos 10:14-18)
Entonces, si Dios, nuestro Padre, nos ha hecho perfectos, ¿por qué no caminamos en esa perfección día con día y con ella enseñamos a nuestros hijos?. Los enseñamos a que aprendan una técnica que es una sombra de su futuro y que se perfeccionen en ella, pero no los enseñamos a ser perfectos en “la técnica” suprema que es la búsqueda del corazón de Dios, de acercarse diariamente con el Padre a buscar el oportuno socorro para cada área de la vida, de hecho, para efectivamente encontrar la vida, SU VIDA.
Y digo una sombra de su futuro, porque el futuro de tus hijos y mis hijos (como el nuestro) no es una profesión, una carrera exitosa en una buena empresa o el reconocimiento mundial por alguna expresión de arte o deporte. Nuestro futuro es la manifestación gloriosa como hijos de Dios y con esto que anunciemos la Gloria de aquel que es nuestro Padre, su Hijo nuestro Salvador y su Espíritu nuestro Ayudador.
En el pasaje donde Jesús sana a el hijo de un funcionario, que podemos leer en Juan 4:43-54; este funcionario suplicó por un milagro de sanidad en la vida de su hijo, Jesús le dio una respuesta con una instrucción y el hombre creyó en las palabras de Jesús (Verso 50) y al llegar a su casa – supongo que estaba toda su parentela pues el hijo estaba moribundo – y constatar que su hijo estaba sano por las palabras de Jesús, TODA SU FAMILIA FUE SALVA, CREYERON EN JESÚS (Verso 53 – mayúsculas agregadas).
Padres creamos en las palabras de Jesús, El vino a abrir el camino que nos lleva y acerca al Padre, por lo tanto, ¿por qué ser diligentes en llevarlos y pagar tantas clases extras por aquí y por allá pero no enseñar a nuestros hijos en casa a buscar el rostro del Señor?, ¿por qué ser diligentes en sentarnos con ellos, en ocasiones horas, a hacer tareas pero no 15 minutos para tener una enseñanza y un devocional?
La respuesta es clara y sencilla, no vemos como el padre de Juan 4 la condición de muerte de nuestros hijos, no suplicamos a Jesús por vida para ellos y en el peor de los escenarios no creemos en las palabras de vida de Jesús.
Y si no crees en la condición de muerte que rodea a nuestros hijos, una noche ve el noticiero, mira las novelas creadas para ellos o escucha la letra de las canciones escritas para su generación e incluso las nuevas caricaturas, a donde los lleva es a la muerte.
Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte (Proverbios 14:12).
Nosotros como padres, al buscar de forma vehemente y creer - no sólo conocer - las palabras de Jesús, hacemos la diferencia de vida o muerte para nuestras familias. Tú y yo somos reyes y sacerdotes, y un rey establece justicia y un sacerdote ministra a Dios con el objetivo de traer vida al pueblo. Nadie fuera de casa puede hacer esa función, ni siquiera el hecho de llevarlos a la iglesia.

Este trabajo, si leemos Deuteronomio 6, nos corresponde a nosotros, sí a ti y a mí – los padres – así que seamos diligentes en lo que nos toca, busquemos a Dios de manera vehemente, enseñemos a nuestros hijos en la vida de Dios y recordemos que: ¡cuando el padre vive, la familia vive!”.

©2008. AMÉRICA NUEVA, MÉXICO