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Tiempo con Dios: ¿Cuándo fue la última vez que estuvo con Dios cara a cara?
         




 
 

La Iglesia cristiana se ha olvidado de que esto es lo que le da vida; no los programas, los cursos, la enseñanza, la ayuda a la comunidad, los congresos, etc. Todo eso está bien, pero no es el motor que le sostiene.
Lo más importante, es que cada creyente tenga su Tiempo con Dios cada día. Eso hará la gran diferencia en todas las cosas. La Iglesia entrará definitivamente en ese gran avivamiento que todos esperamos.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer (Juan 15:5). Ésta es una declaración de Jesús determinante y absoluta: separados de Él nada podemos hacer. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo permanecer en Él? ¿Por qué no podemos tener ese Tiempo con Dios cada día? Existen muchos factores que lo impiden, pero creo que ha llegado el momento de que nos demos cuenta de que sin eso no llegaremos a nada. Sí, haremos cosas, porque el Espíritu Santo se está derramando por la extraordinaria gracia de Dios sobre nuestras vidas; pero todo puede caer si no buscamos el rostro del Señor de una manera personal.
En nuestro ser existen dos áreas muy definidas; así fuimos creados. Dos naturalezas: la material y la espiritual. También dos deseos: el deseo de la carne y el deseo del espíritu. Dice la Escritura: Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis (Gálatas 5:17). En nuestro ser existen estas dos inclinaciones y se oponen entre sí. Es por tal razón que a veces perdemos el interés por las cosas espirituales, porque somos vencidos por las inclinaciones de la carne. La única manera de enfrentar este problema es pasar Tiempo con Dios. Hemos escuchado que la oración es la respuesta a todo, que la oración es el vínculo que une a los creyentes, que la oración es el poder que desata la bendición de Dios para su pueblo. Esto es absolutamente la verdad. Necesitamos orar, pasar Tiempo con Dios.
El libro Tiempo con Dios de cada mes es tan sólo una herramienta que nos ayuda para tener nuestro devocional diario con el Señor. Al mismo tiempo, es una herramienta poderosa, pues contiene los elementos necesarios para ayudarnos en nuestro diario vivir y en nuestro crecimiento espiritual, todo esto basado en la Palabra de Dios. Tiempo con Dios produce en nosotros entendimiento de la Palabra, pues al meditar y reflexionar en ella, recibimos revelación de la misma, convirtiéndose en una Palabra revelada y entendida por la acción del Espíritu Santo. Jesús nos lo ejemplifica así: Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los Cielos (Mateo 16:15-17).
Necesitamos buscar el rostro del Señor, pues es ahí, en su presencia, donde su Palabra nos es revelada, haciéndose carne en nosotros para vivirla, en especial en ese mismo día en que nos acercamos a ella.
La segunda cosa que produce en nosotros Tiempo con Dios es arrepentimiento, pues esto es lo que trae consigo la Palabra de Dios. Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta (Hebreos 4:12-13).
Al estar expuestos a la Palabra de Dios y a la presencia de Él mismo, tenemos el privilegio y la oportunidad de derramar nuestro corazón delante de Él para recibir perdón. Lo tercero que produce es restauración. El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya (Isaías 61:1-3). El Señor Jesús vino a cumplir cada una de las cosas que se mencionan aquí; así que, no existe nada que no pueda ser restaurado en Él.
Por último produce crecimiento espiritual. Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13). Todo creyente recibirá mayor crecimiento espiritual, cuando busque de una manera personal y única el rostro del Señor. Las respuestas a su necesidad las recibirá de primera mano, del mismo Señor y Dios. Será un hombre, una mujer, bien preparados para la enfrentar la vida y la obra del ministerio.

© 2008. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.

ERNESTO ALONSO DELGADO