Artículo
 
 
Juan Wesley y el avivamiento metodista (SEGUNDA PARTE)
         



 
 

Como lo mencionamos en el artículo anterior, Juan Wesley, al igual que su hermano Carlos y sus colaboradores, nunca desearon romper con la Iglesia de Inglaterra. Por ende, entre los años 1738 y 1784 organizaron lo que llamarían “sociedades metodistas”, las cuales eran dirigidas por predicadores laicos que más tarde tuvieron que ser ordenados por los Wesley ante la negativa de la Iglesia anglicana por considerarlos no aptos para tal propósito. Estas sociedades seguían mucho el sistema que usaban los moravos y consistían de estudios bíblicos de once miembros y un predicador laico.
Debido al gran auge que tuvieron estas sociedades, el Metodismo creció en gan manera, y fue necesaria la capacitación de más líderes para alimentar espiritualmente a tanta gente que se unía al movimiento. Sobre un determinado número de “sociedades”, que formaban un “circuito”, Wesley estableció un ayudante o supervisor al que el Metodismo identificaría como “superintendente” (y más tarde como obispo). En 1744 se tuvo la primera conferencia anual de predicadores en Londres, y para 1784, debido al gran crecimiento del movimiento en las colonias de Norteamérica, Wesley ordenó a predicadores metodistas con autoridad para bautizar y celebrar la cena del Señor. Así fue como a la postre se dio la división con la Iglesia de Inglaterra y se organizó la Iglesia Metodista Episcopal en Norteamérica. Sin embargo, Wesley seguía insistiendo en Inglaterra continuar con el movimiento bajo el Anglicanismo.
Quizás la más importante contribución de Juan Wesley a las generaciones que vendrían después de él fue su énfasis en la llamada “segunda obra de gracia” o la santificación total para el creyente. Wesley enseñaba que, después de la obra de regeneración a través del nuevo nacimiento, el creyente debe buscar una segunda experiencia de gracia a la que él denominaba también “perfección cristiana” o “completa santificación”. Con esto no se refería a una perfección ausente de todo pecado, sino a una experiencia a través de la cual el creyente es lleno del amor de Dios, de tal manera que el poder del pecado es roto y el resultado es una vida de verdadera santidad. Wesley creía que un creyente que ha experimentado esta obra de santificación podía aún cometer errores y pecados; sin embargo, estos estarían relacionados con su mente carente de buen juicio y su falta de sabiduría para tomar decisiones correctas en vez de brotar de un corazón que voluntariosamente sigue decidiendo pecar. La escritura en la que Wesley se apoyaba es Hebreos 12:14, que dice: ...seguid la paz con todos y la santidad (santificación) sin la cual nadie verá al Señor.
El concepto de una segunda obra de gracia, subsecuente al nuevo nacimiento, no había sido enfatizado en la Historia de la Iglesia desde el Siglo IV. Por lo tanto, la contribución de Wesley no sólo afectó al Cristianismo de su generación, sino que fue un factor preponderante que influyó a las iglesias de santidad que brotaron del Metodismo y prepararon el terreno para el movimiento pentecostal de fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX. Por esta razón, el historiador contemporáneo, Vinson Synan, identifica a Juan Wesley como el padre del movimiento pentecostal moderno.
Juan Wesley murió en 1791, y después de muchos conflictos, tanto en Inglaterra, como en los demás países donde se extendió el Metodismo, las iglesias funcionaron ya separadas de la anglicana. Los resultados de este movimiento profundamente evangélico fueron tremendos. En Inglaterra la Iglesia Anglicana respiró aire fresco y reactivó el fuego evangelístico desde sus dirigentes. Renovó también el celo de los bautistas ingleses y así mismo impulsó su movimiento misionero moderno. En Norteamérica, el movimiento elevó el avivamiento ya empezado y dio como resultado lo que Estados Unidos reconoce como su “Primer gran avivamiento” (Despertar) nacional. Una fase nueva y significativa del Metodismo en el Siglo XIX fue el Ejército de Salvación, fundado por William Booth. Este movimiento wesleyano en menos de medio siglo afectó a sociedades enteras (la inglesa y la naciente sociedad norteamericana). Regeneró la vida de estas naciones, trayendo una convicción espiritual y moral a las ciudades.
Desafortunadamente, y como ha sucedido con otros movimientos del Espíritu, en sus inicios el Metodismo tuvo un fuego ardiente, pero después de un tiempo disminuyó su celo y el movimiento cayó en institucionalismo, ortodoxia y fría religiosidad. Hoy en día existen incluso ramas del Metodismo que se han alejado tanto de sus orígenes que han abrazado abiertamente conductas homosexuales, ¡aún entre sus mismos dirigentes! El pastor Bill Johnson de Redding, California, expresó recientemente que cuando un avivamiento del Espíritu decrece perdiendo su fervor original en las generaciones siguientes, provoca un vacío que normalmente es llenado por doctrinas heréticas que terminan siendo una burla a lo que fue ese avivamiento en sus inicios.
Que Dios nos dé la sabiduría para aprender de estos ejemplos y evitar así el repetir los mismos errores que afectan siempre a las generaciones que vienen después de nosotros.

© 2008. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.