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Si lo ha hecho con nosotros, lo hará también contigo
         




 
 

José Luís Calva, autor reconocido en el área de la educación, dice que la productividad y la riqueza de las naciones son aspectos determinados por el desarrollo de las habilidades de sus ciudadanos. Por eso, las inversiones en educación, capacitación, investigación científicotécnica e innovación tecnológica destacan entre las más cuantiosas asignaciones de recursos que las naciones pueden hacer para la construcción de su futuro.
De hecho, la atención de todas estas áreas es la base del éxito económico de las naciones, ya que constituye un componente fundamental para elevar la eficiencia y generar empleos cada vez mejor remunerados. Por tanto, ambos factores son cruciales para que México logre cerrar las brechas de productividad, ingreso y calidad de vida que nos separan de los países industrializados.
Esta perspectiva está bien, pero omite lo que tiene que suceder en las familias y el desarrollo de las mismas. Casi todos los sistemas educativos de todos los países del mundo analizan sus posibilidades a partir de la preparación académica del individuo, omitiendo la más importante: su preparación y desarrollo en casa. Estos sistemas educativos están dirigidos para satisfacer las necesidades de un sistema productivo económico vigente en un país y considera las tendencias mundiales para preparar individuos que se integren a este sistema al egresar de la escuela. Actualmente, en las empresas nos encontramos con personas preparadas en el área técnicocientífica, pero también encontramos a muchas carentes de los principios fundamentales de la existencia, generando un ambiente hostil y de mucho estrés laboral; lo lamentable es que esto va en aumento cada día.
¿Entonces quien invertirá en la educación de una persona antes de que llegue a la edad escolar? ¿Quién continuará esta inversión durante los años de desarrollo de sus vidas hasta culminar una preparación profesional? ¿Se tiene que invertir sólo dinero?
Un dicho mexicano muy bueno dice: “La educación se mama en casa”. Por supuesto, una persona se educa en la familia, pero para ésta no hay programas de superación ni inversiones cuantiosas. La inversión principal y gratuita (Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe... -Efesios 2:8-9-) la realiza la Iglesia de Cristo, porque el primer interesado en que una persona se desarrolle en todos los aspectos, encuentre su propósito para vivir, esté contento y feliz es nuestro Creador. Para esto ha diseñado un operativo impresionante llamado “Iglesia” para que aquí se dé educación continua útil para cada día de nuestra existencia.
Porque Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis (Jeremías 29:11).
Los gobiernos están interesados en el desarrollo de destrezas para la producción de riquezas. El Reino de Dios está interesado en el desarrollo de nuestras vidas, primeramente para estar contentos y segundo para ser de bendición para el Reino de Dios, para encontrar nuestra posición en el Cuerpo de Jesucristo y en nuestra sociedad; eso es extraordinario.
Recientemente nuestro pastor Ernesto Alonso nos mostró unos vídeos de su último viaje a Corea del Sur en noviembre pasado; estos muestran pintores, cantantes de ópera, niños, y cuenta de muchos empresarios que expuestos al sistema educativo y personal del Cielo están impactando a su sociedad en el lugar que Dios los ha colocado. No ejercen un ministerio como tradicionalmente conocemos; son hombres y mujeres que Dios se ha encargado de llevar de la mano para que alcancen su posición en el Cuerpo de Cristo, y también para que sean de gran influencia en el medio donde se desenvuelven. De esta manera alcanzan plenitud y felicidad.
Estamos llegando al tiempo de la movilización de los santos, pero no en la Iglesia solamente, sino hacia afuera; por medio de gente con gran potencial y carisma, con la presencia de Dios en sus vidas, contribuyendo a la educación a la cual las escuelas no pueden llegar. Esa educación espiritual es la base fundamental para el desarrollo de un país en todos los sentidos.
Imaginémonos que cada uno nos sintamos contentos y felices desempeñando la función que nos tocó realizar, sin quejas, sin problemas de identidad, sino prestos para que desde allí, al estar felices, que todo mundo nos pregunte: “¿Qué tienes?”, “¿Cómo le haces?”. Y sólo digamos: “¿Lo quieres? Tómalo, recíbelo. Te doy al que transforma vidas. Si lo ha hecho conmigo, lo hará también contigo. Tu vida será totalmente transformada y alcanzará el fin que esperas, lleno de felicidad y de paz”.

© 2008. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.