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Escuela para Padres: Introducción a la nueva sección
         





 
 

Iniciar algo siempre produce expectativa. Para nosotros, comenzar esta sección de Escuela para padres dirigida a aquellos que tienen hijos de 7 a 12 años, es primeramente un gran reto, una oportunidad y nos produce una verdadera expectativa (no sólo por lo que podamos escribir, sino por todo lo que podamos aprender juntos, como padres).
Además, abordar temas de la familia a la luz de los principios, enseñanzas y ejemplos de la Biblia siempre es una excelente oportunidad para permitir que el Espíritu Santo trabaje en nuestras vidas y en la de nuestros hijos.
Nuestro deseo es que, bajo la revelación de la Palabra de Dios, nuestras familias puedan vivir mejor y alcanzar los niveles de bendición que Dios ha diseñado para cada uno.
Pretendemos hacer de esta sección una serie de enseñanzas que nos llevarán a lo largo de este año, mes tras mes, a lograr un mejor entendimiento de los principios bíblicos que podemos establecer al interior de nuestras familias, para lograr que nuestros hijos sean los hombres y mujeres que Dios anhela que sean.
Tener hijos, ser padres o ser madres no es un asunto sobre el que Dios improvise; Él tiene muy claro cuál es el fin de esto. En el libro de Salmos podemos leer que Dios anhela que tener hijos e hijas debe ser un asunto que nos traiga bendición, que nos llene de bienaventuranzas: He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta (Salmos 127:3-5). Por ningún motivo Dios espera que nuestros hijos sean motivo de tristeza, desesperación, o peor aún, vergüenza; Él desea que nuestros hijos e hijas sean nuestro orgullo, un motor de bendiciones dentro de nuestro hogar y hacia fuera de él.
Por sobre todo, Él espera que nuestros hijos sean herederos de la salvación que Él mismo, a través de su hijo Jesucristo, ha extendido a todo aquél que cree en Él. Génesis 17:7 dice: Y estableceré mi pacto entre Mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.
Hay muchas cosas que hemos soñado para nuestros hijos, y estamos seguros de que la mayoría de los padres tienen el mismo deseo; de hecho, podríamos decir que el esfuerzo que cada padre y madre realiza a diario está, estrechamente, relacionado a lo que deseamos que ellos sean y a las oportunidades de las que deseamos rodearlos. No obstante, el anhelo más grande de nuestro corazón es que por sobre todo ellos puedan llamarse a sí mismos hijos de Dios. A la edad de 7 años un niño ya tiene todo lo que se necesita para decidir creer en Dios y seguirle; a la edad de 12 años un adolescente tiene todo lo que se necesitar para vivir su propia fe; por eso es tan importante que en esta etapa les brindemos las herramientas para que realmente conozcan al Dios de su salvación.

DIOS PIENSA EN FAMILIA
Ciertamente la relación y el conocimiento de Dios es un asunto individual. No podemos asumir que por el hecho de que nosotros hayamos tomado una decisión por seguir a Cristo nuestros hijos e hijas ya sean cristianos. La fe es un asunto individual, y nace del corazón de cada persona; de hecho, cuando hablamos con adolescentes y jóvenes, hijos de padres cristianos, sobre la trascendencia de tomar su propia decisión por seguir a Cristo, les hemos dicho que Dios se presenta a Sí mismo como Padre; nunca como abuelo.
Esto implica que, podríamos ser las personas más espirituales del mundo, más cristianas y llenas de fe que ninguna otra; pero nuestros hijos e hijas deberán tomar, por sí mismos, la decisión de entregar su corazón a Jesucristo.
La fe no se hereda; se transmite. No es como un bien material que pasa de generación en generación; es un asunto que debemos transmitir a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, por todas nuestras generaciones. Es importante que nos detengamos en esto, porque el error más grave que los padres podemos cometer es asumir que nuestros hijos heredarán nuestra fe, que el conocimiento y la salvación llegará sobre ellos por el simple hecho de vivir bajo nuestro techo. La Biblia nos enseña que esto no es, y que se requiere más que eso.
Es común en los jóvenes que han crecido en hogares donde sus padres son creyentes que respondan “Soy cristiano” cuando se les pregunta acerca de su fe; no obstante, realmente no tienen una revelación de quién es Dios, y tampoco una verdadera relación con Cristo. Algunos tienen muy bien aprendida la cultura cristiana, pero tal vez no la verdadera fe. Ciertamente, Dios nos otorga la salvación por gracia; pero es una elección que nuestros hijos deben asumir.
A los padres nos toca darles todas las herramientas para que su fe no encuentre obstáculos y sea firme, grande y poderosa en Él.
Sin embargo, es importante que sepamos que Dios piensa en familia... en nuestra familia: Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la Tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la Tierra... (Génesis 1:28). Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo (Génesis 6:18).
Hay un plan perfecto diseñado por Dios en el que se incluye a toda la familia, a los hijos, a los nietos y a las generaciones por venir. Cuando Dios establece los cimientos de la raza humana, no sólo se refiere a Adán y a Eva; habla sobre los hijos de ellos. Dios les indica a Adán y a Eva que llenen la Tierra, que se multipliquen, que se reproduzcan, que tengan hijos e hijas; puedes estar seguro de que si Dios sólo hubiera querido que existieran más personas, se podría haber sentado a hacer muñequitos del polvo de la Tierra y muñequitas de carne y hueso y soplar sobre ellos aliento de vida. Sin embargo, no fue así. Su deseo, su corazón, no sólo era llenar la Tierra, sino establecer los principios de la vida familiar; padres e hijos.
Dios estableció en el sexto día de la creación el principio de la vida en pareja y también de la vida en familia. Dios encarga a Adán y a Eva que transmitan a sus hijos la capacidad para señorear, para sojuzgar la Tierra y para seguir reproduciéndose. Si seguimos leyendo a lo largo del libro de Génesis, veremos que nuevamente Dios establece salvación pensando en familia. Él no salvó solamente a Noé del diluvió, sino que incluyó a toda su familia, a toda su descendencia; los llamó a salvación a través del arca.
Podemos seguir leyendo a lo largo de la Biblia y encontraremos a Dios pensando en familia. Eso es muy importante, porque cuando Dios llama a los padres a salvación, es porque también está pensando en los hijos. Nuestros hijos están incluidos en el plan de salvación de Dios; nuestros hijos están sembrados en el corazón de Dios, y en esta verdad los padres debemos descansar.
El llamado a salvación que ha venido sobre nosotros está vigente para nuestros hijos; pero en lo que no debemos descansar es en pensar que ya no hay nada por hacer para que ellos respondan al llamado. En lo que no debemos descansar es en orar a favor de nuestros hijos, en declarar la Palabra sobre ellos; cada mañana declara que tus hijos, que tus hijas, serán como árboles plantados junto a corrientes de aguas, que dan su fruto en su tiempo, que su hoja no cae y que todo lo que hagan prosperará: Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará (Salmos 1:3).

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OCTAVIO Y LITZAJAYA HERRERA