Muchas veces estamos tan acostumbrados a considerar como real sólo aquellas cosas que podemos identificar con nuestros cinco sentidos, y esto se debe a que fuimos constituidos para operar de esta manera en el terreno natural.
Sin embargo, así como fuimos constituidos de sentidos para operar en lo natural, también fuimos diseñados para reconocer como reales las cosas que nuestros sentidos naturales no perciben.
Cuando el Espíritu Santo viene a morar en nosotros, recibimos sus dones inmediatamente, y entre ellos está contemplado el don de fe; es nuestro más fuerte “sentido espiritual” para poder creer. El problema radica en que la mayoría de las veces sólo operamos en un 50% de nuestra capacidad; es decir, solamente ocupamos nuestros sentidos naturales, pero no los espirituales, y esto nos lleva a una condición equivocada en cuanto a la percepción que podamos tener de nuestro entorno.
Por ejemplo, si somos personas que solamente operamos en lo natural, jamás podremos “ver” lo que nuestros ojos no pueden ver (las cosas invisibles que Dios creó, como la sanidad, la libertad, etcétera).
La Biblia claramente dice que el que se une al Señor, un Espíritu es con Él. Esto es una realidad, el problema es que no lo vivimos, porque operamos sólo en lo natural.
Cada uno de nosotros tiene un depósito de fe dentro, pero si decidimos creer solamente en lo que vemos, o considerar como cierto o real sólo lo que naturalmente percibimos o alcanzamos a razonar, estamos sofocando la fe que hemos recibido. Es un gran riesgo operar de esta manera en los tiempos clave que vivimos, pues eso puede llevarnos a perder “de vista” el poder de Dios que está moviéndose por todo el mundo.
El Señor nos enseña claramente en Hebreos 11:6: Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan (V. D. H. H.). Notemos que hay una clave aquí, la frase que dice: “Uno tiene que creer que existe”. Jesús dijo: “Al que cree, todo le es posible”.
Ahora bien, es cierto que la fe opera mediante nuestro razonamiento, pero debemos cuidar que dicho razonamiento esté supeditado a nuestro don o sentido de la fe y que no suceda lo contrario. Por ejemplo, si queremos razonar en cuanto a las sanidades físicas, diríamos: “¿Qué de extraño tiene que una persona sane si Dios es sanidad?”, “¿Por qué no creer que la sola presencia de Dios, acompañada de la fe de una persona, produzca sanidad total?”; más aún: “Si Dios tiene todo el poder y ama a sus hijos, ¿no es lógico y razonable que quiera verlos sanos? Si un padre de familia tuviera el poder de sanar toda enfermedad, ¿no sanaría a sus hijos cada vez que enfermaran?”. Suena lógico entonces que los hijos de Dios estén siendo sanados, ¿o no?
Cuando nuestro razonamiento está alineado a la voluntad de Dios, no tendremos conflicto alguno para creer. Si deseamos vivir al cien por ciento, operando con nuestros sentidos, tanto naturales, como espirituales, debemos creer que el Espíritu Santo que mora en nosotros nos ha dado FE, y lo único que hay que hacer es dejarla emerger. ¿Cómo? CREYENDO en todo lo que Dios está haciendo en la Iglesia y en el mundo entero.
Debemos tener precaución, porque nuestra mente es experta en desechar todas aquellas cosas que no entiende, y si no cuidamos esto, podemos convertirnos en cristianos especialistas en incredulidad. Es por eso que no podemos dejar a elección de la mente lo que vamos a aceptar como verdad.
Es sumamente importante que entendamos que CREER es una decisión, y que no es algo que la mente pueda registrar (debido a su limitada capacidad de comprensión en cuanto a la grandeza de Dios), sino que es por medio de nuestra fe que vamos a creer. ¿Nos damos cuenta? De esta manera operaremos al cien y con todos nuestros sentidos; ten por seguro que no sólo veremos naturalmente la obra majestuosa de Dios, sino que la percibiremos en nuestro hombre interior, y más aún, seremos ejecutor de grandes prodigios, pues Él prometió: Más tarde, Jesús se apareció a los once discípulos, mientras ellos estaban sentados a la mesa. Los reprendió por su falta de fe y su terquedad, ya que no creyeron a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, obtendrá la salvación; pero el que no crea, será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes; y si beben algo venenoso, no les hará daño; además pondrán las manos sobre los enfermos, y estos sanarán.
Son tiempos cruciales los que estamos viviendo, y para ser parte activa de ellos, necesitamos desechar toda la incredulidad, el cuestionamiento, e incluso el razonamiento natural independiente de la fe. No podemos quedarnos en lo que la mente entiende. Es el momento de andar por fe y no por vista para que podamos alcanzar el estilo de vida que la Iglesia nueva debe vivir.
Lo que hasta hoy hemos visto no es del todo el diseño que Jesús dio a la Iglesia, y sólo lo veremos si creemos que nuestra forma de vida es sobrenatural, tal como lo es el Reino.
Dios nos está permitiendo ver la operación de su poder, no debemos permitir que la incredulidad o el razonamiento nos impidan disfrutar de todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor.
© 2008. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.
ADRIANA JARAMILLO