Hemos terminado un año y empezamos otro. Algunos dicen que la vida se va volando. Otros que pasa muy lento para poder sobrellevarla.
Ciertas personas hacen recuento de los propósitos de año cumplidos y de los no cumplidos. Algunos se sienten frustrados por no haber logrado algunos de esos propósitos. Unos más, quizás, hasta se sienten desanimados al empezar este nuevo año.
Sin embargo, yo digo: “Decidámonos de una vez”. Podríamos preguntar: “¿A qué?”. ¡Decidámonos a caminar con Dios! Esto nos incluye a todos. Los que somos creyentes y que hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador, empezando con esto una nueva vida, podemos estar en la misma condición que aquellos que no le conocen.
Sin embargo, para ambos es este anuncio: Decidámonos de una vez por todas a caminar con Cristo. Todo propósito fuera de éste es secundario. No obstante, todos se pueden cumplir si primero nos decidimos a caminar con Dios. Si algo podemos desear para este nuevo año es que podamos tener una relación personal y única con Él.
El acercamiento a la presencia de Dios y a su trono, con toda seguridad, nos traerá las respuestas tan anheladas a nuestras interrogantes, preocupaciones y aflicciones. Podemos hacer una larga lista de propósitos de año nuevo y podemos proponernos metas a corto, mediano y largo plazo; pero nuestro primer propósito y más importante que sea siempre permanecer cerca del Señor cada día.
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los Cielos y en la Tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la Iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén (Efesios 3:14-21).
Busquemos al Señor como propósito primordial en este año para poder conocerle a Él y a su amor; para ser llenos de toda la plenitud de Dios y así esperar que todas las demás cosas o propósitos se realicen más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. A Él sea la gloria. Felicidad y paz en este año 2008.
© 2008. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.
Ernesto Alonso Delgado