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Un año de esperanza
         

 
 

Estamos iniciando un nuevo año, al que he llamado “Un año de esperanza”. Puedo pensar que será así por la manera en que hemos terminado el 2007 y por cómo empieza este 2008. Las condiciones que hoy vivimos son muy diferentes a las que teníamos hace poco más de un año.
El inicio de 2007 fue muy incierto; no sabíamos, con certeza, lo que sucedería. El primero de diciembre de 2006 acababa de empezar un nuevo gobierno, y todo el año siguiente fue de una incertidumbre tremenda en cuanto a la vida política de esta nación. Ese 2006 fue de campañas políticas salpicadas por ataques, insultos y problemas. El país terminó con la toma de posesión de la presidencia más controvertida de las últimas décadas.
Por todo lo anterior y más, el 2007 no pintaba muy bien que digamos; no obstante hoy, comenzando este año, sólo nos queda dar gracias a Dios por todo lo que pudimos ver y vivir en el anterior y tomar con una fuerte esperanza este nuevo que viene.
Parece ser que sí se pueden hacer cosas que en el sexenio anterior no se lograron. Existe una gran estabilidad económica, se están consiguiendo negociaciones y acuerdos entre los actores políticos de la nación; se puede decir que se van sentando bases para alcanzar metas en diferentes áreas tan necesarias en el país.
Sin embargo, a todo esto, ¿qué papel tiene la Iglesia cristiana? Podemos decir con toda seguridad que la Iglesia cristiana tiene el poder de transformar la nación entera. Estamos convencidos de que la verdad de la Palabra de Dios triunfará sobre la mentira; que la luz que emana de ella echará fuera todas tinieblas; que el poder del Espíritu Santo nos impulsará para establecer el Reino de Dios, nos mantendrá viviendo en Él y nos capacitará para que se extienda de norte a sur y de este a oeste de esta amada República Mexicana.
Cuando el Señor Jesús vino a la Tierra, Él dijo: Y yendo, predicad, diciendo: El Reino de los Cielos se ha acercado (Mateo 10:7). Hoy, más que nunca, el Reino de los Cielos se ha acercado a este amado México. Estamos viviendo el cumplimiento de palabras proféticas proferidas hace décadas sobre esta nación. Dios tiene sus ojos puestos aquí y está extendiendo gracia y misericordia, pues existe un gran propósito para la Iglesia: salvación, crecimiento, madurez y misiones.
La Iglesia tiene el trabajo primordial de llevar el mensaje de salvación a todos los rincones de esta nación. La Iglesia ya se ha establecido, se ha fortalecido y tiene la capacidad de crecer exponencialmente. También tiene que madurar, para que todos sus miembros puedan ser utilizados por Dios para la obra tan grande que está por delante.
Por último, la Iglesia debe tener una urgencia por las misiones, tanto locales, nacionales y a todo el mundo. Para el año 2025, siguiendo la tendencia de crecimiento actual, habrá veinticinco millones de cristianos evangélicos en México. Esto representará aproximadamente el 20% de toda la población. Menciona el apóstol Pablo: Un poco de levadura leuda toda la masa (Gálatas 5:9). Esto quiere decir que la influencia de la Iglesia será como la levadura que leude toda la masa restante del país. Que la Iglesia, ya desde ahora, sea de influencia en todas las áreas de la vida social de nuestra nación; que en la cultura, las artes, la educación, las comunicaciones, la economía, la política y los deportes haya levadura de cristianos, trayendo una influencia positiva en todas esas áreas. La Iglesia cristiana tiene el poder de transformar la nación entera. Tenemos por delante un año de esperanza.
Hace unos cuantos días estaba compartiendo con la congregación y le hacía la siguiente pregunta: “¿Cuántos consideran que la única esperanza para México es el Señor Jesús?”. La respuesta obvia no se hizo esperar y todos los presentes levantaron la mano para afirmar que así era. Después hice otra pregunta obligada: “¿Cuántos de ustedes aman a México?”. Otra vez, la respuesta fue unánime y afirmativa: todos amaban a México. Hice otra pregunta: “Entonces, ¿quién les llevará el mensaje de Cristo a los demás?”. La respuesta también fue unánime: Nosotros.
Así es. La única esperanza que tiene este país es Jesús, y los únicos que podemos llevar esta esperanza somos nosotros, los creyentes, aquellos que ya disfrutamos de la vida en el Reino de Dios.
La Iglesia se tiene que movilizar para alcanzar a aquellos que no conocen al Señor Jesús, pero también para que puedan introducirlos en la vida del Reino; esto es, para establecerlos como creyentes fieles en las diferentes congregaciones, y que a su vez, puedan crecer y madurar, para llevar el mensaje de la nueva vida en Cristo Jesús a todos los demás.
Queridos lectores, si realmente amamos a esta nación y estamos convencidos de que la única esperanza para México es Cristo Jesús, entonces, ¿qué vamos a hacer? La respuesta no la tienen los políticos, los empresarios o las religiones. La tienen los cristianos, la Iglesia.
Cada uno de nosotros tiene un radio de influencia conforme a las actividades que desarrollamos cada día, ya sea en el trabajo, la escuela, la casa, etc. En ese radio de influencia, ¿realmente estamos anunciando con nuestra vida, actitud, carácter y comportamiento que Jesús es la única esperanza? Porque si verdaderamente amamos a México, así tiene que ser. Tenemos que ser mejores en todo, y no porque esto sea una carga que se nos imponga, sino porque tenemos a Cristo, tenemos la Palabra de Dios, y sobre todo tenemos al Espíritu Santo.
La excelencia tiene que ser nuestra norma en todas las áreas de nuestra vida. Si verdaderamente amamos a México, tenemos que mostrarlo con hechos, siendo mejores hombres y mujeres, mejores ciudadanos, esposos y padres; pero sobre todo, tenemos que entender que si la única esperanza para esta nación es Jesús, entonces hay que anunciarlo por todas partes.
Necesitamos anunciar, extender y establecer el Reino de Dios. Este es un año de esperanza. El apóstol Pablo nos dice: ...porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Romanos 10:13-15). Estos son los tiempos de anunciar la paz y las buenas nuevas. El Reino de los Cielos se ha acercado. Jesús nos dice lo siguiente: Otra parábola les dijo: El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado (Mateo 13:33). Todo México será leudado por el mensaje de paz y de las buenas nuevas; será leudado con la presencia de cristianos en todas las áreas de nuestra vida social. El Reino de Dios de justicia, paz y gozo llegará. Tenemos esperanza.

© 2008. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.

ERNESTO ALONSO DELGADO