Cuando mi familia se trasladó de España a Italia nos sobrecogió una gran emoción, primeramente por el desafío como misioneros a este país y también por la nueva cultura a la que estábamos por entrar. Al principio todo nos pareció muy bonito, el paisaje, la montañas, la gente simpática, la arquitectura de Nápoles, aún lo feo nos parecía gracioso a nuestra llegada. Pasaron algunas semanas y nos dimos cuenta que algo no estaba funcionando bien, las cosas no estaban saliendo como lo habíamos planeado; la gente no nos entendía o mal interpretaba nuestras buenas intenciones, cometíamos errores al comer, al saludar, al hablar, parecíamos unos niños de kinder aprendiendo el A,B,C. No pasó mucho tiempo cuando empezamos a sentir frustración y un sentir de impotencia ante la nueva cultura, empezamos a ver sus defectos y a reprochar sus formas así como sus costumbres, lo feo ya no nos parecía tan gracioso.
A esta experiencia que vivimos en Italia se le llama “choque cultural”. Este término no lo va ha encontrar en la Biblia pero existe, en sí este término apareció por primera vez en los años de 1950 en una convención misionera. Este síndrome no lo sufren sólo los misioneros, sino toda persona que se traslada de su lugar de origen a otro culturalmente diferente, puede ser también un empresario, un ingeniero civil, una monja, un emigrante, un obrero, toda persona que cambia y se mueve de su tierra natal a otra para establecerse. Me atrevo a decir que aún los nuevos matrimonios pasan por esta experiencia.
El choque cultural es el sentido de confusión y desorientación completa al trasladarse a una nueva cultura. Las conductas que usábamos antes no son aceptadas o consideradas normales en el nuevo ambiente. El recién llegado sabe sobrevivir menos en esa cultura que lo que sabe un niño del lugar. En otras palabras te la pasas haciendo el ridículo por un buen tiempo, hasta aprender las cosas elementales de la vida, como el hablar, saludar, hacer compras y muchas cosas más. Por ejemplo en México tenemos la costumbre de saludar a la mujer de beso en la mejilla y saludar al hombre con un apretón de manos y un abrazo si es amigo. En Italia no, a la mujer se le saluda con un apretón de manos y al hombre de beso ¡en ambas mejillas! Entonces imagínese cuando llegué al centro de rehabilitación Betel en Nápoles donde había unos 20 muchachos bigotudos y barbones, el saludo fue de a dos besos por cabeza, al quinto chico ya estaba yo de todos colores con un bochorno espantoso. Cuando llegó el turno de saludar a las damas quise saludarlas de la misma manera pero se echaban para atrás ¿Qué pasa? ¿Por qué huyen? luego entendí sus costumbres para saludar y las situaciones especiales para hacerlo.
En el choque cultural podemos identificar cuatro etapas; en primer lugar es la fascinación o etapa de turista, la segunda es la etapa de rechazo, la tercera la recuperación y la última podemos llamarla el choque de regreso o retorno.
La primera etapa se caracteriza por la fascinación romántica del nuevo lugar y la labor a realizar. Todo es nuevo y diferente, pero no te incomoda, al contrario, te parece novedoso y bello. La gente te respeta por ser recién llegado y te da una calurosa bienvenida. Al principio el idioma no es problema porque habrá alguien que traduzca y no se cansé de hacerlo (por el momento). Estás entusiasmado y eufórico por todas las cosas nuevas que encuentras, se puede decir que es una especie de luna de miel.
La segunda etapa es la de rechazo. La fascinación y el romanticismo terminan para dar lugar a ciertas crisis que son propias de la vida cotidiana. En esta etapa se presentan sentimientos de descontento, impaciencia, a veces rabia, tristeza, sentimiento de incompetencia. Empieza a ver una dificultad en la comunicación y el poder ser entendido correctamente. En Italia tuve la dicha de encontrarme en una cultura que es muy respetuosa con los errores lingüísticos, tanto que no se atreven a corregirte en el acto e intentan entender el concepto de lo que dices. En México somos muy crueles con los extranjeros, no perdonamos una, no solo nos reímos en el momento sino que nos burlamos, sin dar oportunidad a una amable corrección que pueda animar a proseguir su aprendizaje. Esto dificulta aun más la culturización del visitante.
Es importante no quedarse estancado o ciclado en esta etapa, si así sucede lo único que va a provocar es una mayor frustración que llevará a la crítica y a la murmuración de la nueva cultura. Al final terminará aislándose creando una mini-cultura o retirándose a su lugar de origen con un fuerte resentimiento en su corazón.
Si el misionero persevera sin rendirse ante las barreras que enfrenta al trasladarse a una nueva cultura, puede llegar a la etapa de la recuperación. En esta tercera etapa empieza a sentirse mejor, comienza a comprender la cultura y regresa a su vida un nuevo sentimiento de placer y de buen humor. Puede comunicarse con más confianza y la gente aprecia su esfuerzo. Cuando uno se adapta a una nueva cultura se vuelve una persona “bicultural”, es decir que trata con la variedad cultural asimilando el hecho de que la gente edifica culturas en formas diferentes.
Cada situación es particular, hay muchos factores que contribuyen a la duración del efecto del choque cultural y cada persona tiene su propia manera de reaccionar al proceso, por consecuencia algunas etapas serán más largas y más difíciles que otras.
En la próxima edición comentaremos sobre la cuarta etapa que es el choque de regreso, que a veces presenta mayores complicaciones que la experiencia de ida. También hablaremos de cómo enfrentar lo mejor posible el choque cultural y algunos beneficios que podemos obtener.
Bendiciones,
Ing. Armando García G.