Primera parte.
Nacido en el seno de una familia devota anglicana en Epworth, Inglaterra, Juan Wesley es sin duda la figura cimera del avivamiento espiritual que transformó la sociedad inglesa del siglo XVII. Su padre fue el rector de la parroquia anglicana de Epworth y su madre, Susana, fue una extraordinaria mujer versada en el hebreo, griego y latín. Susana crió a sus hijos no sólo enseñándoles las disciplinas académicas, sino además los caminos del Señor conociendo y aplicando sabiamente Su Palabra. Juan Wesley se graduó de Oxford con las calificaciones más altas de su clase y fue ordenado como sacerdote anglicano en 1728 a la edad de 25 años.
Desde sus días de estudiante en Oxford, Juan y su hermano Carlos fundaron un grupo de oración, ayuno y estudio de las Escrituras con el fin de buscar más de Dios. Este grupo era conocido como “el club santo” y también eran llamados “los metodistas” por su sistema metódico de búsqueda piadosa en las cosas de Dios. Sin embargo, a pesar de este sistema espiritual riguroso, Juan Wesley no obtuvo la paz que tanto deseaba para su alma. No fue sino hasta después de una temporada fallida de misiones que Wesley vivió en la colonia de Georgia, cuando de regreso en Inglaterra él experimentó la verdadera experiencia de salvación. La noche del 14 de mayo de 1738, mientras Wesley asistía a una reunión de una iglesia de moravos en Londres, él encontró esa seguridad de salvación que tanto había buscado. Juan Wesley escribió en su diario: “Sentí mi corazón extrañamente calentado. Sentí que confiaba en Cristo…sólo en Cristo para mi salvación, y una seguridad me fue dada de que Él había quitado mi pecado y me había salvado de la ley del pecado y de la muerte.”
Después de esta experiencia, el ministerio público de Wesley cambió por completo. Al predicar la justificación sólo por fe en Cristo Jesús, su impacto con la gente comenzó a crecer, aunque la jerarquía anglicana lo rechazó y censuró. Por esta razón, mientras las iglesias le cerraban las puertas, Wesley decidió imitar y practicar lo que su amigo Jorge Whitfield le recomendó: viajar a caballo por toda Inglaterra y predicar al aire libre. De esta forma, miles de personas se reunían para oírlo predicar y muchos eran convertidos radicalmente. Además, el Espíritu santo confirmaba la Palabra en estas reuniones con sanidades, liberaciones y diversas manifestaciones tales como el caer, temblar, llantos y risas incontrolables. En su diario, Wesley escribió con todo detalle sobre esta clase de fenómenos que ocurrían frecuentemente en sus campañas de predicación. En una ocasión, mientras Juan y su hermano Carlos caminaban por una pradera intentando cantar salmos de alabanza a Dios, Carlos comenzó a prorrumpir con risas y carcajadas y después de un rato el mismo Juan lo siguió con una risa que, según él escribe, “era incontrolable e irrefrenable forzándonos a no poder cantar ni una línea más.” Así como estas manifestaciones, Juan Wesley experimentó muchos milagros y sanidades con la gente y en su propia vida. En cierta ocasión mientras se dirigía a una reunión en la que iba a predicar, Wesley incluso oró para que Dios sanara a Su caballo (de nombre Dan) de una de sus patas, y Dios le respondió y ¡el caballo dejó de cojear! (además de haberle sanado a él del dolor de cabeza que le había provocado montar al caballo rengo).
Las manifestaciones sobrenaturales del poder del Espíritu no se limitaron a las reuniones evangelísticas que Wesley dirigió al aire libre. Estas también fueron parte de otros tantos líderes de los comienzos del Metodismo. Un historiador metodista del siglo XIX llamado Abel Stevens escribió sobre las manifestaciones sobrenaturales que ocurrían en las reuniones que dirigía John Berridge, colega y amigo cercano de Wesley. En éstas, la gente era tan abrumada por la presencia de Dios que caían al suelo y muchas de ellas no podían reprimir el llanto, los sollozos y los gemidos al ser redargüidas por el Espíritu Santo. Aunque en sus escritos Stevens no menciona la manifestación del hablar en lenguas, otros eruditos interpretan que éstas bien pudieron ser una parte muy común de la extraordinaria visitación que Dios obró durante el avivamiento Wesleyano.
John Wesley a menudo fue criticado por ser un líder con un exagerado “entusiasmo.” El ataque de ser “cargados de entusiasmo” no sólo fue hacia Wesley sino a todos sus seguidores, aludiendo que debido al favorecimiento de las experiencia espirituales subjetivas, ellos hacían a un lado la razón y las Escrituras. En respuesta a estos ataques, Wesley expresó siempre su creencia en la operación ininterrumpida de los dones y operaciones milagrosas del Espíritu a través de todas las épocas de la Iglesia. En su diario, él escribió que no hallaba en ninguna parte de la Escritura en la que se enseñara que lo milagroso y sobrenatural fuera confinado sólo al período apostólico.
Considerando lo anterior, una de las enseñanzas importantes que nos deja este extraordinario siervo Dios es que su apertura al mover fresco del Espíritu no lo hizo tomar una posición contenciosa ni con sus más fuertes opositores. Hasta su muerte en 1791, John Wesley permaneció considerándose como un ministro de la iglesia anglicana para traer bendición y renovación a la misma. Aunque el Metodismo más tarde funcionó separado de la iglesia anglicana, durante la vida de los Wesley este movimiento trajo un aire fresco y evangelizador a la iglesia de Inglaterra. Además, renovó el celo de los bautistas ingleses, impulso el movimiento misionero y contribuyó grandemente al primer gran despertar espiritual en las colonias de Nueva Inglaterra.
(CONTINUACION DE LA SEGUNDA PARTE EN EL PROXIMO NUMERO DE AMERICA NUEVA)
Roberto Torres D.