Desde el primer día que me convertí en madre y tuve a mi pequeño entre mis brazos, yo entendí que estaba recibiendo una encomienda de parte de Dios. Esa encomienda era hacer que mis hijos conocieran a Cristo por ellos mismos y le sirvieran. Era mi deseo, y lo sigue siendo porque he comprendido que ese es mi llamado como madre.
Cuando mi primer hijo era pequeño, recuerdo que era común que los oradores invitados que nos visitaban hablaran de sus luchas con sus hijos, de la rebeldía que vivían sus adolescentes o cuando habían pasado por un tiempo de prueba con ellos.
Mi corazón se dolía con ellos pero también se llenaba de temor. Yo no quería pasar por algo así, yo no quería que mis hijos se rebelaran o se apartaran del camino de Señor. Y tengo que confesar que por un tiempo todo lo que hacia con mi hijo, ya fuera sentarme a jugar con él y con sus soldados, leerle la Biblia, orar con él o dedicarle tiempo, era por temor. Yo quería hacer todo lo que estaba en mis manos para preparar a mi hijo cuando llegara el tiempo que él por su propia voluntad se entregara a Cristo.
Un día recuerdo que yo estaba orando y Dios me mostró que yo tenía temor. El Señor entonces me dijo, “Yo soy su Salvador no tú. Yo soy el que lo voy a salvar, no tú.” ¡Wow! El Señor me habló y me redarguyó. Lo que estaba haciendo era algo bueno y lo hacía por amor a mi hijo y por el gran deseo que tenía que mi hijo lo conociera y le sirviera; sin embargo, había dejado que el temor entrara en mi corazón y había perdido la perspectiva que Jesucristo es el único Salvador. Yo sólo podía hacer mi mejor esfuerzo como madre con mi ejemplo para que mi hijo viera mi relación con Dios. Y también entendí que mis oraciones a su favor eran importantes. Entendí que ese era para mi un tiempo de sembrar en oración, y que en el tiempo de necesidad yo podría ir al depósito que tenía de oración por él.
Esta verdad es sumamente importante. Como madres y padres tenemos la gran necesidad de hacer depósitos de oración en el cielo por nuestros seres queridos. Eclesiastés 11:1 dice: “Echa tu pan sobre las aguas; por que después de muchos días lo hallaras.”
Para mí esto me habla de echar sobre las aguas de la intercesión palabras de vida para nuestros hijos. Orar por ellos con promesas de la Biblia, hablar palabras de vida sobre ellos y confiar en que Su Palabra no regresara vacía. Esto es ir mas allá de tan sólo decir: “Señor bendice a mis hijos.”
Te comparto un pasaje que uso para orar por ellos con mucha frecuencia:
Lucas 2: 52, “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.”
Este versículo nos habla de Jesús y nos da un ejemplo de cómo fue Él creciendo. Yo lo he aplicado en oración para con mis hijos de la siguiente manera:
• Crecía en sabiduría: Orar a este respecto es pedir que el temor de Dios sea sembrado en sus corazones. Dice la Escritura en Proverbios que el principio de toda sabiduría es el temor de Dios y que con ese temor reverente el hombre es apartado del Seol. Orar pidiendo que el temor de Dios este en sus corazones es una manera de contribuir a su crecimiento en sabiduría.
• Estatura: Esto nos habla de la salud física. Para que puedan seguir creciendo en estatura necesitan estar sanos. Orar por salud sobre sus cuerpos, mentes.
• Gracia delante de Dios: Que el favor y la gracia de Dios estén sobre sus vidas. Que El rostro del Señor este mirando hacia ellos. Que Su gracia los envuelva y disfruten de una relación cercana con Dios.
• Gracia delante de los hombres: Que aparte de sus caminos al impío. Que El Señor los rodee de gente piadosa y temerosa de El, y aparte de sus caminos al impío. Como dice el Salmo 1, que nunca anden en camino de pecadores y que no se sienten en silla de escarnecedores.
Esto para mi es orar mas allá de un simple, “Señor bendice a mis hijos.” Es pedirle al Señor que te de la fe y el denuedo par hablar palabras de bendición sobre tus hijos. Esto consiste en llenar tu copa con el incienso de la oración, y en el tiempo de necesidad tendremos un depósito del cual echar mano.
¡No te canses de orar por tus hijos y de hablar palabras de vida sobre ellos!
CLAUDIA CEDILLO DE TORRE