Hace quince años, estando recién casado y teniendo unos meses de haber tomado la responsabilidad de dirigir al grupo de jóvenes de la congregación Creación y Vida, en San Martín Texmelucan, me puse a escuchar una cinta de Fernando Sosa dirigida a lideres de jóvenes; él inició preguntando: “¿Cuántos de ustedes no se han casado?”. La siguiente frase después de unos segundos fue: “¿Y qué esperan?”.
Después hizo una declaración que me estremeció: “El patrimonio se forja de los veinte a los cuarenta años”. Yo tenía en ese momento treinta y dos años, y pensé: “Sólo me quedaban ocho años y aún no he empezado”.
De inmediato pensé en los catorce años que llevaba trabajando, y cómo por mis manos había pasado mucho dinero (en pesos y en marcos alemanes), autos último modelo, muebles y hasta un terreno; pero de todo ello no tenía nada. Me había casado y estábamos viviendo en un departamento amueblado que rentábamos, pero no teníamos nada: ningún patrimonio. Fue entonces cuando descubrí que el consejo de mi padre de viajar, comer en los mejores restaurantes, hospedarme en los mejores hoteles, tener la mejor ropa y los mejores perfumes había sido una buena opinión, pero no lo más correcto.
Por mucho tiempo Dios estuvo mostrándome cosas alrededor de esta frase, hablándome a través de su Palabra de su voluntad para esa y otras etapas de la vida; consejos de la Palabra de Dios que deseo compartir con usted.
Al ser cuestionado por sus discípulos sobre los tiempos, Jesús les dijo: …No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad (Hechos 1:7).
En esta porción de la Escritura podemos apreciar que Jesús dice que hay tiempos que Dios puso en su sola potestad, que no nos tocan saber; pero implícitamente también deja claro que hay tiempos que sí nos toca saber.
Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley (Deuteronomio 29: 29). Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que Yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón (1 Tesalonicenses 5: 1-4).
De los versículos anteriores deducimos que hay tiempos que Dios nos permite saber y de los cuales debemos estar alertas para que no nos sorprendan. En griego hay dos palabras para lo que nosotros conocemos como tiempo, y son:
1. Cronos. Es el tiempo que registra el cronómetro, el reloj o el calendario.
2. Cairos. Es un espacio en el tiempo, es un momento de oportunidad, es una etapa en la vida, es el tiempo oportuno, el tiempo asignado por Dios para hacer algo; ocasión, etapa, época, temporada, etc. Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz (Eclesiastés 3: 1-8).
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres (Eclesiastés 3: 11, 14).
Mas yo en Ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos (Salmos 31: 14).
En Hechos 1: 7 también podemos observar otra palabra: “sazón”. La Palabra sazón es una palabra muy interesante, porque significa “punto o madurez de las cosas; estado de perfección en su línea; gusto y sabor que se percibe en los manjares; buen gusto, buena manera de cocinar; maduro; que sabe rico, que tiene los condimentos exactos, que se agregaron en el momento correcto, que no le falta nada, que no puede estar mejor; estado conveniente de la tierra para sembrar; tiempo oportuno o coyuntura.
De lo anterior podemos decir que nos toca saber y debemos estar alertas para que no nos sorprendan los tiempos que Dios nos revela. Estos tiempos están sazonados por Dios, quien los establece (temporadas, oportunidades, etapas, épocas) en la vida y los sazona, los cocina, los prepara con buen gusto, los enriquece, les agrega lo exacto para que no les falte nada, para que no pueda estar mejor, los deja en su punto o madurez o estado de perfección con el fin de que sepa rico, para que lo disfrutemos más.
Esto significa que Dios abre etapas en nuestra vida, tiempos de oportunidad que Él sazona con su gracia, con su favor, con su poder, con su misericordia, con su amor, con su presencia, con su guianza, con su sustento, etcétera, de tal manera que no les falta nada.
Cuando estudié todo me era muy fácil; contaba con el sustento de mis padres, su apoyo. Recuerdo que de lo único que me preocupaba era de no reprobar ninguna materia. Hago memoria que al pasar a segundo de primaria algunos de mis compañeros y amigos reprobaron y tuvieron que repetir el año; lo mismo siguió sucediendo cada año. Era muy evidente que a esas personas les iba costando mucho más trabajo continuar.
Algo más que debemos considerar es que así como Dios abre, también cierra los tiempos de oportunidad: Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación (Lucas 19:41-42).
Estoy convencido de que mucha gente no aprovecha bien las etapas de la vida como Dios las ha diseñado, y esto produce, obviamente, que la persona no la viva abundantemente, que viva un sinnúmero de problemas, y lo más grave, provocan que Dios llore.
Esta es la primera parte de dos artículos relacionados con los tiempos y oportunidades que Dios pone en la vida del creyente.
Alejandro del Rey es pastor de grupo de jóvenes adultos en Amistad de Puebla, A. C.
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