La palabra profano tiene varios significados según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Que no es sagrado ni sirve a usos sagrados, sino puramente secular. Que no demuestra el respeto debido a las cosas sagradas. Que carece de conocimientos y autoridad en una materia. Libertino o muy dado a cosas del mundo. Inmodesto, deshonesto en el atavío o compostura”. Algunos sinónimos de la palabra profanar es contaminar, ensuciar.
Leyendo la Palabra de Dios encontré el tema de este artículo: …para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio (Levítico 10: 10 ) y esto me llevó a reflexionar lo siguiente: no solamente el nombre de Dios está siendo profanado en nuestros días como nunca antes, sino también aquellas cosas que Dios ha creado y que han salido de su corazón para bendición de sus hijos. Basta abrir un periódico, ver las noticias y conocer las leyes que se están aprobando en nuestro país. Basta mirar a las familias dentro de las congregaciones cristianas, a los jóvenes, a los matrimonios y tantas cosas que vemos a nuestro alrededor para darnos cuenta de que esto es verdad.
Los hijos se ven como una carga pesada, ya que los matrimonios no quieren tener más que uno, o tal vez ninguno, y se les ignora; sin embargo, para Dios un hijo es sagrado. Hay un menosprecio total por la vida, y se aprueban leyes que promueven la muerte de infantes, y todos los días nos enteramos de muchas muertes y ejecuciones en nuestro país; no obstante, para Dios la vida es sagrada. Se acepta la homosexualidad y el lesbianismo como una opción de identidad sexual; sin embargo, el hombre como creación perfecta de Dios es algo sagrado. ¿Por qué sucede esto? Dios muchas veces le dijo a su pueblo Israel: …porque no saben diferenciar, no tienen conocimiento, no disciernen, no pueden distinguir entre lo inmundo y lo limpio, entre su mano derecha de su mano izquierda, a lo bueno ahora le dicen malo, y a lo bueno malo. No tener el conocimiento, (o sea, la ignorancia), no tener autoridad en una materia (o sea, en su Palabra), ser libertinos o muy dados a las cosas del mundo (o sea, religiosidad, mezclas, Humanismo, falta de convicción), ser deshonestos, irreverentes etcétera, nos impide DISCERNIR ENTRE LO SANTO Y LO PROFANO, y no nos damos cuenta de que todo lo que ha salido del corazón de Dios es sagrado.
Hablemos un poco del matrimonio. Hebreos 13: 4 dice: Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla: …pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. Génesis 2: 24 dice: Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Marcos 10: 9: Por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre. Efesios 5: 33: Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. Malaquías 2: 15: …y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. A este respecto los índices de divorcios son alarmantes: en México, seis de cada diez matrimonios en los primeros ocho años están terminando en divorcio. Los jóvenes no aceptan el matrimonio como una relación de estabilidad y plenitud, no creen en una relación para toda la vida; tampoco se cree ni se acepta en una relación con una sola persona. Ahora, el matrimonio está pasando de moda; los jóvenes no quieren un compromiso para toda la vida. La unión entre hombre y mujer como Dios la creó también está siendo alterada, ya que ahora se pueden unir hombre con hombre y mujer con mujer, ya no en un pacto de matrimonio, como esposos, sino en una “sociedad de convivencia” como parejas del mismo sexo.
Los adulterios son alarmantes, y ya no sólo los hombres, sino también las esposas están cometiéndolos. Esto es sólo un panorama de la condición del matrimonio en nuestros días.
La lealtad, el compromiso, el amor y el respeto, que son los principios que sustentan el matrimonio y le dan seguridad a las familias, y que es lo único que ha hecho que las sociedades hayan permanecido desde siempre, ahora se están desmoronando. El matrimonio está siendo profanado; sin embargo, para Dios es algo sagrado, ya que constituye un destello de la relación entre Cristo y su Iglesia, es un modelo celestial para una relación terrenal.
¿Qué puede caber entre lo santo de Dios y lo profano del mundo? ¿Acaso no sólo el mundo, sino también la Iglesia, nosotros como creyentes, estamos profanando el nombre de Dios? Son reflexiones que vienen a mi mente y lo único que puedo encontrar como respuesta en su Palabra es: …sed santos, porque Yo soy santo (1 Pedro 1: 16). Encuentro que es su invitación y mi decisión a pararme sólo del lado de la santidad de Dios y no profanar, ni su nombre ni todo lo que Él ha pensado para los que confiamos en su promesa. Que el Espíritu Santo avive nuestros corazones y nos ayude a discernir entre LOS SANTO Y LO PROFANO.
Silvia Murillo de Aguilar es directora de Ministerio de Niños en Amistad de Puebla, A. C.
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