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“¿Le boleo sus zapatos, joven?”
         




 
 

Hace algunos días conocí un ministerio de evangelismo compuesto por jóvenes integrantes de un instituto bíblico del estado de Nayarit que vinieron a la ciudad de Puebla a una labor misionera. Me sorprendió mucho la manera en que compartían el mensaje del Evangelio; ellos transmitían las verdades de Dios sirviendo a los demás.
Sé que te estás preguntando: “¿Cómo puedo transmitir las verdades del Reino, sirviendo?”. Déjame contestarte cómo lo hacían. Algunos de ellos tocaban las puertas de las casas para decirle a la gente que eran un grupo de jóvenes que querían servir a la comunidad y ayudarla en sus necesidades de ese día. Cortaban el pasto, barrían la calle, y en algunas ocasiones, si las personas lo permitían, hasta los trastes lavaban y las camas tendían.
Otro grupo de estos mismos jóvenes se concentraban en el Zócalo o en los parques de la ciudad y se acercaban a la gente cargando una cajita de bolero para ofrecer boleadas de zapatos de una manera gratuita. Algunos más se ubicaron en los cruceros de las calles limpiando los parabrisas de los autos, donde a los conductores se les obsequiaba un tratado con el plan de salvación, sin pedir dinero ni nada por el estilo.
Lo interesante de esto es que este grupo de jovencitos iban bien presentables; es decir, peinados, bañados e identificados con una playera que decía: “Estoy para servirte”.
En mis años de servicio en el ministerio y en la obra de Dios nunca había visto tanta respuesta de las personas al Evangelio en las calles como lo vi con este grupo. Al ser servida la gente se asombraba y preguntaba a los jóvenes por qué lo hacían. La respuesta de estos servidores era hablar acerca de la gran oportunidad de poder compartir el Evangelio de salvación. La gente respondía con gran interés y necesidad de escuchar más de Dios.
Actualmente se vive en una sociedad en la que pareciera ser que los pronombres personales que aprendimos en la primaria han cambiado totalmente por el “Yo”, “Mío”, “Mi mismo” y “Mí”.
Una cultura de narcisismo ha venido a apoderarse de la sociedad, donde todo gira alrededor de lo que se quiere, lo que se piensa y lo que se es; en pocas palabras, todo gira alrededor de uno mismo. Cada persona está construyendo su propio monumento al ego, en donde ella misma es el héroe de su propia historia. Es por ello que el servicio rompe con estructuras, esquemas, barreras y ataduras que se forman alrededor estorbando en el conocimiento y desarrollo de las verdades del Reino.
Esta manera de evangelismo me puso a meditar. ¿Qué fue lo que Jesús hizo acá en la Tierra que logró efecto en miles de hombres y mujeres que le siguieron? Lo que Jesús hizo fue “traer el Cielo a la Tierra” (es decir, el Reino de los Cielos del cual tanto se había anunciado y predicado por los profetas) para enseñarnos el camino a la vida eterna.
Te recuerdo que Jesús no vino al mundo para sacarnos de aquí, sino para establecer los principios del Reino en la Tierra. Dios no mandó un embajador, representante, ángel o achichincle; sino que Él mismo se hizo carne y cohabitó entre los hombres para hacerse el ejemplo perfecto que los hombres tenían que seguir.
En Filipenses 2: 5-8 dice: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. De este pasaje podemos aprender algunos principios básicos para establecer el Reino de Dios en la Tierra:
1. Jesús es el ejemplo perfecto por seguir. ¿A qué vino Jesús a la Tierra? La respuesta la tenemos en Mateo 20: 28: …como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Jesús vino a servir. Es interesante. ¡Jesús vino a servirte!
Desde muy pequeño aprendí de mi madre que una gente acomedida donde quiera cabe, es decir, el servicio te abre o te cierra las puertas en la vida. Un siervo es aquel que sirve a Dios a través de los demás; en pocas palabras, el que no sirve, no sirve en el Reino. Por eso, Pablo nos dice que ese mismo sentimiento que tuvo Jesús al darse a los demás sea el mismo en nosotros.
2. Sal de donde estás. Jesús se despojó a sí mismo; salió de donde estaba; abandonó su condición de Dios, de Rey de soberano, de majestad y dejó su trono para venir a la Tierra y entregarse a los demás.
Hoy en día, a muchos les cuesta trabajo dejar la comodidad, la familia y el estatus social para servir y darse a los demás. El diccionario de la Real Academia Española define a la palabra despojar como “privar a alguien de lo que goza y tiene”.
En el griego, despojar significa “vacío total”. Así es que, despojar significa “dejar y vaciarse de todo aquello que es de uno, para uno, y que estorba para ser un siervo en el Reino de Dios”.
3. Ve la necesidad en la gente. Jesús se hizo semejante a los hombres para poder vivir, sentir y padecer la necesidad de la gente. Él mismo fue tentado, despreciado, desechado, criticado, maldecido y también amado como un hombre normal. Para poder conocer la necesidad de la gente Jesús se trasladó al mismo lugar de la necesidad; no lo hizo desde su trono, aunque bien lo pudo haber hecho. Estuvo en el mismo momento y lugar de la necesidad para tocar, escuchar, sanar y liberar con su toque personal a los oprimidos.
4. Obediencia. Jesús mismo se hizo obediente hasta la muerte (y muerte de cruz). Hizo la voluntad del Padre. La obediencia te lleva a que los planes y propósitos de Dios sean cumplidos en tu vida. Es la obediencia total la que te lleva a ver la necesidad de los demás y poder servirles.
Hoy sólo te quiero dar este mensaje: “Una actitud de siervo transformará tu vida, familia, ciudad y nación”.
Hasta la próxima.

© 2007. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.