En días pasados llegó a mis manos un escrito de Enrique y Tita Bremer, pastores de la congregación “Vida abundante” de Parral, Chihuahua. Fue escrito el 25 de abril de este año, y en él se refleja el motivo más importante que movió a esta “mujer admirable” y a su esposo, el Hno. Víctor, para entregar sus vidas a esta República Mexicana. Quiero transcribirlo en esta columna, porque es mi deseo que sirva como un homenaje de todos los que conocimos y amamos a Gloria: Ernesto, Ruth y todos los que colaboran en los ministerios de Amistad de Puebla.
La graduación de Gloria
Enrique Bremer
Acabo de regresar de Ciudad Juárez; estuve en la “graduación” de nuestra querida Hna. Gloria Richards. Después de siete años de una batalla contra la leucemia, el viernes 13 de abril Gloria partió a la presencia de su Señor, al cual sirvió por cerca de cincuenta años en las más diversas circunstancias y dejando un extraordinario legado de fe y trabajo. Digo “graduación”, y no fallecimiento, porque para nosotros el vivir es Cristo y la muerte es ganancia.
Llegué a la frontera el sábado a mediodía queriendo ser un apoyo para el Hno. Víctor y su familia. Al hablar con él y con Chris me fueron confirmados de nuevo la inquebrantable fe y amor de esta singular familia (a la cual los mexicanos debemos tanto): la absoluta seguridad de dónde se encuentra ella, el gozo en medio de la pérdida personal, la determinación de proclamar a Cristo en los servicios que se celebraron en su honor (¡el Hno. Víctor hizo no menos de cuatro llamados para salvación y docenas de personas respondieron entregando sus vidas al Señor! Él nos dijo que así lo habría querido Gloria).
Para Tita y para mí la partida de Gloria es un acontecimiento lleno de muchas emociones: Tita vino a Cristo en una reunión de alcance dirigida por el Hno. Víctor. A mí me recibieron como a un hijo una y otra vez desde mis primeros pasos en el ministerio, y por más de dos décadas han sido nuestros pastores. Su influencia en nuestras vidas es, y será siempre, enorme.
Recuerdo, hace como cinco años, que le pregunté a Gloria qué los había impulsado a servir a Dios en la Sierra de Chihuahua en sus primeros años, a tan gran costo personal. No sabían del Espíritu Santo, de lenguas o profecía, de sanidades, de prosperidad, de liberación. Le dije: “Eran pobres, perseguidos, casi no sabían español. ¿Qué los movió a hacer tan grande sacrificio?”. Ella se soltó llorando y me dijo: “¡Queríamos que el nombre de Jesús fuera glorificado!”.
Despierta, Señor, una generación así, que sólo quiera que tu nombre sea glorificado, sin importar el sacrificio personal.
Gracias a todos los que nos acompañaron orando por Gloria durante los meses pasados. Gracias, familia Richards, por recordarnos otra vez que lo eterno y lo invisible es lo único real en esta vida. Gracias Gloria, por tu respuesta sin límites a Jesús, por tu infatigable servicio a favor de los santos, y por amar tanto al Señor y a nosotros los mexicanos.
Te vamos a extrañar.
© 2007. E. E. Y E. V. MÉXICO.