Los jóvenes ya no son los mismos. Los adultos están entendiendo que la juventud de hoy pide respuestas. Como dijo un amigo: “No somos la generación especial, aunque tenemos algo de espacial”.Sin embargo, en esta generación hay hambre y sed de justicia; hambre y sed del Dios vivo. La Iglesia también está cambiando. Los pastores se dan cuenta de que las ovejas son exigentes, demandantes de todo: de tiempo, de atención, de cuidado; y cuando se les da todo esto siguen pidiendo más, para ver hasta dónde llegan los líderes, además de hacerlo para probar el amor de padre de cada dirigente.
¡Sí, hay cambios! El mundo actual también sufre cambios. ¡Plutón ya ni siquiera es considerado como planeta! Hay cambios… claro que los hay.
No obstante, existen cosas básicas que no podemos ni debemos cambiar, mucho menos quitar de nuestra rutina diaria. La oración, la lectura de la Palabra y la adoración son tres de esas “cosas” que deben permanecer en nuestra vida diaria. El ayuno es otra de ellas, quizás no diariamente, pero ¿por qué no una vez al mes, cuando menos?
¿Cómo nos sentimos después de estar un tiempo adorando a Cristo Jesús? ¿No es ésta la experiencia más hermosa que TODO ser humano debería vivir? ¿Cómo nos sentimos después de que descubrimos que somos tan valiosos como “la niña de sus ojos”? ¿Qué sucede cuando descubrimos que el perdón trae paz? ¿No es Jesucristo lo mejor que nos pudo pasar a ti y a mí? ¿Qué decimos del poder que trae el ayuno? Experimentar esto y más viene por la permanencia en guardar y cuidar la lectura, la oración, la adoración y el ayuno.
Por tanto, si nuestra vida contiene estos cuatro aspectos, veremos cambios positivos en nosotros. No dudemos en que si de nuestra vida quitamos alguno de estos cuatro aspectos veremos que los cambios positivos disminuyen. ¡Peor aún si los quitamos todos! Cuando ya no tomemos en cuenta estos aspectos, nuestra vida sin duda SEGUIRÁ CAMBIANDO, pero para nuestra propia perdición.
Demos a Dios lo que es de Dios. Nuestra vida es de Dios y para Él. Nuestro “Yo” es para clavarlo en la cruz; y como consecuencia nuestro futuro será un futuro de vida.
¡Digamos sí al cambio… pero al cambio positivo! ¡Cambia tu vida a través de no cambiar tus tiempos con Dios!
© 2007. ESPANA. MÉXICO.