Durante miles de años los humanos han discutido y se han preguntado si es ilícito interrumpir un embarazo… ¿siempre? ¿a veces? ¿nunca? o ¿cómo decidir?
La gran discusión mundial de este tema se ha centrado, básicamente, en si el feto es un ser humano o a partir de cuándo se le considera un ser vivo. De esto se espera saber si al practicar un aborto se está cometiendo un asesinato.
El debate se ha quedado en tecnicismos, en absurdos razonamientos, en descifrar si es en la semana doce, trece o la que sea, que el feto es ya un ser vivo.
Desde el momento mismo de la concepción empieza el proceso que derivará en un ser humano. Interrumpir este proceso en el momento que sea es terminar, cancelar, apagar, finiquitar, cortar, abandonar, acabar con una vida en proceso.
Aunque algunos digan que este feto al principio es sólo una bola de células, debe hacerse conciencia de que ese montón de células no terminará por convertirse en un tumor, un chichón, una verruga, etcétera, sino que terminará en un ser humano.
En cuanto al aborto y su discusión por siglos, repasemos algo de historia. A partir del Concilio de Vienne (Francia) en 1312, la Iglesia oficial postuló la idea de que el aborto era homicidio sólo después de que el feto estuviese ya “formado”, aproximadamente hacia el final del primer trimestre. Carl Sagan, en su libro Miles de millones, señala que cuando en el Siglo XVII se examinaron los espermatozoides a través de los primeros microscopios, parecían mostrar un ser humano plenamente formado, lo cual resucitó la vieja idea de que el espermatozoide era un minúsculo ser humano. Esther Orozco Orozco, titular del Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal, precisó que fue hasta 1869 cuando el papa Pío IX estipuló que el aborto significa eliminar una vida humana. Antes de esa fecha la religión oficial decía que el feto se convertía en un ser con alma hasta después de cuarenta días de la concepción si era varón y ochenta días si era mujer.
Sin embargo, basados en la definición del diccionario de la Real Academia Española, muchos especialistas se preguntan si la vida humana se adquiere cuando el embrión o feto tienen la capacidad de moverse, quizás al momento en que se desarrolla el sistema nervioso, tal vez al iniciar la función cerebral o cuando comienza a latir el corazón.
Si uno mata deliberadamente a un ser humano se dice que se ha cometido un asesinato; pero si el muerto es un chimpancé entonces no lo es. “Hasta la fecha, el asesinato se aplica sólo al hecho de matar seres humanos. Por eso resulta clave en el debate sobre el aborto la cuestión del momento en que surge la personalidad (o, si se prefiere, el alma). ¿Cuándo se hace humano el feto? ¿Cuándo emergen las cualidades distintivamente humanas?”, comenta en su libro Carl Sagan.
Alonso Fernández Guasti, investigador del Departamento de Fármacobiología del CINVESTAV, señala que en el desarrollo de un humano en el vientre materno se pueden identificar dos momentos importantes: la etapa de embrión (cuando se están desarrollando los diferentes órganos) y la fase de feto, cuando ya se tiene la apariencia humana y sólo se dedica a crecer.
Para la mayoría de los científicos y médicos el embrión se forma desde el momento en que el óvulo fecundado se une al útero y su periodo termina en la semana doce, cuando se han desarrollado la mayoría de los órganos, entre ellos el corazón y sistema nervioso (aunque hay algunos investigadores que ubican el fin de esta fase en la semana ocho, cuando se han formado las extremidades, es decir, piernas y brazos).
Esther Orozco precisa que desde el momento de la fecundación de un óvulo y hasta el día catorce, sólo se registra una multiplicación de células madre pluripotenciales sin diferenciar, cada una de las cuales tienen el potencial de crear un ser humano. Una vez instalado en el útero, este cúmulo de células madre, llamada blastocito, comienza a diferenciarse en tres diferentes capas: endodermo (que da origen a órganos como el tubo digestivo, hígado y vesícula), otras células desarrollan la capa ectodérmica (que da origen al sistema nervioso y piel) y finalmente, una tercera línea celular crea el mesodermo (el cual forma el esqueleto, la musculatura y el aparato cardiovascular).
¿Y Dios qué dice del aborto? Antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te santifiqué, te di por profeta a las naciones (Jeremías 1:5). Dios no analiza desde cuándo el embrión es un ser humano; simplemente lo es y punto. Aunque Él, más que nadie, sabría a partir de cuándo “se le considera un ser vivo”; sin embargo, no lo aclara, porque simple y sencillamente no hay por qué hacerlo.
Pero Tú eres el que me sacó del vientre, el que me hizo estar confiado desde que estaba en el regazo de mi madre. A Ti fui encomendado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, Tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca y no hay quien me ayude (Salmo 22:9-11). No fue encubierto de Ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas. ¡Cuán preciosos, Dios, me son tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! (Salmo 139:15-17). ¿Qué haría cuando Dios se levantara? Y cuando Él me preguntara, ¿qué le respondería? El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a Él? ¿Y no fue uno y el mismo quien nos formó en la matriz? (Job 31:14-15). Así como tú no sabes cuál es el camino del viento ni cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así también ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas (Eclesiastés 11:5).
Para Dios lo que está en el vientre es un ser viviente, por eso se dirige a él como lo que ya es. Sin embargo, haciendo referencia directa a un aborto, Él llama “niños” a eso que la ciencia trata de llamar sólo “un montón de células”: ¿Por qué no fui ocultado como un aborto, como los niños que nunca vieron la luz? (Job 3:16).
En cambio, hay un duro juicio para los que asesinan a estos indefensos seres. Con sus arcos derribarán a los jóvenes; no tendrán compasión del fruto del vientre ni su ojo perdonará a los hijos. Y Babilonia, hermosura de reinos, gloria y orgullo de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios (Isaías 13:18-19).
El hombre debe entender la enorme responsabilidad de la procreación, mientras que la mujer debe estar consciente de que es la vía por la cual un nuevo ser nacerá. Por esa razón, ese bebé es independiente y no parte exclusiva de ella, por lo que, toda decisión en cuanto a algún aborto no debe recaer sobre la madre únicamente, ya que no es una decisión de “su cuerpo” solamente, porque, además, aloja otra vida.
No hay pretexto, circunstancia, manera, forma o razón alguna para determinar quitarle la vida a alguien. Aunque haya sido producto de una violación o de una alguna otra manera, por más injusta o cruel que haya sido la circunstancia, NO se puede disponer de ninguna vida. A esas mujeres que de manera injusta estén embarazadas, yo les diría que, aun en los casos más difíciles, Dios es nuestra ayuda, y si a Él confiamos nuestra vida, transformará las circunstancias más adversas en bendición; pero no decidan acabar con una vida en proceso, porque estarán cometiendo un crimen, y tarde o temprano, tendrán que enfrentar esta circunstancia.
Por otro lado, es triste ver cómo ciertos partidos políticos apoyan el aborto con el único fin de captar adeptos; los mueve sólo el interés y no la necesidad. Este debate político se da a unos días de que se apruebe una nueva ley en el Distrito Federal que despenalizaría el aborto antes de doce semanas, porque se considera que a ese tiempo el bebé sólo es un “manojo de células”. Esta ley está casi aprobada porque el PRD es el partido que impulsa esta iniciativa, y ellos son la gran mayoría de la Cámara de diputados en el D. F. Qué triste.
Dios creó el sexo, y lo hizo para uso exclusivo dentro del sagrado matrimonio, pero el hombre se ha encargado de despedazar este principio y los resultados son contundentes: fornicación, adulterio, prostitución, pornografía, violaciones, crímenes, enfermedades como el SIDA, incestos, zoofilia, familias destruidas, hijos abandonados, violencia familiar, depravación, abortos y muchísimos mas. ¡Hasta cuándo va a entender el hombre que él es el causante de sus propias desgracias! ¡Hasta cuándo va a entender que el sexo desordenado (fuera del matrimonio) acarrea puras desgracias y maldiciones!
Aunque se apruebe o no esta ley, desafortunadamente se seguirá practicando el aborto, la vía más fácil de acabar con el asunto: “lo matamos y ya”.
¿Cómo pueden estas criaturas demostrar que quieren vivir? ¿Alguien atenderá su clamor silencioso? Ellos van al cielo pero ¡Ay de los que concientan y ejecuten su muerte!