Un óvulo fecundado tiene aproximadamente el tamaño de la punta de un alfiler, el cual viaja desde el ovario hasta el útero, multiplicándose y destruyendo a su paso tejido y absorbiendo sangre de los vasos capilares, de la que obtiene oxígeno y nutrientes. Finalmente se fija como una especie de parásito a la pared del útero.
Hacia la tercera semana, el embrión en formación tiene dos milímetros de longitud y desarrolla varias partes del cuerpo, aunque su apariencia es similar a la de un gusano segmentado.
Hacia el final de la cuarta semana ya mide unos cinco milímetros; es reconocible ahora como vertebrado; su corazón en forma de tubo comienza a latir; se advierte algo parecido a los arcos branquiales de un pez o un anfibio, y tiene una cola pronunciada, por lo que su forma es semejante a la de una lagartija acuática o un renacuajo.
En la quinta semana se evidencia lo que más tarde serán los ojos y aparecen unos pequeños brotes que luego se transformarán en brazos y piernas.
Hacia la sexta semana el embrión mide trece milímetros. Los ojos permanecen todavía a los lados de la cabeza, como en la mayor parte de los animales, y la cara reptiliana posee unas hendiduras unidas que más tarde darán lugar a la boca y la nariz.
Al final de la séptima semana la cola casi ha desaparecido y se advierten ya los caracteres sexuales -aunque ambos sexos parecen femeninos-. La cara es la de un mamífero, pero un tanto porcina, según explica el astrónomo Carl Sagan en su texto.
Una semana más tarde, la cara semeja a la de un primate, la mayoría de las partes del cuerpo están formadas. La anatomía del cerebro inferior está bien desarrollada y el feto revela respuestas reflejas a estímulos sutiles.
En la semana diez, la cara tiene un aspecto inconfundiblemente humano. Comienza a ser posible distinguir niños de niñas, aunque las uñas y grandes estructuras óseas no resultan evidentes hasta el tercer mes.
Hacia el cuarto mes se puede diferenciar la cara de un feto de la de otro.
En el quinto mes la madre suele sentir sus movimientos.
Los bronquiolos pulmonares no empiezan a desarrollarse hasta aproximadamente el sexto mes, y los alvéolos aún más tarde.
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