Esta es la triste declaración de un cristiano que arrepentido me decía haber sido engañado, pero que le daba gracias a Dios por no haber permitido que esas personas por las que votó llegaran al poder. Como él mencionó, miles y miles fueron engañados con promesas de prosperidad para el país y para su persona y familia (20% de aumento automático en su salario); con promesas de saneamiento en las finanzas públicas, así como integridad en las instituciones.
En mi opinión personal, creo que muy independientemente de la lucha política entre partidos, de los grandes problemas que aquejan a nuestra nación y que venimos arrastrando por muchos años, de la corrupción imperante, de la violencia y otras cosas más, no podemos anteponer intereses personales o partidistas ni tampoco “negociar” e ir en contra de aquello en lo que hemos creído, en lo que ha transformado nuestras vidas y por lo que se ha pagado un precio tan alto: Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Corintios 4:1-6).
El anuncio del Evangelio del Señor Jesucristo es un anuncio de vida y no de muerte, de orden y no de promiscuidad, de verdad y no de mentira. Todos aquellos que tenemos al Señor Jesús como nuestro Salvador personal y a la Palabra de Dios como la única fuente de verdad para vivir en armonía con Dios y con los demás, debemos rechazar abiertamente las iniciativas de ley para despenalizar el aborto en nuestra nación, así como rechazar tanto la unión legal entre homosexuales y lesbianas, y la adopción de niños por estos mismos.
Este es uno de los pocos casos en que la cristiandad entera, no importando la denominación religiosa, se pone de acuerdo para oponerse unánime y abiertamente a estas iniciativas que a todas luces no sólo atentan en contra de nuestras creencias, sino de la vida en la sociedad.
El pasado 21 de marzo el presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, hizo algunas declaraciones a los medios de comunicación con respecto al aborto. Dijo que él sería respetuoso de las decisiones que tomaran los legisladores a ese respecto. Expresó su deseo para que las acciones que se elijan en el tema del aborto no dividan a la sociedad. Además, agregó: “Tengo una convicción personal. Yo estoy en defensa de la vida; tengo un pleno respeto por la dignidad y la vida humana, y también en este marco creo que la legislación existente, en el caso del Distrito Federal y en otros estados, es en este momento, adecuada”.
También mencionó lo siguiente: “Yo preferiría ver, más bien, acciones en las que todos estemos de acuerdo y no acciones que dividan a la sociedad en términos y en temas muy sensibles. Yo lo que espero es que haya una legislación responsable, que tome en cuenta las distintas posturas de la sociedad y que no haya un avasallamiento sobre todo en un tema tan sensible de parte de quien tenga la mayoría”.
También dijo que este tema se debería tratar con cuidado, pues se implican concepciones profundas de los mexicanos. Consideró que la legislación actual es adecuada, pues ya contempla algunas causas para permitir el aborto como en el caso de violación, por malformaciones genéticas o porque se ponga en riesgo la vida de la madre. Puntualizó: “Hay acciones en las que podríamos estar de acuerdo, como tener mucho más casas y mucho mayores políticas de asistencia a mujeres; podríamos estar mucho más de acuerdo y trabajar más en una educación en valores, en una educación sexual más adecuada, más intensa, más formativa para adolescentes, hombres y mujeres”. Aseguró, además, que podría haber mucho más avance si se contempla una regulación en materia de adopción y en materia de alternativas para educar y criar a los hijos.
Si bien no podemos estar de acuerdo en otras acciones o declaraciones que ha hecho el presidente de la República, creo que en cuanto a su opinión personal al respecto del aborto sí debe tener el apoyo de todos los que como él, estamos a favor de la vida.
Ya no se trata de luchas partidistas, tampoco de si somos de derecha o de izquierda, mucho menos de defender intereses personales Todos somos mexicanos, y si realmente somos cristianos, debemos defender aquello en lo que hemos creído. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10). El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida (Juan 6:63). El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida (1 Juan 5:12). De cierto, de cierto os digo: El que cree en Mí, tiene vida eterna (Juan 6:47). El anuncio de las buenas nuevas de salvación para toda la humanidad es un anuncio de vida. Luchemos y oremos por la vida.
El aborto lleva a más abortos
“Con el aborto, la madre no aprende a amar, sino que mata a su propio hijo para resolver sus problemas. Y, con el aborto, al padre se le está diciendo que no debe asumir ninguna responsabilidad hacia el niño que él ha traído al mundo. El padre probablemente pondrá a otra mujer en el mismo problema. Por ello, el aborto sólo lleva a más abortos. Todo país que acepta el aborto no está enseñando a su gente cómo amar, sino a usar la violencia para conseguir lo que quiere. Esto explica por qué el aborto es el mayor destructor del amor y la paz”
-Madre Teresa de Calcuta-
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