Artículo
 
 
Las instituciones judías y Jesús: El sanhedrín
         
 
 

El término sanhedrín servía para designar el concilio aristocrático de Jerusalén. Derivaba de la palabra griega synedrion, que podríamos traducir por “concilio” o “consejo”.
La primera noticia que tenemos de esta institución, o de otra muy similar, se halla en una carta de Antíoco III (223-187 a. C.) en la que se la denomina guerusía (“senado” o “consejo de ancianos”). La guerusía es mencionada varias veces en los libros de los macabeos, y posiblemente, existió todavía durante los hasmoneos.
Durante el reinado de Herodes, “El grande”, de haber seguido existiendo debió de ser bajo un control férreo del monarca. En el Siglo I d. C., los romanos -siguiendo un sistema con paralelos en otros lugares- se valieron de él para controlar Judea. No es fácil tener una idea exacta de cómo era esta institución. Josefo utiliza el término synedrion para referirse a diversas instituciones, tanto judías, como romanas.
En el Nuevo Testamento, la institución aparece en relación con la condena de Jesús. Marcos 14:53-55 parece referirse a una mayoría de sacerdotes -seguramente ligados a los saduceos- controlada en la práctica por figuras como Caifás. Juan 11:45-53 señala asimismo la presencia de fariseos en su seno. Ambos datos parecen confirmados por Hechos 4:5-6 y 23 (donde entre sus miembros está Gamaliel). Sus competencias parecen haber sido civiles y religiosas. Esta circunstancia ha llevado a algunos autores a postular la existencia de dos sanhedrines: uno político y otro religioso; pero tal tesis resulta cuando menos dudosa -aunque en una sociedad como la judía de aquella época es difícil ver la diferencia entre unas y otras en muchos casos. Carecían, además, de competencia para condenar a muerte.
En la literatura rabínica, se denomina al sanhedrín como bet din (“casa del juicio”). De acuerdo a estas fuentes, existió un Gran Sanhedrín con setenta y un miembros que se reunía en el templo, tres tribunales con veintitrés miembros y otros tribunales formados por tres. Su composición tendía a primar la erudición.
Los evangelios señalan que Jesús fue juzgado y condenado por el sanhedrín, pero no es fácil saber exactamente a cuál se refiere. Por otra parte, el procedimiento no deja de ser muy irregular (por la noche, con interrogatorio directo del acusado para buscar su autoinculpación, etcétera). Pese a todo, pensamos que la noticia es histórica, pero debe ser situada en su contexto correcto. Jesús no experimentó un proceso regular ante el Gran Sanhedrín -donde, muy posiblemente, su condena no hubiera sido tan fácil- sino una vista preliminar o instrucción ante uno de los sanhedrines menores de veintitrés miembros.
Que el procedimiento no fue conforme a derecho es evidente, pero no puede negarse que había personajes de peso bastante interesados -como ya vimos en una serie de artículos anteriores- en la desaparición de Jesús. Cuando se obtuvo lo que aparentaba ser una acusación sólida, los miembros, o una representación de los mismos, se desplazaron hasta la residencia de Pilato para pedirle que ordenara la ejecución de Jesús, algo que ellos no podían, legalmente, hacer.
El romano comprendió que aquella era una acusación fundamentalmente religiosa, y siguiendo una práctica habitual de Roma, declinó inmiscuirse en el asunto. Sin embargo, los miembros de aquel sanhedrín no estaban dispuestos a soltar su presa. Entablaron un forcejeo que, finalmente, concluyó con la ejecución de Jesús. Les guiaba, ni más ni menos, la creencia en una “doctrina de la seguridad nacional”.