Artículo
 
 
Acerca de la verdad
         
 
 

En la actualidad enfrentamos gran confusión acerca de la verdad, ya que existen varias definiciones o ideas, según la cultura, nacionalidad o trasfondo de cada persona. Lo que para algunas personas puede ser verdad, para otras no lo es.
El concepto de lo que es la verdad puede ir desde no decir mentiras, expresar lo que realmente pensamos, autenticidad, certeza, etcétera, hasta los conceptos que manejan las corrientes filosóficas como la llamada Nueva Tolerancia, la cual afirma que la verdad es algo subjetivo, pues cada individuo puede tener la suya propia.
Esta corriente, además, establece que, ya que la verdad sólo es subjetiva, no existe una jerarquía de la misma; es decir, que ninguna verdad es más valiosa, importante o relevante que otra, sino que todas valen lo mismo. La Nueva Tolerancia insta a la humanidad a vivir en armonía, promoviendo la aceptación de todas las “verdades”, valorándolas tanto como se valoran las propias y censurando cualquier desacuerdo entre dos o más personas que posean “verdades” diferentes.
La Biblia nos enseña un caso muy peculiar, en el que un hombre se encontró frente a la verdad, y paradójicamente le preguntó: “¿Qué es la verdad?”. Ese hombre fue Pilato, quien tuvo un intercambio de palabras con Jesucristo, quien en una ocasión había dicho: Yo soy el camino, LA VERDAD y la vida… (Juan 14:6), y que momentos antes había expresado ante el mismo Pilato: Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz (Juan 18:37).
Estas dos declaraciones nos dan la gran respuesta: la verdad no es un concepto ni una filosofía, mucho menos una preferencia personal. LA VERDAD NO ES ALGO, SINO ALGUIEN: JESUCRISTO MISMO.
La verdad es todo lo que Jesucristo es, lo que hizo, lo que enseña, lo que hace y lo que quiere de nosotros y para nosotros; de ahí que la verdad no puede ser subjetiva, amoldable o preferente, sino que, por el contrario, es el fundamento en el cual debemos basar no solamente nuestra manera de ser o pensar, sino nuestra vida misma.
Ahora bien, resulta difícil cambiar la mentalidad acerca de la verdad, sobre todo si por mucho tiempo la hemos considerado como “algo” por hacer o practicar. Si bien es cierto que la verdad como acción puede definirse en conceptos como veracidad, autenticidad, y demás, es necesario elevar nuestro pensamiento a otro nivel y buscar el conocimiento profundo de esa VERDAD que puede hacernos libres.
Necesitamos, primeramente, creer que la verdad no es algo que cada quien piense o escoja, sino alguien que ya nos marcó la manera de vivir plenamente.
La verdad habita en nosotros por medio del Espíritu Santo (Juan 14:17), y es ella la que nos muestra quiénes somos en Él; es esa eterna verdad la que nos manifiesta que tenemos grandes promesas para alcanzar y un destino diseñado en forma individual desde antes de la fundación del mundo para disfrutarlo y vivirlo. Ella nos dice que hemos sido aceptos en el Amado y adoptados como hijos de Dios, coherederos con Cristo y sellados con las arras del Espíritu para el día de la redención.
Sin embargo, muchas veces nos sucede lo mismo que a Pilato, pues teniendo la verdad insertada en nuestro ser, no podemos verla, porque nuestros ojos son llevados por circunstancias confusas que se nos presentan a diario; cosas a las que estamos tan habituados que muchas veces consideramos como única verdad (por ejemplo una enfermedad, una crisis económica, la pérdida de seres queridos o situaciones que nuestra mente registra como cosas irremediables). Ciertamente, las circunstancias que vivimos son reales, pero NO verdaderas, pues en Jesús todas las circunstancias toman un sentido muy distinto al que normalmente le damos, y ante una crisis económica real, la verdad dice: No te afanes… pues vales más que los pajarillos (Mateo 6:25-26). Ante una enfermedad real, la verdad dice: Por mis llagas fuiste sanado (Isaías 53:4-5). Ante una tragedia personal real, la verdad dice: Si algo pides en mi nombre, Yo lo haré (Juan 14:14).
Si adoptamos el concepto correcto de quién es la verdad, y sustituimos la realidad por la verdad, podremos darnos cuenta cuánto sentido tienen las palabras expresadas por Jesús cuando dijo que el conocimiento de la verdad nos haría libres (Juan 8:32).
El conocimiento de la verdad nos da la total libertad, independientemente de la circunstancia que podamos estar viviendo, y para llegar a este conocimiento, lo único que necesitamos es:
1. Creer que la verdad es Jesús y que por su Espíritu esa verdad habita en nosotros.
2. Adoptar como estilo de vida la libertad que nos da la verdad, confiando que cualquiera que sea la circunstancia que podamos vivir, siempre habrá una respuesta en Él.
3. No confundirnos entre la realidad y la verdad; son dos cosas totalmente diferentes. Si aprendemos a separarlas en momentos difíciles, podremos experimentar un profundo conocimiento de la verdad.
Jesús dijo a Pilato que había venido al mundo para dar testimonio de la verdad; es decir, para mostrarnos al original de toda la creación, a Dios mismo. También dijo que todo aquel que es de la verdad, oye su voz. Si nos adentramos en conocer profundamente a la verdad (Jesús) no solamente tendremos libertad, sino que conoceremos de manera muy especial al Padre, y por otro lado podremos escuchar su voz claramente para que nos dé dirección en cada circunstancia que debamos enfrentar.
Si el Hijo nos libertare, seremos verdaderamente libres (Juan 8:36).