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El verdadero amor
         

 
 

¡Qué tal mis campeones! Espero que estén súper bien. Sé que el tema que hoy quiero abordar ya pasó de moda y que era para el mes de febrero; nada que ver con marzo. Sin embargo, precisamente es ahora, después del bombardeo comercial y explosivo del tan esperado “mes del amor y de la amistad”, que quiero abordar este tema.
En el mes de febrero fui invitado a dar conferencias con respecto al tema del amor en todos lados: en grupos de jóvenes, universidades, radio, televisión… Así que, he estado súper conectado con el tema. Por otro lado, en la calle, en los aparadores de los comercios, los anuncios y en las conversaciones de la gente en los cafés y restaurantes, todo giraba en torno al tema de moda del mes: “amor y amistad”.
Con tristeza me di cuenta de lo equivocados que están los conceptos de amor y de amistad en la mayoría de la gente; los adultos, los jóvenes, e incluso los niños, tienen un concepto de amor erróneo. Asocian el amor y la amistad con sus emociones, gustos, sentimientos, recuerdos, amarguras; y lo que es más, con una serie de cosas y pensamientos que nada tienen que ver con el verdadero amor ni con ningún tipo de amistad. Por ejemplo, ¿pueden decirme que relación existe entre ver elefantes rosas o sentir mariposas en el estómago cuando se ve al ser amado, y estar verdaderamente enamorados? Sé que mucho de esto es romanticismo, y no digo que esté mal ni que sea un asunto de cursilería. Es bueno cuando se trata de vestir un momento romántico o de amistad; pero no es nada bueno cuando se trata de identificar la realidad de los sentimientos.
Se piensa que el amor es un sublime sentimiento, que es un tesoro que está tan escondido que pocos lo pueden encontrar. Para otros es un cúmulo de sentimientos encontrados que nos llevan a estar confundidos; que es una alteración de sentidos humanos que no nos permite controlarnos; que es un estado de ánimo que nos hace ser personas totalmente diferentes a lo que comúnmente somos (es decir, demasiado contentos, alterados, distraídos, melancólicos, enojados; en fin, un descontrol total de las emociones). Para algunos el “amor” es ver elefantes rosas en el aire, sentir mariposas en el estómago, escuchar campanitas constantemente o sentir que el corazón late demasiado fuerte.
En fin, se dice, se habla, se le hacen poemas, y es más, hasta se le canta al amor. Sin embargo, desgraciadamente, todos estos conceptos no concuerdan con lo que verdaderamente es el amor y el amar en la realidad y cotidianidad de la vida. Por ello hoy quiero hablarte del amor; sí, del verdadero. Existen dos grandes clasificaciones: amor humano y amor divino.
• Amor humano. Existen tres tipos de amores que están basados en la experiencia humana: storge, eros y philos, ahora quiero que me acompañes a analizar cada uno de estos tres.
Storge. Es la palabra griega utilizada para definir al amor que implica un afecto natural. Es un afecto tierno, de amistad; podemos decir que este es un amor casi universal que todos los seres humanos podemos sentir y ejercer. Simplemente tiene que ver con querer por querer, ayudar sin esperar y proteger a los demás. Este tipo de amor está muy enfocado al altruismo, a la solidaridad y al compromiso que se siente por buscar el bien de otra persona; pero a corto plazo espera una retribución de amor o reconocimiento. Se enfoca directamente a suplir la necesidad de los demás; su objetivo es provocar bienestar en la persona que se ama. Es un amor que da y que espera recibir una parte en devolución. Se puede expresar como un sentido de preservación mutua más que de moralidad. Un ejemplo claro de este amor es cuando alguien tiene el deseo de ayudar a personas que tal vez no conozca, que están en situaciones de riesgo o son vulnerables, y que hacer esto le provoca sensación de bienestar. Este amor también es el que los padres otorgan a los hijos simplemente por el hecho de serlo, a quienes les dan, les brindan y crían, pero que a la larga espera una retribución de amor.
Eros. Es la palabra griega que define al amor sexual o erótico. Este tipo de amor está basado, principalmente, en el contacto físico, creado por emociones que nacen en lo más profundo del cuerpo humano y que pueden ser excelentemente buenas en una relación comprometida y de respeto, o excelentemente malas en una relación de poder y dominio. Este tipo de amor tiende a buscar la satisfacción sexual de la persona; sólo ama, desea eróticamente y busca su propia satisfacción sexual. El amor eros, en sí mismo, no es malo, sino parte de la naturaleza de los seres humanos. Es malo cuando va solo, cuando no se acompaña del amor storge o del philos, porque deja de ser amor y se convierte sólo en pasión.
• Philos. Es la palabra griega que define al amor basado en la amistad y la fraternidad. Es el amor que se da entre padres e hijos, entre familiares o amigos realmente cercanos. Está basado en la comunicación entre las personas que se profesan este tipo de amor.
Estos tres tipos de “amor” se presentan de manera natural en los seres humanos. En esencia, esto significa que las personas están diseñadas para ejercer estos tres tipos de amor; sin embargo, cualquiera de estos tres para crecer y no dejar de ser, necesitan de mantenimiento. No obstante, en la actualidad, la realidad de amar se ha desvirtuado tanto que pareciera que amar es incorrecto, porque encontramos personas que de tanto “amar” sufren toda la vida. Encontramos parejas que sólo viven en el eros y no buscan nunca el bien de la otra persona. Hay grupos de personas en los que se puede volver nocivo, para ellos mismos y sus personas más allegadas, el mucho servir y dar, y terminan entregándolo todo y no guardando ni esperando nada para sí mismos; esto los desgasta, terminando, incluso, secos.
No obstante, cuando estas expresiones de amor están sometidas a la voluntad y al balance de Dios, son lo mejor que puede existir para cualquier persona, aunque no dejan de ser sólo expresiones humanas del amor y la mejor manera en que un ser humano puede expresar sus sentimientos.
• Amor divino.
Ágape. Es la palabra griega que define al amor absoluto y que sólo proviene de Dios. Podríamos pensar que tan poderoso y eterno es Dios que la manera en que Él ama es indefinible, inalcanzable, pero no es así. El amor más manifiesto es el de Dios. La grandeza de este amor es que no espera nada para empezar a amar y tiene la posibilidad de ser eternamente. Este es el amor que llevó a Jesús a la cruz del Calvario; este el amor que movió a Jesús a dar su vida para que cada uno se acercara a Dios; este es el amor que motivó a Dios a enviar a su Hijo para darnos vida; este es el amor que se describe en Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna, y en 1 de Corintios 13, cuando dice que el amor ÁGAPE es sufrido, benigno, no es envidioso, no es jactancioso, no se envanece, no busca los suyo, no hace nada indebido, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad, lo soporta todo, lo cree todo, espera todo, y por sobre todo, no se debilita; simplemente es eterno.
Quiero cerrar este artículo con una anécdota. Un hombre tenía un billete de cien dólares, e iba caminando feliz por la calle. De pronto, resbaló, y el billete salió de su bolsa. El aire lo arrastró, y aunque el hombre lo perseguía, el billete calló en un charco de lodo; el papel moneda se ensució todo. En ese momento, al charco llegó un grupo de perros, que entre que bebían agua, también hacían allí sus necesidades. Sin embargo, el hombre se acercó con cuidado para rescatar su billete. En eso pasó un automóvil sobre el charco y terminó de enterrar el billete en el lodo. Aún así, el hombre seguía esperando la oportunidad de sacarlo de allí. Por fin, logró sacar su billete sucio y maloliente; pero no lo desechó, porque a pesar de la situación, ese papel seguía valiendo cien dólares.
Así es el amor ágape: incondicional; sin importar qué tan sucia, enlodada, polvosa o maloliente esté una persona, para Dios siempre tendrá un gran valor… tanto que Jesús murió por ella en una cruz.