Mucho se ha hablado por los últimos años acerca de la condición de nuestro país en cuanto a los pobres. Se han manejado cifras de todo tipo, y la realidad es que ya no sabemos con certeza cuántos pobres existen en el país. De la misma manera se manejan conceptos varios acerca del tema como: gente de clase media baja (saliendo de la pobreza), gente pobre (que sólo tienen los satisfactores elementales para vivir), gente en pobreza extrema (que no cuentan con todos los satisfactores elementales para vivir) y otros. También los porcentajes de las mismas clasificaciones son variados. Van desde el 20% de gente en pobreza extrema en el país, hasta el 50% de pobres en general. De una o de otra forma, las cifras son arrolladoras: Veinte millones de mexicanos en pobreza extrema, treinta millones más son pobres. Esto son muchos mexicanos. Cincuenta millones rebasan en mucho la cantidad total de habitantes de muchos países; y aquí son pobres. En el libro de proverbios encontramos muchas referencias al respecto de los pobres. La mayoría de ellas mencionan que la pobreza va ligada con la pereza, la flojera, la ociosidad, la falta de entendimiento. Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado. (Proverbios 6:6-11). La pregunta que debemos hacernos es ¿cuándo te levantarás de tu sueño? Mucha gente en nuestra nación y debido a la forma de vida a la que han estado acostumbrados, no pueden despertarse del sueño de la pobreza. Existen muchas cosas que les atan y que no les permiten salir de ese letargo. Quieren mejorar su situación económica, pero no quieren pagar el precio que eso conlleva. Para salir del sueño de la pobreza hay que despertar a la realidad en que se está viviendo; pero mucha gente no quiere dejar a un lado sus malos hábitos y costumbres. Se resisten a aprender un nuevo oficio, buscan los trabajos que sean fáciles y los que impliquen el menor esfuerzo posible. Aprovechan todo tipo de beneficios que el trabajo en donde se desenvuelven les ofrece pero no aportan nada para seguirlo conservando. Hay un dicho mexicano que escuchamos todavía y que se refiere a personas flojas, desobligadas y desinteresadas que dice: “Que te mantenga el gobierno”. Con esto daban a entender que en ningún otro lado podrían aguantar la forma de trabajar que tienen. Queremos salir de la pobreza, pero no queremos cambiar. Se puede entender que todo esto tiene que ver con la cultura en que vivimos y que hemos venido arrastrando por muchos años. Es una forma de vida que hay que cambiar y todo cambio requiere esfuerzo, determinación, dedicación, diligencia. Necesitamos un cambio de cultura, un cambio de mente, que traiga como resultado mejores condiciones de vida. Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Efesios 4:18-24). La cultura del reino de Dios nos introduce en una nueva forma de vida que renueva nuestra mente, que nos aleja de una vana manera de vivir, nos aleja del viejo hombre viciado y nos lleva directamente a la justicia y santidad de la verdad. Cuando la cultura del reino de Dios se establece en nuestras vidas, entonces podemos despertarnos del sueño y emprender con toda prontitud los principios que cambian la vida.
Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida (Proverbios 24:10). ¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición (Proverbios 22:29). El que labra su tierra se saciará de pan; mas el que sigue a los ociosos se llenará de pobreza (Proverbios 28:19). El indolente ni aun asará lo que ha cazado; pero haber precioso del hombre es la diligencia (Proverbios 12:27). El único que puede producir ese cambio en nosotros es el Señor Jesús. Cuando depositamos nuestra vida en Él, entonces comprendemos lo que es ser nuevos hombres creados según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Podemos despertar y salir del sueño de la pobreza.