“El lugar debajo de la higuera” es el nombre que hemos puesto al proyecto que nació a principios del mes de julio del año pasado. Nuestro objetivo es crear un centro mesiánico en un pueblo que, hasta el día de hoy, niega a Jesús como su Salvador. Nuestra idea se basó en la necesidad que tiene el pueblo mesiánico de no tener un lugar en común donde encontrarse y pasar un tiempo relajado. De ahí nació este makom (lugar) que se encuentra en el centro de la ciudad de Berseba”, según nos comenta Eduardo Silveira, administrador del lugar.
Hemos encontrado que ha-makom (el lugar) es un sitio muy especial en Berseba, ya que con esta nueva fachada de tienda de regalos típicos y cafetería, el sitio no sólo da la bienvenida al turismo en general que visita el sur de Israel, sino que también da la oportunidad para que se den encuentros especiales entre personas de distintas creencias o filosofías, abriendo así las oportunidades evangelísticas a los creyentes para compartir de su fe.
Un caso claro de esto es Jasaán, quien entró al lugar una tarde sólo para solicitar el servicio sanitario, pero al percibir una atmósfera especial, se sentó relajadamente sobre uno de los sillones, al lado del piano. Entonces dijo en voz alta un comentario a otro individuo que se encontraba en otra silla, el cual se acercó a darle una respuesta: “A mi sí me parece interesante esta vida”, dijo Antonio, y preguntó ahora él: “¿Por qué no te parece a ti así?”. Fue cuando Jasaán replicó: “Tengo problemas con mi esposa y mis hijos. Yo soy muy próspero; pero esto es lo único que les interesa a ellos”, y sacó un fajo de billetes de la bolsa de su camisa.
En este tenor continuó la conversación por algunos minutos, lo que causó que Eduardo, el administrador, apareciera. Él es un judío, inmigrante nuevo, procedente de Argentina, quien, además de administrar el sitio, estudia la carrera de Administración de Empresas y ya domina el idioma hebreo.
Mientras éste se acercaba, Jasaán continuaba diciendo: “No se por qué les estoy platicando de mi vida, si sólo entré por la necesidad de utilizar los sanitarios. Sin embargo, me siento bien en este makom y de hablar con ustedes”.
Eduardo y Antonio pudieron ver al final de media hora de buena charla que las oraciones de ambos, y la de varios mesiánicos más, se cristalizaban en Jasaán cuando este aceptaba que se orara por él y que se le condujera a reconocer a Yeshúa como su Salvador personal.
Hasta el día de hoy que escribimos, no hemos vuelto a saber algo de Jasaán, quien vive en un poblado a quince minutos al norte de Berseba y en donde viven solamente árabes israelíes. No obstante, no se han esfumado las oraciones a favor de esa semilla bien plantada ni tampoco la confianza de que aparecerá en cualquier momento con su esposa e hijos, como lo dijo mientras de despedía de nuestros hermanos.
También nosotros nos despedimos por ahora, pero seguiremos platicándoles de más de estas pequeñas historias que se dan “al estar sentados en ese makom, debajo de la higuera”. Shalom.