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Celebrando Navidad en Belén
         
 
 

En Israel no se celebra la Navidad, pero en la ciudad de Belén sí, por razones obvias: es el pueblo que vio nacer al Mesías.
Este año decidí ir con unos amigos para celebrar el 24 de Diciembre allá, en Belén, y la experiencia que tuve fue muy interesante.
Se rumoraba que los árabes musulmanes no darían mucha libertad a los cristianos para celebrar la Navidad, a diferencia de los años anteriores, porque recientemente se había decretado a la Autonomía Palestina como una entidad islámica.
Según lo planeado, ese domingo 24 por la noche fui con mis amigos a la plaza que está frente al templo de la Natividad, en Belén. Estaba todo adornado conforme a la costumbre de la época. Ahí estaba una gran plataforma donde se llevarían a cabo las diferentes presentaciones navideñas. El coro del único instituto bíblico de Belén participaría en las celebraciones, pero para sorpresa de propios y extranjeros, esta participación fue cancelada de último momento, causando desaliento en los jóvenes cristianos.
Aquel lugar estaba lleno de hombres, en su mayoría musulmanes cuyas mujeres estaban en casa, como es su costumbre. Había muy pocos turistas, entre los cuales destacaban españoles. Los primeros participantes tomaron su lugar en la plataforma para comenzar con la celebración de la Navidad. Era un grupo de mujeres españolas con un eslogan que decía: “Mujeres por la paz en Palestina”. Comenzaron con música instrumental muy linda y continuaron cantando y recitando poemas; luego dieron unas palabras dedicadas a Palestina, al dolor que padecen y a su aflicción por causa del muro de seguridad que Israel ha levantado. Toda la presentación fue en castellano. Estas mujeres procuraban estimular la esperanza de libertad con sus palabras, las cuales eran: “¡Mujer palestina, eres un ejemplo a las mujeres en el mundo!”, “¡Estamos contigo!”, “Te podrán rodear con muros, pero tu sueño de libertad no morirá”, etc.
Luego cantaron también una canción dedicada a Sara, la cual decía: “Quiero volver a verte sonreír”, y me preguntaba si se referían a la bíblica Sara; pero no, porque unos chicos del lugar nos explicaron a mis amigos y a mí que se referían a una niña a quien el ejército israelí había matado (según las palabras de ellos).
Luego notamos que había gente repartiendo propaganda que hablaba de un pueblo palestino que había quedado encerrado entre muros y que había sido limitado en su libertad para reunirse con la otra parte de su familia (la cual quedó en el lado israelí por haber cruzado el muro en medio de algún barrio de Belén).
Fue entonces que nos dimos cuenta de que aquella celebración navideña había sido secuestrada y convertida en un movimiento político. Sorpresivamente vimos que eran los representantes españoles quienes iban a la vanguardia de la manifestación. Era como estar dentro de algo que comenzaba a efervescer; como si alimentaran un fuego de dolor o estuvieran poniendo el dedo sobre la llaga.
En ese momento decidimos regresar y cruzamos la frontera. Estábamos, por fin, una vez más en Jerusalén. No puedo dejar de lado comentar que nos sentimos completamente tranquilos y seguros, aunque muchos pensamientos me cruzaron por la mente, pues tengo amigos, tanto palestinos, como israelíes. Es difícil pensar en estas realidades cuando el alma de uno está sensibilizada por una cercanía. El corazón tiende a hundirse y a desfallecer. Son momentos en los que necesitas claridad para tus pensamientos y levantar la esperanza de Cristo
Por un lado, me impresiona la realidad de un muro que termina separando familias, pero por otro, no me cabe la menor duda de que este muro ha dado resultados para los ciudadanos israelíes, pues los actos terroristas han disminuido en gran cantidad.
Hubo meses en que los atentados terroristas ocurrían cada semana en Jerusalén, y es sabido que por cada uno de ellos, al mismo tiempo, el ejército israelí abatía un promedio de siete intentos más en otras diferentes ciudades del país.
Así como Sara, la pequeña niña árabe que perdió la vida por causa de guerras y políticas, hay también muchos otros niños palestinos e israelíes que la han perdido por causa de estos pleitos humanos.
¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? (Santiago 4:1).
No cabe duda que son los líderes políticos los que mueven a los pueblos y los manejan conforme a su conveniencia. Es triste ver pueblos completos sufrir por causa de ello, aunque también es triste ver a otros pueblos, como el español, alimentando el odio e inconformidad del pueblo palestino, en lugar de pararse en medio para traer consuelo y ánimo, no sólo a uno de ellos, sino a ambos pueblos, pues los dos sufren por igual.
Yo, mientras, digo: “Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo, su Hijo”, quien ha traído salvación a todos los pueblos. ¡Oremos por la paz de estos dos pueblos!