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Tres actitudes claves
         

 
 

Nos encontramos en un momento muy crucial para México y para la Iglesia. Ante las elecciones tan reñidas y controversiales enfrentamos un desafío muy importante. Es sumamente crítico que la Iglesia tome la actitud bíblica y correcta ante nuestros nuevos gobernantes comenzando con el nuevo presidente.
La Biblia es clara en este punto. Pedro y Pablo sufrieron terrible trato por las autoridades del Imperio Romano en aquellos días; ambos fueron eventualmente ejecutados por ellas. A pesar de esto, escuchemos las instrucciones que nos dejaron:
Por causa del Señor, someteos a toda institución humana, ya sea el rey, como a superior, ya a los gobernantes, como por Él enviados (1 Pedro 2:13-14).
Dios nos llama a someternos a nuestros gobernantes, comenzando con el presidente, ante elecciones donde, a causa de múltiples candidatos, el voto fue tan reñido que puede causar que muchos no acepten la autoridad del ganador, Felipe Calderón. Aunque esto puede ser difícil para muchos, es entendible en lo natural.
Como creyentes tenemos que ser personas que viven en obediencia a la Palabra de Dios por encima de cualquier postura política. De hecho, nos exhorta a tratar al nuevo presidente como enviado de Dios.
En el mismo capítulo 2 de 1 de Pedro en el versículo 17, leemos: Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.
Después de hacer la declaración general de honrar a todos, la Palabra nos marca tres actitudes clave relacionadas entre sí.
Amar a los hermanos. La tensión actual puede llevar a discordias entre hermanos en la fe que difieren en su opinión política. No podemos permitir que el enemigo utilice esto para dividirnos. Somos hermanos porque tenemos un mismo Padre. Esto debe estar muy por encima de cualquier lealtad política. Seamos respetuosos de diferentes puntos de vista ya que lo que nos une es mucho más importante. Además, las cuestiones políticas son pasajeras, mientras que nuestra posición como hijos de Dios es eterna.
Temer a Dios. El temor a Dios, teniendo un respeto profundo y reverente por Él, es esencial para nuestras vidas. Si le tememos, obedeceremos su Palabra incluso cuando no entendamos el porqué de muchas cosas. El temor a Dios nos mantendrá en una actitud de humildad y sumisión. Si le tememos, también obedeceremos la siguiente afirmación del versículo: Honrad al rey. No hay vuelta de hoja. Somos llamados a tener una actitud de respeto hacia nuestro presidente. ¿Podemos expresar opiniones contrarias a nuestros gobernantes? Siempre y cuando se haga de una forma respetuosa, no dejando de honrarlos. Sin embargo, obviamente, honrar no debe incluir insultos, burlas y ataques personales.
Orar por los gobernantes. La Biblia también deja en claro que somos llamados a orar por nuestros gobernantes. Nuestro sentir hacia los partidos, el procedimiento de las elecciones y el presidente mismo tienen que pasar a segundo lugar. Es crítico que la Iglesia responda conforme a los mandatos de Dios bendiciendo y respaldando a nuestro nuevo presidente en este momento crucial.
El apóstol Pablo escribió a la Iglesia en Roma a creyentes que estaban viviendo en el mero centro de la persecución del imperio contra los cristianos. En este contexto encontramos los versículos 1y 2 de Romanos 13: Sométase toda persona a las autoridades superiores: porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.
Obviamente, no queremos acarrear condenación sobre nosotros y la Iglesia en México, pero este pasaje es muy claro, y esto sucederá sin nos oponemos a las autoridades, ya que han sido establecidas por Dios. Esto no quiere decir que Él está de acuerdo con todo lo que hacen las personas que ocupan los puestos de autoridad. De hecho, abundan los casos donde Dios está en total desacuerdo con ellos, y un día tendrán que rendir cuentas ante Él. De todas formas, eso no cambia su llamado a someternos. Él es juez, nosotros no.
Debemos clamar a Dios por los cambios que anhelamos ver. La verdad es que NINGÚN partido político tiene la habilidad de cambiar a nuestra patria, por muy buenos planes que tenga. Pidamos al Único que puede transformar nuestro país, que dirija y cuide a nuestro nuevo presidente, que lo llene con hambre y sed de justicia, con sabiduría de lo alto y que tema a Dios y no a los hombres.